Suiza abrirá sus archivos secretos sobre Joseph Mengele

>>  lunes, 18 de mayo de 2026

Suiza abrirá sus archivos secretos sobre Joseph Mengele, pero ¿cuál es la relación del "Ángel de la muerte nazi" con ese país?

https://www.bbc.com
Imogen Foulkes

El médico nazi de las SS, Josef Mengele, envió a la muerte a unas 400.000 personas,
la mayoría de ellas judías. Getty Images

El Servicio Federal de Inteligencia suizo anunció que finalmente abrirá los archivos, sellados durante mucho tiempo, sobre el infame criminal de guerra nazi Josef Mengele, aunque no precisó una fecha.

Mengele huyó de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, pero durante años han circulado rumores de que pasó un tiempo en Suiza, a pesar de que existía una orden de arresto internacional en su contra.

Historiadores han solicitado repetidamente acceso a los archivos, pero hasta ahora las autoridades suizas se habían negado.

Mengele era médico y sirvió en las Waffen SS alemanas. Fue destinado al campo de exterminio de Auschwitz, en la Polonia ocupada por los nazis, donde seleccionaba a las personas que serían enviadas a las cámaras de gas.

Se estima que murieron 1,1 millones de personas, entre ellas cerca de un millón de judíos.

Las Waffen-SS surgieron a comienzos de la Segunda Guerra Mundial como las tropas de combate de las temibles SS, los hombres encargados de proteger a Hitler.

Mengele era conocido como el Ángel de la Muerte, también seleccionaba prisioneros, principalmente niños y gemelos, para realizarles experimentos médicos sádicos, antes de enviarlos también a la muerte.

La oficina del Comité Internacional de la Cruz Roja en Génova emitió estos pasaportes con nombres falsos para los criminales de guerra nazis (de izquierda a derecha): Josef Mengele, Klaus Barbie y Adolf Eichmann. Getty Images

Tras la guerra, Mengele, al igual que muchos altos cargos nazis, cambió rápidamente tanto su uniforme como su nombre.

Con su identidad falsa, obtuvo documentos de viaje de la Cruz Roja en el consulado suizo de Génova, en el norte de Italia, y los utilizó para huir a Sudamérica.

La Cruz Roja otorgó estos documentos a miles de personas en toda Europa que habían sido desplazadas o que quedaron apátridas a causa de la guerra, pero algunos nazis que buscaban evadir la justicia también consiguieron obtenerlos, algo por lo que la Cruz Roja posteriormente pidió disculpas.

¿Qué relación tiene Mengele con Suiza?

Aunque huyó de Europa en 1949, Mengele pasó unas vacaciones de esquí en los Alpes suizos con su hijo Rolf en 1956. Esta información se conoce desde la década de 1980.

Oficialmente, después de eso, pasó el resto de su vida en Sudamérica.

Pero la historiadora suiza Regula Bochsler siempre se preguntó si Mengele regresó, sobre todo después de que se emitiera una orden internacional de arresto en su contra en 1959.

Mientras investigaba el posible papel de Suiza como país de tránsito para nazis que huían, Bochsler descubrió que en junio de 1961 el servicio de inteligencia austriaco advirtió a Suiza que Mengele viajaba con un nombre falso y que podría encontrarse en territorio suizo.

Mientras tanto, la esposa de Mengele había alquilado un apartamento en Zúrich y solicitado la residencia permanente.

"Hay indicios de que Mengele planeaba un viaje a Europa en 1959", declaró la historiadora a la BBC.

 "¿Por qué la señora Mengele alquiló un apartamento en Zúrich?".

El apartamento se encontraba en un barrio modesto, y la familia Mengele tenía recursos para algo mucho más lujoso. Sin embargo, estaba cerca del aeropuerto internacional.

Bochsler pudo consultar los archivos de la policía de Zúrich, que demostraban que en 1961 el apartamento fue puesto bajo vigilancia. La policía observó incluso a la señora Mengele conduciendo su Volkswagen, acompañada por un hombre no identificado.

¿Pero era su marido?

Mengele, en el centro, aparece en esta foto de 1944, junto al comandante de Auschwitz, Richard Baer, y el excomandante Rudolf Höss.

Detener a un criminal de guerra buscado, como Mengele en 1961, habría implicado a la policía federal suiza. Por eso, en 2019, Bochsler solicitó al Archivo Federal Suizo acceso a sus archivos.

Su solicitud fue denegada. Los archivos tienen que permanecer sellados hasta 2071 por motivos de seguridad nacional y para proteger a su familia.

Bochsler no fue la primera ni la última en recibir una negativa. En 2025, el historiador Gérard Wettstein lo intentó de nuevo. A él también se le denegó el acceso.

"Me pareció ridículo", declaró a la BBC. "Mientras permanezcan cerrados hasta 2071, se alimentan las teorías conspirativas. Todo el mundo piensa que 'tienen algo que ocultar'".

Wettstein impugnó la decisión llevando a las autoridades suizas a los tribunales, un proceso costoso para el que recurrió al micromecenazgo. "Recaudamos US$23.000 en tan solo unos días".

Fue entonces cuando el Servicio Federal de Inteligencia suizo finalmente cambió de opinión.

En un comunicado emitido este mes, que sugiere que la transparencia total aún podría tardar, declaró: "Se concederá acceso al expediente, sujeto a condiciones y requisitos aún por definir".

No todos están seguros de que los archivos revelen mucho sobre el propio Mengele.

Sacha Zala, presidente de la Sociedad Suiza de Historia, está "absolutamente seguro de que no hay nada relevante sobre Mengele", pero cree que podría haber referencias a un servicio de inteligencia extranjero o a informantes extranjeros.

Agencias de inteligencia extranjeras

A finales de la década de 1950, el Mossad israelí seguía activamente la pista de criminales de guerra nazis fugitivos, y Zala sospecha que podrían haber estado en contacto con Suiza.

Esto daría a las autoridades suizas motivos para mantener los archivos sellados, ya que la información sensible relacionada con agencias de inteligencia extranjeras suele ser censurada.

Pero, ¿es realmente tan sensible una simple mención del Mossad en relación con su conocida caza de nazis hace 70 años?

"Esto demuestra la estupidez del proceso de desclasificación sin conocimiento histórico", opina Zala. "De esta manera, la administración alimentó las teorías conspirativas".

Otros historiadores, como Jakob Tanner, afirman que el secretismo en torno a los archivos revela más sobre Suiza que sobre Mengele. "Es un conflicto entre la seguridad nacional y la transparencia histórica, y la primera suele prevalecer en Suiza".

Tanner formó parte de la Comisión Bergier de la década de 1990, que examinó las relaciones de la neutral Suiza con la Alemania nazi, en particular el papel de los bancos suizos.

Conoce bien la sensibilidad y la vergüenza que siente Suiza por su papel en la Segunda Guerra Mundial, cuando se rechazó la entrada a refugiados judíos en la frontera, mientras que los bancos suizos conservaban el dinero de familias judías que posteriormente murieron en campos de concentración nazis.

"Que estos casos sigan sin resolverse es un problema para un Estado democrático", argumenta Tanner.

Aun así, considera plausible que Mengele estuviera en Suiza en 1961.

En Argentina y en Chile

El buscado criminal de guerra nazi Adolf Eichmann había sido arrestado por el Mossad en Argentina en 1960, y existen indicios de que otros nazis que huyeron a Sudamérica también creían estar en peligro allí, y que Europa, donde permanecían sus amigos y familiares, podría ser un lugar más seguro.

Tanner señala que Walter Rauff, otro criminal de guerra nazi buscado que huyó a Chile, estuvo en Alemania en 1960. A un historiador de la Comisión Bergier se le permitió, brevemente, consultar algunos de los archivos de Mengele en 1999 y concluyó que era imposible probar o refutar su presencia en territorio suizo.

Pero eso era solo unas pocas líneas en un informe de 24 volúmenes sobre toda la guerra. Los archivos fueron sellados nuevamente; el historiador falleció hace siete años.

Notas escritas de puño y letra del criminal de guerra nazi y 
médico de campos de concentración Josef Mengele. Getty Images

Mientras tanto, no se ha fijado fecha para la publicación de los archivos, y la declaración del Servicio Federal de Inteligencia sobre las "condiciones y requisitos" le resulta inquietante a Wettstein. "Me temo que recibiremos un archivo más oscuro que transparente", afirma.

A Bochsler también le preocupa que los archivos estén fuertemente censurados. "No confío en absoluto en las autoridades. Me temo que se parecerá a los archivos de Epstein. ¿Por qué se han mantenido cerrados los archivos de Mengele durante tanto tiempo?".

Mengele ha sido objeto de misterio, rumores y conspiraciones durante décadas.

Nunca fue arrestado, y mucho menos condenado por sus terribles crímenes. Cuando murió en Brasil en 1979, fue enterrado con un nombre falso.

Pero los rumores continuaron circulando. En 1985 su cuerpo fue exhumado, y finalmente, en 1992, las pruebas de ADN confirmaron que se trataba del suyo.

El terrible médico de Auschwitz había muerto.


¿Pero estuvo alguna vez en Suiza? ¿Acaso los suizos no se percataron de su presencia?

