¿ARCHIVOLOGO, ARCHIVERO, ARCHIVISTA...?

>>  martes, 19 de marzo de 2013

¿Mi investigación?…No, tu investigación
http://archivisticayarchivos.wordpress.com
A todos esos investigadores que afortunadamente valoran el trabajo de los archiveros.

En la actualidad el archivero es, sin duda alguna, uno de los trabajadores más desconocidos de todo el espectro profesional. Desconocido no sólo porque directamente en ocasiones no se tiene conciencia sobre su existencia –de hecho es verdad que muchas veces no existe, aunque debiera-, sino porque, cuando se asume su presencia en los archivos –otros espacios inquietantes para la mayoría de la población-, pocas personas, independientemente de su situación social, económica o formativa, serían capaces de decirnos más de dos –o una, en el peor de los casos-, de las funciones que debe realizar.

Sin embargo, lo peor de toda esta situación –aún tratándose de un panorama general negativo para la profesión en sí misma-, no es que el potencial usuario de a pie no sepa ni de la existencia de archiveros ni del trabajo que éstos realizan. No. Más problemático aún es que muchos usuarios de archivos –no todos afortunadamente- tampoco tengan del todo claro cuáles son las funciones encomendadas a estos profesionales, requiriendo servicios que sobrepasan las labores que éstos han de realizar, queriéndolos convertir en verdaderos secretarios para todo. Claro… para todo lo que sea satisfacer sus urgentes –para ellos- demandas de información que no de documentación. Porque sí, otro problema es que muchas veces se confunden estos dos conceptos, ya que no es lo mismo demandar información y que solicitar documentación.

Me detendré de una manera específica en una situación hipotética pero, paradójicamente, muy real y fácilmente identificable por todos los archiveros: un investigador llega al archivo y solicita toda la información que haya sobre un tema determinado. Pero claro, no tiene mucho tiempo para hacer las búsquedas, demandando que la realicemos los archiveros, y cuando esté preparada se lo hagamos saber; o mejor aún, que le enviemos la documentación seleccionada por correo electrónico si está digitalizada porque está muy ocupado con sus trabajos de investigación y no puede “perder el tiempo”. Sí, porque es muy habitual que, a pesar de la pasión y urgencia que demuestran, investigar sobre su propio tema de estudio les parece incomprensiblemente una “pérdida de tiempo”. O eso, o no conocen el significado del verbo “investigar”, que no es otro que “hacer diligencias para descubrir algo”. Pero claro, lo fácil es descubrir algo que otro ha descubierto para tí o ha investigado por ti. Esta secuencia de hechos -hipotética pero muy real- la he vivido en primera persona, razón por la que puedo imaginar que también ha sido soportada por otros tantos archiveros. De hecho, este breve texto surge a partir de la lectura de un mensaje remitido por el archivero don Eduardo Jáuregui a la lista de distribución ARXIFORUM durante el mes de febrero, mensaje con el que me sentí identificado y que hacía referencia a una situación similar a la descrita.

Pues bien, esa situación descrita -hipotética y extrema-, pero ya digo que muy real en más de una ocasión, pone de manifiesto que se tiene algo confusa la función de “referencia” –término que utilizo por aproximación al usado en el trabajo bibliotecario- que ha de llevar a cabo el archivero. Éste, indiscutiblemente y como parte de su trabajo, debe orientar y asesorar al usuario –sea o no investigador- para que lleve a buen término su búsqueda, consulte los documentos y obtenga, en última instancia, la información que necesita. Tal como señala el Código Ético difundido por el ICA, los archiveros “…deben responder cortésmente y con espíritu de servicio a todas las consultas razonables…” El archivero elabora los instrumentos de descripción, conoce la documentación y conoce los fondos y colecciones. Sobre esta base mejor que nadie podrá indicar al interesado hacia dónde puede dirigir sus pasos consultando este o aquel fondo, sección o serie documental. Esta es una función que se asume como habitual y lógica. La orientación del usuario, primero personalmente y después a través de los instrumentos de descripción que se hayan confeccionado en cada archivo, siempre ha de ocupar un lugar preferente en la actividad de archivero, pudiéndose considerar una manera de formar y acercar al usuario al mundo archivístico.

Ahora bien, ¿está entre sus cometidos llevar a cabo investigaciones de otros? ¿Debemos asumir que TU investigación es MI investigación? Algunos investigadores –repito que no todos afortunadamente-, quiero pensar que en la mayoría de las ocasiones llevados por el entusiasmo con que viven su actividad y su tema de investigación, piensan que todos estamos interesados en él -de hecho seguro que lo estamos pero con limitaciones- e intentan hacer partícipes a todos –y especialmente a los archiveros- de su trabajo, llegando incluso a considerar que el grado de interés de éstos es el mismo que el suyo y, consecuentemente, errando al pensar que su trabajo, su investigación, es también el de aquéllos. En el peor de los casos la lógica limitación del grado de participación del archivero en investigaciones de apasionados usuarios puede hacer que éstos, por incomprensión, consideren que se les ponen obstáculos, que se les limita su capacidad de consulta o que se les “esconde” documentación, con las repercusiones negativas que ello puede tener para la imagen del archivo y la profesionalidad de los archiveros.

Indiscutiblemente no es trabajo de un archivero hacer investigaciones para otros. Es ofrecer los instrumentos necesarios para que otros puedan realizarlas. Es poner en manos de los investigadores catálogos, guía e inventarios. Es ofrecer un buen servicio de orientación y asesoramiento. Es hacer más fácil el recorrido por el archivo…pero no recorrer el archivo por ellos. Cada investigador ha de descubrir su propio camino en el archivo recorriendo sus anaqueles o su catálogo vía web. Primero necesitará orientación, pero más tarde emprenderá caminos de manera autónoma.

Por su parte, los archiveros han de realizar sus propias investigaciones para conocer mejor sus fondos y colecciones. Han de trabajar para que esas investigaciones propias tengan reflejo, en la medida de lo posible, en su trabajo diario para así poder ofrecer un mejor servicio a sus usuarios. Cada uno tiene su parcela de investigación. Ni mi investigación es su investigación; ni su investigación es mi investigación.

Autor: Fernando Betancor PérezA rchivero, Licenciado en Documentación (UC3M), Especialista Universitario en Archivística (UNED), Licenciado en Geografía e Historia (ULL)Publicaciones

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