¿Hicieron la vista gorda ante una presencia potencialmente comprometedora para evitar la atención indeseada que habría provocado un arresto? ¿O, como tantas otras cosas sobre Mengele, es todo solo un rumor?

"Quizás nunca lleguemos a la verdad", dice Wettstein. "Nunca sabremos si estuvo aquí o no… pero tal vez podamos tener al menos una idea más clara".






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Libera espacio en tu movil limpiando las papeleras secretas de WhatsApp, Google Fotos y Chrome

Papeleras secretas de WhatsApp, Google Fotos y Chrome que te ayudarán a liberar almacenamiento

https://www.infobae.com/
PorJuan Ríos

Estos espacios suelen guardar archivos previamente borrados, pero que las aplicaciones mantienen vigente por un tiempo

Las papeleras ocultas en WhatsApp, Google Fotos y Google Chrome pueden saturar la memoria del móvil 
si no se gestionan correctamente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La aparente limpieza de archivos en los teléfonos suele ser una ilusión para millones de usuarios. WhatsApp, Google Fotos y Google Chrome esconden papeleras internas y sistemas de almacenamiento temporal que, si no se gestionan correctamente, pueden saturar la memoria y afectar el rendimiento del celular Android.

Descubrir dónde se ubican estas papeleras ocultas y cómo vaciarlas es clave para recuperar gigas y optimizar el funcionamiento del dispositivo.

La papelera en Google Fotos: dónde está y cómo vaciarla

Google Fotos es uno de los ejemplos más claros de cómo las papeleras ocultas pueden consumir espacio. Cuando se elimina una imagen o un vídeo desde la aplicación, el archivo no desaparece de inmediato. En su lugar, se traslada a una carpeta de recuperación denominada “Papelera”, donde permanece almacenado durante varias semanas antes de eliminarse definitivamente.

Para liberar espacio de forma efectiva, es necesario acceder manualmente a esta papelera. El proceso es sencillo: 
  • primero se abre Google Fotos, 
  • luego se ingresa a la sección “Colecciones”, 
  • y dentro de ella se encuentra la “Papelera”.
Allí se visualizan todos los archivos eliminados recientemente. Solo al vaciar manualmente esta carpeta, el usuario logra recuperar el espacio que seguía ocupado por elementos aparentemente borrados.

Este sistema permite restaurar imágenes eliminadas por error, pero si no se revisa con regularidad, puede acumular varios gigas de datos inútiles y ralentizar el teléfono.

WhatsApp: ¿dónde está la papelera?

En el caso de WhatsApp, el manejo de archivos ocultos es aún más complejo. La aplicación genera y almacena una enorme cantidad de datos residuales: vídeos reenviados, imágenes descargadas automáticamente, audios, documentos y archivos temporales. Incluso después de borrar conversaciones o contenido visible, muchos de esos elementos siguen ocupando memoria en segundo plano.

Para revisar y limpiar este almacenamiento, 
  • se debe abrir WhatsApp y dirigirse al menú de “Ajustes”. 
  • dentro, hay que acceder a “Almacenamiento y datos” y pulsar en la opción “Administrar almacenamiento”.

WhatsApp acumula archivos residuales como vídeos, imágenes y documentos que
 permanecen ocultos incluso tras borrar las conversaciones. (Imagen ilustrativa Infobae)

En esa sección aparecen listados los archivos más pesados, los elementos reenviados repetidas veces y otros residuos acumulados en los chats. Es común que los usuarios descubran varios gigas ocupados por vídeos antiguos o imágenes olvidadas.

WhatsApp no cuenta con una papelera como tal, sino con un sistema de almacenamiento residual que solo se elimina si se revisa periódicamente esta sección y se borran de forma manual los archivos innecesarios. Mantener este hábito ayuda a evitar el colapso de la memoria interna y mejora la agilidad de la aplicación.

Google Chrome: la caché y la gestión de datos temporales

El navegador Google Chrome en Android también contribuye a la acumulación de archivos temporales. Su caché almacena imágenes, fragmentos de páginas web y otros datos con el objetivo de cargar los sitios más rápido en visitas futuras. Si bien esta función mejora la experiencia de navegación, el exceso de información guardada puede saturar el almacenamiento del móvil con el paso de los meses.

El procedimiento para limpiar la caché de Chrome es directo: 
  • hay que abrir el navegador, pulsar los tres puntos situados en la esquina superior derecha,
  • ingresar en “Historial”, 
  • seleccionar “Eliminar datos de navegación” 
  • y marcar la opción “Imágenes y archivos almacenados en caché”.
Realizar esta limpieza de manera periódica libera espacio, especialmente en dispositivos con poca capacidad interna o uso intensivo del navegador.

Recomendaciones para optimizar el almacenamiento

Vaciar las papeleras y limpiar la caché de manera regular puede recuperar varios gigas de espacio y devolver agilidad al teléfono. No obstante, no se recomienda eliminar indiscriminadamente todos los archivos, ya que algunas cachés mejoran la operatividad de las aplicaciones. Lo ideal es realizar limpiezas periódicas, identificando los datos verdaderamente prescindibles: vídeos antiguos, descargas olvidadas y archivos duplicados.

Aplicaciones como Files by Google ofrecen herramientas automatizadas para analizar y eliminar archivos basura, memes repetidos o capturas antiguas que ocupan espacio sin aportar ninguna función real. Además, desde los ajustes de Android se puede acceder al apartado de “Almacenamiento” para revisar y gestionar las cachés, descargas y archivos temporales del sistema.

La gestión adecuada del almacenamiento en móviles Android requiere conocer y utilizar las funciones de limpieza de WhatsApp, Google Fotos y Google Chrome. Solo así es posible evitar la saturación de la memoria, mantener el dispositivo rápido y aprovechar al máximo su capacidad interna.



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La inteligencia artificial ya empezó a transformar el negocio legal global

Ni ChatGPT ni Google: así funciona la IA que ya usan abogados para ahorrar horas de trabajo y ganar casos
https://www.cronista.com/


La inteligencia artificial ya empezó a transformar el negocio legal global: desde revisión de contratos hasta generación de escritos, los abogados ahora enfrentan un cambio que redefine cómo se trabaja.

La forma de trabajar de los abogados está cambiando más rápido de lo que muchos estudios jurídicos imaginaban. Lo que hasta hace poco parecía una amenaza lejana, la inteligencia artificial redactando escritos, revisando contratos o analizando jurisprudencia, ya empezó a convertirse en una ventaja competitiva concreta para quienes logran integrarla antes que el resto

En los grandes estudios de Estados Unidos y Europa, ya se usan plataformas de IA para automatizar tareas históricamente consumidas por abogados junior: revisión de cláusulas, análisis de contratos, detección de riesgos y generación de borradores legales. Pero ahora, el fenómeno dejó de ser experimental. Según datos citados por Argus, una startup argentina de tecnología legal que desarrolló una plataforma de inteligencia artificial especializada para abogados, estudios jurídicos y universidades, el uso de IA entre abogados en Estados Unidos pasó de 11% en 2023 a 30% en 2024, mientras que el 73% planea integrar IA generativa este año. 

El cambio de perfil en los abogados 

Pero detrás de la automatización aparece algo todavía más profundo y es un cambio en el perfil profesional que empieza a demandar el mercado jurídico. Sucede que la nueva lógica ya no premia únicamente al abogado que redacta más rápido o memoriza más jurisprudencia. El diferencial pasa por otro lado y es la capacidad de supervisión, criterio estratégico, validación de resultados y toma de decisiones sobre outputs generados por inteligencia artificial. 

Esa transformación es justamente la que busca capturar Argus AI. En charla con El Cronista, el cofunder, Franco Giavedoni, comentó que la compañía desarrolló una plataforma especializada en derecho capaz de analizar expedientes, generar estrategias de defensa basadas en jurisprudencia, redactar respuestas profesionales y asistir en procesos legales complejos, todo de manera automatizada.

Y es que la apuesta no es menor ya que mientras gran parte del mercado todavía usa herramientas más generalistas como ChatGPT, la startup argentina intenta diferenciarse como un sistema específicamente diseñado para entornos jurídicos argentinos, con foco en seguridad, trazabilidad y adaptación normativa local. La plataforma funciona bajo una arquitectura multimodelo que combina tecnologías de OpenAI, Anthropic, Google Gemini y Grok de xAI, utilizando distintos motores según el tipo de tarea legal requerida. 

En la práctica, eso significa que un abogado puede cargar un expediente completo y obtener en segundos: detección de inconsistencias, análisis estratégico, preguntas clave del caso, borradores jurídicos, o comparaciones entre versiones de escritos. Todo dentro de un entorno pensado para trabajo legal colaborativo. 

La discusión de fondo, sin embargo, ya no pasa solamente por productividad. Pasa por supervivencia profesional. Giavedoni plantea una idea que empieza a repetirse cada vez más en la industria legal a nivel global: el junior tradicional ya no compite únicamente contra otros abogados, sino también contra sistemas inteligentes capaces de ejecutar tareas mecánicas en segundos y eso obliga a redefinir completamente la formación jurídica.

El especialista comentó que en alianza con UADE, la empresa lanzó “Argus University”, un modelo educativo enfocado en formar abogados “AI Native”, es decir, profesionales entrenados desde el inicio para trabajar junto a sistemas de inteligencia artificial. 

La lógica detrás del programa rompe con el esquema tradicional de enseñanza jurídica. En lugar de enfocarse en tareas repetitivas de producción de escritos, el alumno aprende a supervisar, interpretar y validar resultados generados por IA. 

El concepto central es el de “Human in the Loop”: el abogado deja de actuar como mero ejecutor y pasa a funcionar como supervisor estratégico del razonamiento automatizado. Según el material presentado por la compañía, la IA ya no debería entenderse como una herramienta opcional dentro del derecho, sino como una infraestructura base sobre la que se construirá el ejercicio profesional en los próximos años. 

La idea empieza a ganar terreno porque resuelve uno de los mayores problemas de los estudios jurídicos modernos que es el consumo masivo de horas en tareas repetitivas y de bajo valor agregado. 

De hecho, Goldman Sachs proyecta que el 44% de las actividades legales podrían automatizarse mediante IA generativa durante los próximos años. Y aunque lejos de imaginar un reemplazo total de abogados, el nuevo paradigma parece apuntar a otra dirección: menos tiempo dedicado a ejecución mecánica y más foco en análisis, estrategia y validación.


Apuntar a procesos de alto impacto 

Los equipos legales que adoptan IA para análisis contractual suelen comenzar por flujos de trabajo repetitivos y de gran volumen, donde los errores pueden tener consecuencias significativas. Entre los casos de uso más comunes aparecen: revisión de acuerdos de confidencialidad (NDA), análisis de contratos de alquiler, y controles de cumplimiento en acuerdos con proveedores. 

Por ejemplo, las revisiones de NDA suelen requerir evaluaciones constantes sobre duración o alcance de divulgación, lo que las convierte en candidatas ideales para automatización. Una vez demostrado el valor en un área específica, los equipos pueden expandir gradualmente el uso de IA hacia otros procesos legales. 

Impacto real: el caso Bayer Bayer, la compañía global de ciencias de la vida, muestra cómo la IA puede transformar operaciones legales. Luego de implementar una plataforma similar a Argus en sus equipos globales, la empresa redujo significativamente el tiempo necesario para revisiones contractuales y resúmenes de compliance. Cada abogado logró ahorrar en promedio tres horas por semana, permitiéndoles pasar de tareas tediosas a iniciativas estratégicas.

Ese cambio no solo incrementó la eficiencia, sino que también fortaleció el rol del departamento legal como facilitador del negocio

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Recuperan sede de la Dirección de Bibliotecología y Archivología de la UCV

Recuperan sede de la Dirección de Bibliotecología y Archivología de la UCV
https://avn.info.ve/
Por AVN.-

La Comisión Presidencial para la Recuperación de la Universidad Central de Venezuela (UCV) llevó a cabo obras de rehabilitación en la sede de la Dirección de Bibliotecología y Archivología. 

El arquitecto e inspector Carlos Romero informó de que las obras se centraron en la eliminación de una plaga de termitas que afectaba al mobiliario y a las paredes, reseñó nota de prensa del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información. 

Romero explicó que se llevó a cabo una desinfección profunda, seguida de trabajos de enlucido, reparación y pintura en un área de 200 metros cuadrados. Paralelamente, los equipos de mantenimiento realizaron trabajos de poda y limpieza en los jardines de la Facultad de Humanidades, zonas en las que persisten nidos de insectos que exigen una intervención preventiva para evitar que se propaguen a los edificios. 

De conformidad con los criterios de conservación del Patrimonio de la Humanidad, también se han eliminado paredes y cables que no forman parte del proyecto original de la universidad.

“El cuidado permanente de los espacios es responsabilidad de todos. La recuperación avanza, pero su durabilidad depende del compromiso de la comunidad ucevista”, señaló Romero. 


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¿El 25% de los post publicados en X dejan de ser visibles unos meses después de publicarse?

>>  sábado, 16 de mayo de 2026

La volatilidad de la información en X
Por Lic. Carmen Marín con la colaboración de Grok



Sí, es aproximadamente cierto, pero el dato más preciso es alrededor del 18-19% (casi uno de cada cinco), no exactamente el 25%.

pewresearch.org

Según un estudio de Pew Research Center de mayo de 2024 (basado en datos de Twitter/X de primavera de 2023): Recolectaron casi 5 millones de tweets públicos y los siguieron durante tres meses. Al final del período, el 18% ya no eran visibles públicamente. En el 60% de esos casos, se debió a que la cuenta completa se hizo privada, fue suspendida o eliminada. En el 40% restante, el usuario borró el tweet individual, pero la cuenta seguía existiendo.

pewresearch.org

Detalles adicionales del estudio:

La mayoría de las desapariciones ocurren pronto: ~15% en el primer mes, y la mitad de los que se eliminan desaparecen en los primeros 6 días. Algunos tweets (idiomas como turco o árabe, cuentas con configuraciones predeterminadas, cuentas nuevas o con pocos seguidores) desaparecen con más frecuencia. Los posts no se pierden para siempre necesariamente (pueden reaparecer si la cuenta vuelve a ser pública), pero dejan de ser accesibles públicamente.

pewresearch.org

El 25% podría venir de una aproximación o de otro contexto (por ejemplo, el estudio también menciona que el 25% de las páginas web de la última década ya no son accesibles), pero para posts en X el número más citado y verificado es el ~19%.

pewresearch.org

Esto es normal en plataformas sociales: la gente borra contenido, cambia configuraciones de privacidad o las cuentas se suspenden. X también tiene límites de indexación para posts muy antiguos. 

En el informe hay dos cifras clave que están muy cerca: 
  • Para posts en X/Twitter: 18% de los tweets (casi uno de cada cinco) dejan de ser visibles públicamente después de unos meses (en este caso, tras ~3 meses de seguimiento).
pewresearch.org
  • Para páginas web en general: 25% de las páginas web recolectadas de 2013 a 2023 ya no eran accesibles en octubre 2023.
Es muy fácil confundirlas porque están en el mismo informe y el titular/resumen menciona “nearly one-in-five tweets” junto al 25% de las webs.

Resumen exacto del estudio sobre X:
  • Analizaron casi 5 millones de tweets públicos posteados entre marzo y abril de 2023.
  • Tras tres meses: 18% ya no visibles.60% de esos casos: la cuenta se volvió privada, suspendida o eliminada.
  • 40%: el usuario borró solo ese tweet (la cuenta seguía existiendo).
  • La mayoría desaparecen rápido (mitad en los primeros 6 días).
  • El alto porcentaje de contenido que desaparece (18% de posts en X y ~25% de páginas web en una década) hace que el archivado web sea más importante que nunca, pero también más difícil y limitado.
Impacto positivo: mayor necesidad y valor del archivado

Preserva la historia digital: Sin herramientas como el Wayback Machine de Internet Archive, gran parte de ese contenido perdido se iría para siempre. Según un análisis posterior del propio Internet Archive sobre el estudio de Pew, recuperan alrededor del 15-16% de las páginas que Pew consideró "muertas". Para las páginas de 2013 (38% inaccesibles), salvan cerca del 38% de las desaparecidas.

blog.archive.org

Ayuda en investigaciones, periodismo, historia y verificación de hechos. Por ejemplo, permite ver versiones antiguas de páginas editadas o posts eliminados (útil para deleted tweets de políticos, cambios en noticias, etc.).

Evita la "putrefacción digital" (link rot) y mantiene un registro cultural colectivo.

Desafíos y limitaciones que genera esta desaparición
  • Para X/Twitter es especialmente complicado: Muchos posts desaparecen rápido (mitad en los primeros 6 días), antes de que los crawlers de archivos los capturen.
  • X ha puesto restricciones técnicas: cambios en la interfaz, robots.txt, límites de scraping y políticas que dificultan el archivado masivo. El Wayback Machine tiene problemas para capturar tweets completos (imágenes, videos, hilos) y perfiles enteros.
dl.acm.org

Cuentas suspendidas o que se vuelven privadas (60% de los casos en el estudio de Pew) hacen que incluso los snapshots existentes sean menos útiles.

Servicios alternativos como archive.is funcionan mejor para tweets individuales, pero no a escala.
  • Para la web en general: El 25% de pérdida acelera la "decadencia digital". Los archivos intentan capturar lo que pueden, pero dependen de permisos (robots.txt), recursos computacionales y que el contenido siga público el tiempo suficiente. Sitios de noticias y grandes editores están bloqueando cada vez más a Internet Archive para evitar que IA entrene con su contenido, lo que reduce el archivado futuro y pone en riesgo el registro histórico.
eff.org

Contenido dinámico (redes sociales, apps) es más efímero y difícil de archivar que páginas estáticas antiguas.

En resumen

Esta "desaparición" resalta la fragilidad de internet y convierte a los archivos web en salvavidas esenciales, pero también los sobrecarga: tienen que correr más rápido para capturar cosas que se borran pronto. Sin ellos, perderíamos gran parte de nuestra memoria digital colectiva (noticias, debates públicos, cultura en línea).

Cómo archivar tú mismo posts de X o páginas web de forma efectiva

Aquí te explico las formas más efectivas y actualizadas (2026) para archivar tus propios posts de X y páginas web de manera sencilla y segura.

1. Archivar tus posts de X (la mejor opción oficial)X ofrece una herramienta oficial gratuita que descarga todo tu historial (posts, replies, likes, DMs, medios, etc.) en un archivo ZIP.

Pasos (en web o app):
  • Ve a Más → Configuración y privacidad → Tu cuenta → Tus datos de X (o "Download an archive of your data").
  • Verifica tu identidad (contraseña + código por email/teléfono).
  • Toca Solicitar archivo (Request archive).
  • Espera un email (puede tardar desde unas horas hasta 24-48 horas).
  • Descarga el ZIP cuando esté listo.
  • Qué contiene el archivo:
  • Un HTML navegable con todos tus tweets.
  • Archivos JSON con los datos.
  • Carpeta con imágenes y videos.
Consejos extras:
  • Guárdalo en varios lugares (disco duro, nube encriptada, USB).
  • Para convertirlo en un sitio web bonito y público, usa la herramienta gratuita de Tiny Subversions (tinysubversions.com/twitter-archive/make-your-own/): subes el ZIP y genera una versión navegable.
wired.com

2. Archivar páginas web (cualquier URL)Método más fácil y recomendado: 
  • Wayback Machine (Internet Archive)Ve a → web.archive.org
  • Pega la URL en el cuadro “Save Page Now”.
  • Pulsa el botón. El sistema captura la página tal como está ahora y te da un enlace permanente.
Ventajas: Gratuito, permanente, muy usado para citas y referencias.

Otras buenas opciones:archive.is o archive.today → Excelente para capturar páginas completas (incluyendo contenido dinámico). A veces funciona mejor que Wayback en sitios problemáticos.

Extensión de Chrome/Firefox del Wayback Machine → Te permite archivar con un clic desde cualquier página.

Para archivar múltiples páginas a la vez: Usa Google Sheets con la herramienta de Internet Archive.

Limitaciones importantes con X/TwitterArchivar tweets individuales directamente en Wayback Machine es difícil actualmente (X pone muchas restricciones técnicas y muchos intentos fallan o solo capturan parcialmente).

archive.org

Por eso es muchísimo mejor descargar primero tu archivo oficial de X y luego, si quieres, archivar las páginas HTML generadas.

Recomendación práctica (flujo completo)
  • Descarga tu archivo completo de X cada pocos meses o una vez al año.
  • Para posts importantes justo después de publicarlos: copia el enlace y archívalo en archive.is.
  • Para cualquier página web que te importe: usa “Save Page Now” de Wayback.




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El registro de la memoria historica cotidiana amenazada por el registro electrónico o digital

¿Cómo contarán los historiadores el siglo XXI? Lo digital amenaza el registro de la memoria cotidiana

https://www.publico.es/
Iratxe Martínez Iturgaiz
          Documentación conservada en el Archivo de Escrituras Cotidianas.Grupo de Investigación LEA, UAH

La desaparición de soportes físicos, la fragilidad de los archivos digitales y la dependencia de plataformas privadas amenazan su conservación.

"Estamos ante una transformación evidente de las fuentes históricas. Es indiscutible que la hegemonía de la comunicación digital está suponiendo una desaparición de una serie de testimonios personales que antes se manuscribían o mecanografiaban sobre papel", dice Antonio Castillo Gómez.

Hoy en día, gran parte de la vida cotidiana sucede a través de Internet. Tener conversaciones, informarse, hacer trámites administrativos o comprar son algunas de las acciones que se realizan cada vez más a través de formatos digitales. Este cambio supone una transformación en las fuentes que podrán utilizarse en un futuro para reconstruir la historia de la época presente. Esta realidad presenta lo que puede ser un problema: la pérdida de soportes físicos de fácil conservación para su consulta futura.

"Estamos ante una transformación evidente de las fuentes históricas. Es indiscutible que la hegemonía de la comunicación por este medio (digital) está suponiendo una desaparición de una serie de testimonios personales que antes se manuscribían o mecanografiaban sobre papel", dice Antonio Castillo Gómez, catedrático de Ciencias y Técnicas Historiográficas en la Universidad de Alcalá, donde dirige el Grupo de Investigación LEA (Lectura, Escritura y Alfabetización).

Los testimonios escritos personales a través de cartas, diarios o documentos introducen una perspectiva distinta y complementaria de la que podemos obtener de otro tipo de registros, como comenta Castillo: "Cada uno de estos documentos constituye una privilegiada mirilla desde la que asomarnos a la vida cotidiana, las historias familiares o la historia de los sentimientos, pero también a otros aspectos que incumben a los usos de la lengua escrita y de la competencia alfabética".

La Subdirección General de los Archivos Estatales (SGAE), dependiente de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura, recalca la importancia de los documentos de archivo como fuente de información básica. Además, añade que su conservación a lo largo del tiempo permite reconocer cambios y rasgos sociales, culturales o políticos.

"En nuestros archivos y bibliotecas se encuentran documentos y libros copiados sobre pergamino o papel que han resistido el paso de los siglos. Me temo, sin embargo, que no podremos decir lo mismo de los mensajes en soportes digitales, víctimas de la obsolescencia programada de este tipo de dispositivos y de la práctica imposibilidad de establecer protocolos eficientes de conservación", asegura el catedrático Castillo Gómez.

La preocupación por la fragilidad de lo digital también se refleja en distintos estudios. Un informe de Pew Research Center indica que el 38% de las páginas web que existían en 2013 ya no están disponibles una década más tarde. Asimismo, la investigación también señala la facilidad con la que pueden desaparecer contenidos en redes sociales. Por ejemplo, casi el 25% de los posts publicados en X dejan de ser visibles unos meses después de publicarse.

Castillo también añade que el conocimiento del pasado se ha enriquecido con documentos físicos que se conservan tanto en archivos personales o familiares como los que podemos encontrar en archivos históricos. "Este tipo de testimonios complementan y matizan los registros oficiales. Nos acercan a una historia distinta, más inclusiva y democrática, que no escamotea el papel desempeñado por la gente corriente", explica el catedrático.

"Bastaría con repasar lo que se ha escrito y se está escribiendo en las últimas décadas acerca de la Guerra Civil y el franquismo para apreciar los matices que están aportando las cartas y diarios de los soldados o de los hombres y mujeres que penaron sus vidas en cárceles y campos de concentración", comenta Castillo.

Por su parte, la Biblioteca Nacional de España (BNE) lleva a cabo proyectos en el Área de Colecciones Digitales para garantizar el acceso y la conservación de patrimonio digital y digitalizado, coordinados por el Servicio de Preservación Digital.

El Archivo de la Web Española es el proyecto de la BNE que guarda sitios web (abarcando blogs, foros, documentos, imágenes, vídeos, etc.) con una perspectiva patrimonial.

"Si analizamos la sociedad actual, pasamos mucho tiempo en Internet, que se ha convertido en una herramienta indispensable. Por tanto, si queremos estudiar el día a día de nuestra sociedad, debemos contar también con la información de Internet, que se convierte en un patrimonio valiosísimo para que, en el futuro, se pueda investigar sobre nuestro mundo actual", señala José Carlos Cerdán Medina, jefe del Servicio de Depósito de Publicaciones en Línea y coordinador del Archivo de la Web Española.

Cerdán Medina afirma que es totalmente falsa la creencia de que Internet es un espacio donde todo queda guardado: "Internet es muy efímero. Existen diversos estudios que analizan la pervivencia de un sitio web, situándola entre los cuatro meses y los dos años".

Además, el coordinador del Archivo de la Web Española añade que se pierde muchísima información debido a la gran cantidad generada cada día. "Nuestro objetivo es conservar una visión global que permita su estudio en el futuro", recalca.

La comunicación cotidiana actual entre personas es privada y no puede ser archivada. No obstante, María Isabel Cañas Plaza, jefa del Servicio de Preservación Digital, explica que la BNE está recibiendo donativos de archivos personales de autores, que incluyen emails entre otros documentos. Asimismo, Cerdán Medina comenta la previsión de incorporar también materiales donados como mensajes de WhatsApp o Telegram.

Cambios en los soportes y desafíos en lo digital

Por otro lado, el Servicio de Documentación del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) expresa que "la progresiva digitalización y el aumento de documentos nacidos digitales (documentos creados originalmente en formato digital) han transformado de manera significativa los procesos de gestión documental".

"Uno de los principales desafíos es la obsolescencia de la tecnología. Garantizar la autenticidad, integridad y accesibilidad de los documentos a lo largo del tiempo es el gran reto de la preservación digital", asegura el Servicio de Documentación del IPCE.

"El volumen de documentación generado en la actualidad es muy superior al de épocas anteriores. El problema no reside tanto en la escasez de fuentes como precisamente en su abundancia, la cual exige a las instituciones culturales destinar gran cantidad de recursos para organizar la información y conservarla en un entorno tecnológico continuamente cambiante", agrega el Servicio de Documentación del IPCE.

Cañas Plaza comenta las amenazas principales de lo digital en este contexto: "Uno de los principales riesgos son las migraciones de formatos o los cambios tecnológicos, debido a la posible pérdida de datos o de la calidad de los mismos, no hay que olvidar que los datos digitales son frágiles al ser modificables, de fácil borrado, y que en el paso se puede perder alguna propiedad".

Antes de la digitalización, la principal tarea era conservar los soportes en los que se encontraba la información. En cambio, ahora la preocupación por la preservación de los soportes pasa a ser secundaria, como dice la Subdirección General de los Archivos Estatales (SGAE): "En el mundo digital se es consciente de que el soporte deja de ser lo que necesariamente hay que preservar. Se debe preservar la información, en su contexto, sin perder la relación con su marco normativo y sus elementos identificativos".

Dependencia de las plataformas privadas

Por otra parte, uno de los grandes factores que puede dificultar la conservación de información de nuestra época es la dependencia de las plataformas privadas, como redes sociales o servicios en la nube.

José Carlos Cerdán Medina comenta cómo las plataformas no están, en muchos casos, sujetas a la legislación nacional, lo que dificulta la conservación de la información.

"Además, el auge de la inteligencia artificial y la extracción masiva de datos por parte del sector privado ha endurecido los sistemas de seguridad. No distinguen entre guardados automáticos con fines patrimoniales, respaldados por la Ley de depósito legal, y aquellos con fines comerciales o maliciosos", agrega el coordinador del Archivo de la Web Española.

"El control lo hemos perdido hace mucho tiempo", asegura Andoni Alonso Puelles, catedrático en la Universidad Carlos III de Madrid. Su trabajo de investigación se centra en la filosofía de la tecnología, con un análisis crítico del impacto social de las tecnologías de la información y la comunicación.

Alonso Puelles explica cómo ahora da la impresión de que una de las ventajas que podría tener lo digital es que se puede distribuir en muchos sitios y, por tanto, es prácticamente imposible que un control político lo pueda borrar. No obstante, también comenta la sensación de que el soporte digital es extremadamente frágil y lejano al ciudadano medio.

"Al final, si tú tienes una comunicación digital, por ejemplo, con una institución o con una empresa ¿a quién le pertenece esa comunicación? A ti no, a la empresa. No está en tus manos", expresa el crítico de la tecnología.

Estrategias para un reto importante

Es evidente que la comunicación cotidiana es cada vez más digital, lo que plantea retos para los historiadores que tendrán mayores dificultades para rastrear estas interacciones, como dice Cerdán Medina.

La desaparición de los soportes en papel supone la pérdida del carácter tangible y, para muchas personas, de su valor sentimental. "Confiamos en que, en el futuro, alguien pueda emocionarse al consultar un sitio web de nuestra época, del mismo modo que hoy lo hacemos al contemplar un documento del siglo XVI", recalca el coordinador del Archivo de la Web Española.

Las instituciones trabajan ya en estrategias de preservación. "El IPCE es plenamente consciente de la importancia de la preservación digital como una línea estratégica fundamental y, en este sentido, está trabajando activamente para avanzar en este ámbito", explica su Servicio de Documentación.

Asimismo, a nivel de Administración General del Estado, desde el Ministerio de Cultura se están gestionando iniciativas como el Subgrupo de Trabajo de Archivo Electrónico Único. "Tiene como objetivo plantear la reflexión sobre los repositorios de archivo electrónico, sus requisitos, implantación y especialmente la puesta en común de las experiencias sobre estas plataformas y aplicaciones en los archivos centrales de los ministerios", comenta la Subdirección General de los Archivos Estatales (SGAE).

Por otro lado, el Servicio de Preservación Digital de la Biblioteca Nacional de España trabaja con extensiones o ficheros estándares para facilitar su conservación y futuras consultas, y en el caso que no sea posible, que sea ampliamente usado en la comunidad tecnológica y de la preservación. "A día de hoy la tecnología está en continuo cambio, por lo que tenemos que adaptarnos", señala María Isabel Cañas Plaza.

Sin embargo, Cañas Plaza también advierte de las dificultades de este trabajo: "Cuesta mucho conseguir financiación y hacer ver la importancia que tiene la prevención si queremos que la información esté disponible a lo largo del tiempo".

"A nivel personal, cada uno de nosotros deberíamos ser conscientes del valor que tienen los documentos. A nivel de sociedad, sería conveniente que las instituciones públicas tomaran cartas en el asunto. Es un reto importante salvo que asumamos como irremediable la pérdida de una parte sustancial de nuestra memoria" concluye el catedrático Antonio Gómez Castillo.

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El problema no es la IA, es lo que se le pide, y cómo se le pide, y la revisión rigurosa del texto que emitió

>>  viernes, 15 de mayo de 2026

Escritura artificial (I)
https://www.elfinanciero.com.mx/
Por Luís Castro Obregon


El problema en la escritura no es que la IA escriba mal. Es que lo hace bien incluso cuando se equivoca.

Luís Castro Obregon

Algo raro empieza a pasar en la lectura. Uno abre la columna de un autor conocido y, de pronto, su voz no es la de siempre, parece demasiado pulida y simétrica. Todo está en su sitio, pero algo brinca. Luego aparece un libro traducido con una sintaxis impecable, aunque con un matiz torcido, una frase que se entiende pero no termina de encajar.

Más tarde llega un caso de inteligencia artificial que inventa una cita, extravía un contexto u ofrece una mentira con aplomo. No falta el legislador con una iniciativa de ley en la que se le cuela la firma de la IA. El problema en la escritura no es que la IA escriba mal. Es que lo hace bien incluso cuando se equivoca.

En las columnas de opinión, la IA deja ciertas huellas. ChatGPT tiende a ordenar el pensamiento por contraste: “No se trata de X, sino de Y”. Delata una voz demasiado entrenada para matizar y reencuadrar. A eso suma una inclinación por frases redondas: “la confianza no se decreta, se construye”, “el liderazgo no se impone, se gana”.

Claude suele ser más sereno e inclinado a acompañar al lector con una suavidad que roza la sobrecorrección. DeepSeek empuja hacia una escritura más seca, más orientada a resolver una tarea que a producir música verbal. Perplexity influye menos en la voz que en la lógica. Arma síntesis ancladas en fuentes, priorizando verificabilidad sobre estilo.

Esas huellas que se señalan como “sospechosas” son, en realidad, virtudes que deberían exigirse a escritores, periodistas y columnistas. Claridad, orden, síntesis, capacidad explicativa, cierres potentes, tono balanceado, ausencia de errores groseros. Nada de eso es una falla de la IA.

El problema aparece cuando la limpieza de un texto borra la experiencia, la observación original, la escena concreta, la voz singular o el trabajo intelectual que distingue a un buen autor.

Comienza a generarse un rechazo a la escritura artificial; empieza a estar de moda el uso de erratas y textos cortos y directos para demostrar la humanidad autoral. Ante esto, surgen herramientas como Sincerely, que adapta textos hiperformales, con estructura perfecta, a otros más cortos, en tono coloquial y con abreviaturas propias de mensajería instantánea.

El creador defiende que son más efectivos para llamar la atención de los lectores que prefieren leer algo que perciben como humano. Otras aplicaciones que “humanizan” textos son fraudulentas. ¡Aguas! La IA simula similitud.

La comunidad literaria, casi en su mayoría, se opone al uso de la IA en los procesos editoriales y escriturales. De nuevo, el argumento más común es que produce textos mediocres y previsibles. No crea nada nuevo porque actúa regurgitando lo ya producido.

Jorge Volpi en su columna “Otra inteligencia”, expone una perspectiva más matizada: debemos ir más allá de la visión excepcionalista del ser humano (“solo nosotros podemos crear pensamiento, arte y literatura”) y entender que la IA puede producir cosas valiosas si sabemos cómo usarla.

Apoyarse en inteligencia artificial para escribir no tendría por qué ser vergonzante. Incluso debería ser digno de presumirse: una señal de que el autor sabe aprovechar herramientas potentes para pensar mejor, ordenar hallazgos, ensayar versiones, tensar argumentos y editar con mayor exigencia.

Lo relevante no es si hay apoyo de una IA, sino qué se le pidió, cómo se le pidió, cuánto criterio humano intervino después, qué preguntas nuevas surgieron y qué tan rigurosamente se supervisó el resultado.

Hace poco, el editor italiano Andrea Colamedici publicó un libro del filósofo hongkonés, radicado en Alemania, Jianwei Xun, sobre la “hipnocracia”, una nueva forma de ejercer el poder en el siglo XXI. Los conceptos propuestos ahí se colaron en un debate en Cannes sobre la “Metamorfosis de la democracia”.

A partir de ahí, algunos investigadores y periodistas los retomaron. Resulta que Jianwei Xun no existe. Es un invento de Colamedici, quien construyó el libro en diálogo con dos plataformas de IA en una suerte de performance o provocación (y quizás construyendo una crítica velada al filósofo surcoreano radicado en Alemania Byung-Chul Han, autor de Infocracia, quien escribe y publica casi tan rápido como una IA).

Al final, el experimento funcionó. Se generó un diálogo con la IA, pero el sentimiento de engaño persiste en los involucrados (medios como El País que cubrieron el debate y citaron a Xun, borraron los artículos).

Roald Dahl imaginó en “El gran gramatizador automático” (1953) a un escritor frustrado que, como ingeniero, construyó una máquina que creaba cuentos y novelas en segundos.

Enriquecido al vender esos textos con seudónimos, intentó persuadir a grandes autores de ceder sus firmas. Los que, por orgullo, se negaban —como ahora algunos críticos— terminaban en la ruina. Entre ellos y Colamedeci: ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

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La democratización de la palabra: ¿Un puente hacia la excelencia o un refugio para la superficialidad?

La democratización de la palabra: ¿Un puente hacia la excelencia o un refugio para la superficialidad?
Por: Carmen Marín, Lic. en Archivología

Con la colaboración de Gemini


Como profesional de la archivología, con más de 30 años de trayectoria, he sido testigo de múltiples cambios en la gestión de la información. Sin embargo, pocos fenómenos me han resultado tan fascinantes y, a la vez, tan desafiantes como la irrupción de la Inteligencia Artificial en el acto de escribir.

Recientemente, me encontré reflexionando sobre una analogía histórica: grandes escritores solían contar con redactores a quienes entregaban sus ideas manuscritas para ser pulidas. Hoy, esa figura del "redactor" se ha democratizado a través de la IA, poniendo al alcance de las mayorías una herramienta que antes era un privilegio de algunas personalidades o grupos.

El fin del "peaje" intelectual

Es innegable que la IA, en algunos ámbitos, ha disminuido la brecha de expresión. Muchas personas con ideas brillantes, pero sin las herramientas técnicas o los recursos para contratar a un redactor, hoy pueden dar voz a su pensamiento. Como herramienta de agilización, la IA es insuperable. Permite que el "qué" (la idea) prevalezca sobre las dificultades del "cómo" (la redacción).

Sin embargo, esta apertura trae consigo una advertencia necesaria: la democratización no debe ser sinónimo de falta de rigor.

El punto crucial: El acto de revisión

Aunque la IA pueda generar textos impecables en forma, carece de vivencia, de ética y, sobre todo, de intencionalidad, características del ser humano. Es aquí donde el profesional debe reclamar su espacio. La IA como herramienta puede entregarnos un borrador, pero es el criterio humano el que debe someterlo a una revisión rigurosa.

En un mundo donde la mediocridad y lo ordinario parece campear y conformarse con lo "suficiente", el compromiso con la excelencia se vuelve un acto de resistencia. No se trata de usar la IA para sustituir el pensamiento, sino para potenciarlo. Como siempre sostengo, la tecnología debe ser guiada por la lógica archivística y el marco legal, pero, sobre todo, por el alma de quien firma el documento.

La resistencia ante lo superficial

A menudo, quienes han dedicado la vida al estudio profundo, a la profesionalidad son vistos con cierta cautela o distancia. Se les etiqueta, se les aparta o se les teme por "saber más". Pero hoy, más que nunca, ese conocimiento es el que permite distinguir el grano de la paja en un océano de contenidos automatizados.

No es momento de "tirar la toalla". Al contrario, es el momento de ocupar estos espacios digitales para demostrar que, si bien todos pueden escribir, la verdadera autoría nace de la responsabilidad, la revisión y esa "intuición guiada" que solo dan los años de experiencia.

La IA ha puesto el pincel en manos de todos aquellos con acceso a las nuevas tecnologías; nos corresponde asegurar que lo que se pinte tenga valor, verdad y trascendencia.

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¿Hasta que punto la IA interviene en la autoría de un texto?

¿Quién es el autor de un texto cuando todo el mundo utiliza inteligencia artificial?https://www.gazetadopovo.com.br/
Por Laboratorio Gazeta do Povo



Los avances en IA deberían cambiar profundamente el concepto de autoría.
 (Foto: EFE/EPA/Csaba Krizsan)

Durante siglos, la autoría ha sido privilegio, carga y misterio. Homero (si existió como individuo y no como marca colectiva de la tradición oral griega) inauguró el problema legándonos obras cuyo verdadero origen sigue en disputa, como una catedral cuyo arquitecto nadie puede nombrar. Shakespeare enfrentó acusaciones póstumas de que sus textos fueron escritos por Bacon o Marlowe. Los escritores fantasmas de presidentes y celebridades han demostrado que el nombre de la portada no siempre coincide con la mano que escribió. La diferencia es que, hasta ahora, siempre hubo una mano humana en algún momento del proceso. Siempre había carne, huesos, inseguridad y café frío en la mesa. Esa cómoda certeza acaba de ser revocada.

Con la llegada de los grandes modelos lingüísticos (GPT, Claude, Gemini y sus sucesores cada vez más sofisticados), cualquier persona con acceso a Internet y una idea mínimamente articulada puede generar textos que van desde competentes hasta brillantes, desde informes técnicos hasta ensayos filosóficos, desde sonetos hasta opiniones jurídicas. El impacto en el concepto de autoría es sísmico, no porque la máquina haya llegado a “pensar” (un debate que las mentes más competentes aún no han resuelto), sino porque producto generado se ha vuelto, en muchos casos, indistinguible del elaborado por los seres humanos. Y cuando el resultado es el mismo, surge la pregunta con fuerza de citación judicial: ¿qué queda del autor?

Propongo aquí la siguiente tesis: la autoría está migrando del centro a los extremos. Históricamente, ser autor significaba concebir la idea, investigar, estructurar el argumento, elegir las palabras, revisar y firmar. Fue un proceso artesanal, doloroso, íntimo, análogo al del escultor que arranca la forma del mármol con sus propias manos. La inteligencia artificial comprime violentamente este proceso y desplaza el valor a dos extremos que, irónicamente, siempre han sido los más importantes (aunque los menos visibles): diseño creativo y el firma. El núcleo, que durante siglos consumió la mayor parte del sudor, se volvió automatizable. Sin embargo, el conjunto de ideas y premisas sobre las que se desarrolla la narrativa no puede automatizarse.

Tratemos el tema de la concepción. Un modelo de lenguaje, por avanzado que sea, no se despierta por la mañana con ganas de escribir sobre geopolítica. No tengas insomnio por una frase mal resuelta. No siente el malestar físico de una contradicción lógica que se le escapa. Necesita instrucciones, a prompt. Y el prompt. Una buena estructura exige del autor exactamente lo que siempre ha distinguido lo memorable de lo que no es importante: claridad de pensamiento, capacidad para formular preguntas precisas y visión del conjunto. Una instrucción vaga produce texto genérico. Una instrucción brillante produce material que, refinado y firmado, puede rivalizar con lo mejor del oficio. La concepción creativa, por tanto, no desaparece. Enfoque. Destilados. Se convierte en la materia prima sin la cual la máquina no produce nada relevante. Es el fuego sin el cual el horno no es más que un agujero oscuro.

Pasemos a la firma, que es donde la cuestión se vuelve verdaderamente grave. Aparecer el propio nombre en un artículo, informe, ensayo o novela es un acto que trasciende la mera identificación de origen. Es la asunción pública de la responsabilidad por el contenido, el equivalente moral de plantar la bandera en el territorio y decir: “Respondo por esto.” El autor que suscribe un documento pone en juego su reputación, su credibilidad y, en determinados contextos, su carrera. Hay que recordar que la inteligencia artificial no firma nada. No es responsable de errores fácticos, no enfrenta demandas por difamación y no sufre vergüenza pública por un argumento defectuoso. La IA es la escritor fantasmaperfecto: competente, incansable y absolutamente irresponsable, en el sentido técnico que no tiene ninguna responsabilidad que asumir. Escribe como un mercenario que lucha sin patria.

La firma, por tanto, se convierte en el sello de responsabilidad que separa la producción maquinal de la autoría misma. Y abarca no sólo el acto de firmar, sino todo el trabajo curatorial que lo precede: verificar los hechos, ajustar la estructura, insertar toques personales (esa metáfora inesperada, ese corte quirúrgico en un párrafo verboso, toda esa reformulación de un pasaje que la máquina construyó competentemente, pero sin alma). Es esta obra “al final”, concepción y firma con todo lo que ambas implican, la que tiende a constituir cada vez más la esencia de la autoría. El resto es mampostería. Importante, pero no es arquitectura.

Tres escenarios

Pero el futuro, como siempre, no es monolítico. Al menos tres escenarios se vislumbran en el horizonte, y ninguno de ellos es particularmente reconfortante para quienes se ganan la vida escribiendo como oficio. Cada uno de ellos lleva, a su manera, la sombra de una revolución sin manifiesto.

En el primer escenario, el da coautoría transparente, se consolida un estándar para declarar el uso de IA. El autor concibe, la máquina ejecuta, el autor refina y firma. La autoría se vuelve análoga a la dirección cinematográfica: el director no opera la cámara ni compone la banda sonora, sino que es su visión, su responsabilidad y el nombre en los créditos. Nadie acusa a Kubrick de no tocar todas las notas Así habló Zaratustra en la inauguración de 2001; el genio estaba en la elección, no en la ejecución. La transparencia preserva la confianza y el valor migra al diseño y la curación. Es el escenario más civilizado. Y por tanto lo menos probable.

En el segundo escenario, el de la simulación generalizada, el uso de la IA se vuelve tan difuso y encubierto que la distinción entre texto humano y texto generado se disuelve en irrelevancia práctica. Los artículos académicos, las opiniones jurídicas e incluso las novelas se producen ahora con ayuda de máquinas no declaradas, y a la sociedad, por fatiga o conveniencia, ya no le importa. La autoría se reduce a una cuestión de marca: importa menos quién lo escribió y más quién tiene el nombre y la reputación. Los escritores se convierten en curadores de contenidos, una especie de “director artístico de palabras” cuya competencia esencial es el discernimiento, no la escritura. Contiene una cruel ironía: la era de la información infinita también puede ser la de la autenticidad extinta. El mundo repleto de textos se convierte en un mundo huérfano de autores.

En el tercer escenario, el de la bifurcación radical, surge una brecha entre dos mundos. Por un lado, la producción utilitaria (informes, contratos, manuales técnicos) se delega casi en su totalidad a la IA, y los humanos actúan como supervisores y firmantes. Por otra parte, la escritura artesanal, enteramente humana, empieza a ser valorada como un bien de lujo, análogo a lo que justifica que un reloj Patek Philippe sea mucho más caro que un Casio: ambos indican la hora, pero sólo uno está hecho a mano. La marca “escrita por un ser humano” se convierte en un sello de distinción, un análogo literario de lo “orgánico”. Y la autoría se divide en dos castas separadas por un abismo de prestigio y precio. Uno escribe para comunicarse. El otro escribe para existir.

La IA no amenaza a quienes piensan con originalidad, porque la originalidad es precisamente lo que la máquina no fabrica por sí sola.

Los tres escenarios conducen, por caminos diferentes, a la misma pregunta incómoda: ¿quiénes son las víctimas a largo plazo de esta redefinición?

La respuesta no está donde la mayoría de la gente imagina. Los grandes autores, aquellos cuya voz es inconfundible y cuya reputación actúa como sello de calidad, sobrevivirán y, en ciertos casos, prosperarán. La IA no amenaza a quienes piensan con originalidad, porque la originalidad es precisamente lo que la máquina no fabrica por sí sola. Montaigne no sería reemplazado por un algoritmo, porque lo que hizo de Montaigne Montaigne no fue la mecánica de la prosa, sino la mirada única, irrepetida e irrepetible al mundo. San Agustín no escribió el Confesiones porque dominaba la retórica latina (aunque la dominaba como pocos): las escribió porque ninguna otra alma había experimentado esa conversión. Los looks únicos, por definición, no se replican. No se entrenan solos. Ellos no suben.

Las verdaderas víctimas serán los profesionales del texto intermedio: escritores competentes pero reemplazables, productores de contenidos estandarizados, académicos cuya contribución radica más en la compilación que en la innovación. Es la vasta clase media de escritores profesionales la que se enfrentará a la competencia de un oponente que no duerme, no cobra horas extras, no sufre bloqueo de escritor y nunca pide un aumento. La historia enseña con brutalidad pedagógica: lo que la máquina puede hacer “bastante bien”, la máquina termina haciéndolo. La imprenta de Gutenberg no eliminó a los escribas, sino que los hizo innecesarios. El telar eléctrico no mató a la fábrica de tejidos, sino al tejedor.

Si ya no es posible saber con certeza quién escribió realmente un texto, ¿cómo podemos calibrar la confianza depositada en él?

Pero aquí está la paradoja que salva a la historia de ser una mera elegía: la misma tecnología que aplasta el texto genérico libera al pensador original. Quienes antes dedicaban horas a la mecánica de la escritura ahora pueden dedicar ese tiempo a lo que realmente importa: la idea, la estructura, la visión. Un investigador de Boa Vista con una hipótesis brillante y acceso a un modelo de lenguaje puede hoy producir un artículo de calidad formal equivalente al de un profesor de Oxford con tres asistentes y una habitación con chimenea. La IA, en este sentido, funciona como el polvo de la escritura: derriba paredes, pero también abre caminos. Lo que una vez fue privilegio de quienes dominaban el oficio de escribir se vuelve accesible para quienes dominan el oficio de pensar. Y eso no es poca cosa. Es una revolución.

Hay, sin embargo, una víctima más sutil y quizás más grave que la clase media de la escritura: la propia relación del lector con la verdad. Si ya no es posible saber con certeza quién escribió realmente un texto, ¿cómo podemos calibrar la confianza depositada en él? La firma, defendida aquí como fundamento último de la autoría, sólo funciona mientras existan consecuencias reales para quienes firman falsedades o mediocridades. Es el principio que rige el ius gentium y toda forma de pacto: la palabra sólo es válida porque puede costar algo a quien la pronuncia. El día que la firma se convierta en una mera formalidad (y no en un acto de valentía, responsabilidad y compromiso de la propia reputación), habremos perdido algo que ningún algoritmo puede devolvernos. Habremos conservado el nombre en la fachada, pero evacuamos el edificio.

Y que nadie se deje engañar por la promesa de herramientas de detección, esos supuestos oráculos algorítmicos que pretenden distinguir el texto humano del texto de máquina. Ellos mismos están impulsados por inteligencia artificial, y su falibilidad ya ha superado lo vergonzoso para llegar a lo ridículo. En 2023, múltiples plataformas de detección sometieron el discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln a un escrutinio estadístico y el veredicto fue casi unánime: texto generado por inteligencia artificial, con probabilidades superiores al 96%. Lincoln, quien redactó el discurso en Washington y lo revisó ya en Gettysburg, donde yacían enterrados miles de hombres, fue convertido retroactivamente en un algoritmo. La Declaración de Independencia de los Estados Unidos logró un resultado similar. La ironía no es sólo cómica; es estructural.Las herramientas que deberían protegernos de la indistinción entre lo humano y lo artificial son en sí mismas incapaces de hacer la distinción. Cuando lo mejor de la prosa humana es estadísticamente indistinguible del texto generado, el detector no revela el fraude del escritor; revela el suyo propio. Como observó una profesora estadounidense ante el caos que estas herramientas han provocado en sus aulas: “Es muy extraño, porque la universidad está usando IA para decirnos que estamos usando IA”“Es muy extraño, porque la universidad está usando IA para decirnos que estamos usando IA.”“Es muy extraño, porque la universidad está usando IA para decirnos que estamos usando IA.”

Quizás, sin embargo, haya motivos para un optimismo cauteloso. Toda ruptura tecnológica importante provoca, al principio, la sensación de que el cielo se está cayendo. La fotografía iba a matar la pintura, y no lo hizo, sino liberándola del deber de representar fielmente el mundo, inaugurando el impresionismo, el expresionismo y todo el arte moderno. El cine mataría al teatro, y no lo hizo: el teatro sobrevivió precisamente porque ofrecía lo que la pantalla no puede: presencia, riesgo, improvisación, el vértigo de lo irrepetible. El audiolibro y el podcast Tampoco mataron el libro impreso. Hay aquí un patrón, y es éste: la máquina que automatiza lo trivial no destruye el arte; lo purifica, lo concentra, lo obliga a ser lo que sólo él puede ser. Como el fuego que, al consumir el bosque seco, permite que los troncos más fuertes respiren.

Al final, la pregunta decisiva no es “¿quién escribió este texto?”, sino “¿quién se atrevió a pensarlo, quién lo refinó con sus propias manos y quién le pone su nombre, sabiendo que el nombre es fianza?” La autoría, despojada de sus atributos mecánicos, se revela como aquello que siempre ha estado en su esencia más radical: no un oficio, sino una vocación; no una técnica, sino un acto de valentía.

Cuando Cicerón subió a la tribuna para defender al poeta Arquias, no argumentó que la poesía fuera útil ni que los versos bien formados sirvieran al Estado. Argumentó que las letras son lo que queda cuando todo lo demás perece. “Estos estudios nutren la juventud, consolan la vejez, adornan la prosperidad y ofrecen refugio en la adversidad.” Dos mil años después, la defensa sigue en pie y el desafío que plantea se ha agudizado, no menos. La máquina puede interpretar el verso, pero no puede subir hasta la tribuna. Puede compensar el período, pero no puede poner en riesgo la reputación. Puede imitar la forma, pero desconoce la incomodidad que la precede.

Escribir es pensar lentamente. Es aceptar que la frase resiste antes de ceder. Se trata de habitar el intervalo entre lo que uno quiere decir y lo que puede decir, y en este intervalo descubrir, como descubrió Agustín ante Dios, que el acto de nombrar es ya el acto de comprender. Ninguna máquina vive en ese rango. Ninguna máquina lo necesita. Y es precisamente allí, en este malestar irreductible entre intención y palabra, donde la autoría no encuentra su último refugio, sino su ciudadela.

La máquina escribe. El autor existe, firma y responde. Y entre la escritura y la firma media el abismo que separa el ingenio del coraje, el cálculo de la convicción, el producto de la obra. Este abismo tiene un nombre antiguo. Se llama autoría. Y mientras haya quienes lo crucen, la palabra humana no tendrá sustituto.

Lindolpho Cademartori é diplomata de carreira desde 2006 e mestre em Diplomacia pelo Instituto Rio Branco, do Ministério das Relações Exteriores. Suas opiniões são estritamente pessoais e não necessariamente refletem as do MRE.

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Qué cambia con la automatización de documentos con IA

Automatización de documentos con IA en la práctica

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Cuando una operación todavía depende de la lectura manual de contratos, facturas, formularios y comprobantes, el coste no sólo aparece en la nómina. Surge de retrasos en las aprobaciones, retrabajos, discrepancias en los registros, el riesgo de cumplimiento y la dificultad de escalar los procesos sin ampliar el equipo. Es en este punto cuando la automatización de documentos impulsada por IA deja de ser una iniciativa de eficiencia única y se convierte en una palanca concreta para el rendimiento operativo.

Para las empresas medianas y grandes, el tema no se trata sólo de escanear archivos o aplicar OCR básico. La ganancia real ocurre cuando la organización puede capturar, interpretar, clasificar, validar e integrar datos documentales en los flujos comerciales de forma segura y con gobernanza. En otras palabras, el documento deja de ser un archivo estacionario y comienza a alimentar decisiones, sistemas e indicadores casi en tiempo real.

Qué cambia con la automatización de documentos con IA

En muchas empresas, los documentos continúan circulando entre correo electrónico, carpetas compartidas, ERP, hojas de cálculo y validaciones humanas. Este escenario crea cuellos de botella predecibles: colas operativas, baja trazabilidad, inconsistencia de datos y dependencia del conocimiento tácito de ciertos equipos.

Automatización con inteligencia artificial actúa precisamente donde la automatización tradicional suele fallar. Las reglas fijas funcionan bien cuando el documento siempre tiene el mismo patrón. Pero la realidad corporativa incluye diseños variados, mala calidad de imagen, campos no estructurados y frecuentes excepciones. Los modelos de IA pueden manejar mejor esta variabilidad identificando el contexto, extrayendo entidades relevantes y aumentando la tasa de aciertos incluso en entornos más complejos.

Esto no significa eliminar la revisión humana en todos los casos. En operaciones críticas, el diseño más eficiente a menudo combina IA para detección, extracción y validación previa con pasos de conferencia para excepciones, valores confidenciales o documentos con baja confianza. El resultado es una operación más rápida sin renunciar al control.

Donde la automatización genera el mayor impacto

Los casos de uso más maduros aparecen en áreas que procesan grandes volúmenes de documentos y enfrentan presión por los plazos, la precisión y el cumplimiento. Las áreas financieras, legales, de compras, de recursos humanos, de operaciones, logísticas y de servicios a menudo concentran oportunidades relevantes.

En las cuentas por pagar, por ejemplo, la IA puede capturar datos de facturas y recibos, identificar proveedores, fechas de vencimiento, centros de costos y discrepancias con las órdenes de compra. En derecho, puede apoyar la lectura inicial de contratos, adendas y documentos corporativos, destacando cláusulas, fechas y partes involucradas. En RRHH, agiliza la admisión, la verificación de registros y la gestión de pruebas. En operaciones logísticas, reduce el tiempo empleado en zurdos, pedidos de transporte y comprobantes de entrega.

La conclusión es que el valor no está sólo en la extracción de texto. Está en la capacidad de transformar el contenido documental en datos operativos utilizables, integrados en procesos y métricas de negocio.

Cómo estructurar un proyecto sin crear más complejidad


Un error común es tratar la iniciativa como una compra de herramientas. En entornos corporativos, esto rara vez resuelve el problema por completo. La automatización de documentos con IA se basa en la arquitectura, la integración, gobernanza de datos y una definición clara de dónde se capturará el rendimiento financiero.

El camino más consistente comienza con priorizar los flujos con mayor impacto. No es necesario automatizar primero todos los procesos documentales. Tiene más sentido elegir operaciones con alto volumen, un estándar mínimamente conocido, esfuerzo manual relevante e indicadores claros de costo, tiempo o error. Este recorte permite validar el enfoque sin dispersar la inversión.

A continuación, debes mapear el ciclo completo del documento. Dónde ingresa, en qué formato llega, qué campos importan, qué reglas comerciales deben aplicarse, qué sistemas consumen la información y qué excepciones requieren un trato humano. Sin esta vista, la IA puede incluso extraer datos correctamente, pero la operación permanece estancada en el siguiente fragmento.

OCR, IA e integración no son lo mismo


Muchas empresas ya han probado el OCR y han concluido, prematuramente, que la automatización de documentos tiene bajos rendimientos. El problema, en general, no está en la idea, sino en el diseño técnico. OCR convierte imagen en texto. La IA interpreta el contexto y estructura la información. La integración conecta este resultado con los sistemas corporativos. Sin estos tres elementos trabajando juntos, la solución tiende a estar a medio hacer.

También vale la pena considerar el tipo de documento. Los formularios estandarizados permiten una mayor previsibilidad. Los contratos, correos electrónicos adjuntos, declaraciones y documentos heterogéneos requieren modelos más sofisticados y una capa de validación más cuidadosa. El diseño óptimo depende de la criticidad del proceso y de la variabilidad del material de entrada.

La gobernanza y la seguridad deben llegar pronto

En las operaciones comerciales, los documentos casi siempre contienen datos financieros, corporativos o personales confidenciales. Por tanto, la seguridad no puede tratarse como un paso posterior. El control de acceso, el registro de auditoría, la segregación ambiental, la retención de archivos, las políticas de enmascaramiento y el cumplimiento normativo han sido parte del proyecto desde el principio.

Este punto es decisivo principalmente para los sectores regulados o para las empresas que necesitan demostrar la trazabilidad de las decisiones. La extracción automatizada sin una pista auditable puede incluso acelerar la operación, pero crea fragilidad en el cumplimiento. Escalar de forma segura requiere una arquitectura bien definida y una gobernanza aplicada.

Cómo medir el rendimiento de la automatización documental

Los proyectos corporativos de IA pierden impulso cuando se ven atrapados en una promesa genérica de innovación. Para obtener prioridad ejecutiva, la automatización de documentos impulsada por IA debe traducirse en indicadores objetivos.

Los más directos son el tiempo medio de procesamiento, el coste por documento, la tasa de error, el volumen por analista, el tiempo de respuesta al cliente interno o externo y el porcentaje de automatización con intervención humana. En algunos casos, la mayor ganancia aparece en la reducción de multas, inconsistencias fiscales, retrasos en los pagos o fallos de registro. En otros, surge de la capacidad de absorber el crecimiento sin expandir la estructura operativa en la misma proporción.

También es importante medir la calidad de los datos generados. Si la automatización acelera la entrada de información al ERP, al lago de datos o a las cintas de correr analíticas, la empresa tiene una base más confiable para generar informes, realizar pronósticos y tomar decisiones. Este efecto secundario suele subestimarse, aunque tiene un impacto significativo madurez operativa.

Qué tener en cuenta antes de escalar


No todos los pilotos exitosos están listos para la expansión. El escalamiento requiere evaluar la estabilidad del modelo, el rendimiento con nuevos diseños, el manejo de excepciones, el costo computacional, la integración con entornos heredados y la gobernanza de actualizaciones.

Otro punto es la participación de las áreas de negocio. Cuando la operación no participa en la definición de reglas, criterios de validación y métricas de éxito, la solución puede volverse técnicamente correcta y operativamente no adherente. La automatización funciona mejor cuando la tecnología, los datos y los procesos se piensan juntos.

También hay un aspecto estratégico: algunas empresas buscan ganancias rápidas en un área específica, mientras que otras necesitan una base corporativa para múltiples flujos de documentos. El primer escenario favorece entregas más cortas y focalizadas. El segundo exige una arquitectura más amplia capaz de sostener la escala, la reutilización y la estandarización en todas las unidades o departamentos. No existe un modelo único. Existe el diseño que mejor se adapta a la etapa de madurez y urgencia del negocio.

Automatización de documentos con IA como capacidad empresarial

Cuando se implementa bien, esta automatización no es solo un recurso operativo, sino que se convierte en una capacidad transversal que tiene un impacto en la eficiencia, la calidad de la información, el cumplimiento y la velocidad de respuesta. Las empresas que tratan los documentos como una fuente estructurada de datos pueden reducir la fricción interna y responder mejor a las demandas de auditoría, expansión y digitalización de los viajes.

En este contexto, cobra relevancia la combinación de inteligencia artificial, arquitectura de datos e integración en la nube. No basta con extraer información de un archivo. Esta información debe circular de forma segura entre sistemas, paneles, motores de decisión y flujos automatizados. Ahí es donde un enfoque consultivo marca la diferencia, conectando la tecnología con el resultado esperado del área de negocio.

ST IT Cloud trabaja precisamente en este tipo de transformación, combinando IA aplicada, ingeniería de datos, nube y visión operativa para estructurar soluciones escalables y gobernadas. Para las organizaciones que necesitan reducir los cuellos de botella sin crear islas tecnológicas, esta alineación entre estrategia y ejecución marca la diferencia.

El punto más valioso, al final, es no procesar documentos más rápido por sí solo. Se trata de crear una operación capaz de crecer con menos fricción, menos errores y más inteligencia aplicada en cada etapa decisional.

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