Militantes anónimos ocultaron
los archivos de los partidos de izquierda el 23-F
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FECHA: 23/02/2011
AUTOR: RAFAEL FRAGUAS
Se temía que el golpe de
Estado desencadenara una feroz represión contra los militantes, a pesar de que
se habían legalizado cuatro años antes.

El destino de miles de
personas fue puesto a salvo por una serie de personas, militantes de partidos
políticos de izquierda y muchas de ellas amantes del anonimato, que en la tarde
del 23 de febrero de 1981
recogieron velozmente los archivos donde constaban
las filiaciones de aquellas y los escondieron o retuvieron en lugares seguros,
a veces pintorescos. Fue el caso de Rosa de Lima T., entonces militante y
trabajadora en la sede del Comité Provincial del Partido Comunista de España,
en la calle de Campomanes, 7.
Los
partidos políticos estaban legalizados desde cuatro años antes pero, en
aquellos momentos de incertidumbre, todo el mundo temía que el golpe triunfara
y los golpistas desencadenaran una feroz represión contra militantes de
izquierda. En el fichero del PCE, con certeza inmediato blanco de la ira de los
golpistas de prosperar la intentona, figuraban los domicilios, teléfonos y
cuotas de varios miles de militantes comunistas más de 12.000 entre los que se
incluían trabajadores, residentes en Madrid, de todas las ramas de la
producción, desde Artes Gráficas a la Construcción, así como estudiantes y
profesionales liberales. Entre estos se hallaban registrados más de dos mil
docentes, un centenar largo de abogados, otros tantos economistas, así como
periodistas, médicos, arquitectos e ingenieros. "Había más de 400
funcionarios, incluso un pequeño grupo del selecto cuerpo de Abogados del
Estado, que pagaba sus cuotas tan religiosamente como los obreros de la Perkins", explica
Rosa con una sonrisa.
¿Qué hizo con el fichero?
"Tras unos momentos de angustiosa incertidumbre", explica la entonces
militante del PCE,
"cogí los archivadores y los metí en mi automóvil, un
utilitario de color bastante vistoso, por cierto". Una vez dentro de su
coche, un Seat 1430 naranja, Rosa se encaminó hacia su casa, entonces en las
inmediaciones de la glorieta de Bilbao, y lo estacionó en una calle próxima a
la de Luchana con el archivo del PCE dentro. "Me asaltaban muchas dudas
sobre qué hacer con un material tan delicado en aquellos momentos en los cuales
el destino de miles de personas peligraba y que la fatalidad había puesto en
mis manos", dice con una mirada de agobio. "Fue entonces cuando
decidí que entre tanto automóvil, el mío pasaría inadvertido y que quizás el
mejor lugar para ocultar aquella informaciòn era, precisamente, el interior de
mi coche". ¿Recibió instrucciones de la dirección de su partido para esconder
el fichero? "No, nadie me dijo entonces nada, pero era de sentido común
hacer lo que hice, pues yo llevaba el fichero como responsable de organización
de Administración Pública".
En la sede del Partido
Socialista Obrero Español, en la calle de Santa Engracia 165, la consternación
recorrió sus cinco plantas. "La mayor parte de nuestra Ejecutiva se
hallaba secuestrada por Tejero dentro del Congreso de los Diputados",
explica M. P. una militante y empleada del partido, que junto con otras treinta
personas, aproximadamente, se hallaba aquella tarde dentro del edificio. El
ejecutivo de guardia era José María Maravall, sería posteriormente ministro de
Educación y Ciencia, muy afectado entonces por la gravedad de los sucesos.
"Cuando conocimos lo que había sucedido en las Cortes, nuestra primera
preocupación se hallaba justo enfrente de nuestras ventanas, ya que las calles
de Maudes, María de Guzmán y aledañas estaban habitadas por militares".
Según explica esta militante, que entonces contaba con 24 años, "en mi
despacho, que daba a un patio de vecinos, con el propósito de hacerme con mi
fichero y sacarlo de allí, entré y salí a gatas de la habitación, para evitar
ser vista desde fuera": a media tarde del 23 de febrero de 1981, en
Madrid, nadie sabía qué militares secundaban el golpe."Recuerdo también
que telefoneamos a la Policía
para pedir protección para la sede socialista y se nos dijo que no estaban en
condiciones de protegernos".
Al caer la noche, la sede del
PSOE en Santa Engracia se despobló de la mayor parte de sus empleados. "Lo
único gracioso fue que cuando iba con mi compañero Castellana arriba nos
cruzamos con una columna motorizada y nos dijimos: 'esto se ha acabado, van a
hacer rendirse a Tejero', sin saber que se trataba del comandante Pardo Zancada
que acudía al Congreso para unirse a los golpistas".
Para Luis Álvarez Ude, hoy
arquitecto, a la sazón con 32 años y dirigente, entonces aún, clandestino, de la Organización
Revolucionaria de Trabajadores, ORT, las noticias del golpe
le llegaron en un bar de la calle de Juan Bravo donde conversaba con Manuel
Guedán, responsable de Relaciones Internacionales de su partido. "Desde
tiempo atrás", explica Álvarez Ude, "yo tenía a mi cargo todo el
archivo estatal de la ORT",
explica. ¿Se hallaba oculto en un lugar imaginable o inimaginable? "En
verdad resultaría imposible a cualquier persona distinta de mí descubrir dónde
se encontraba". Por esa razón, no le fue preciso esconder el fichero más
todavía. "Eso sí, un año después, con la organización casi disuelta,
decidimos depositarlo en la
Fundación Pablo Iglesias". Álvarez Ude no saldría de la
clandestinidad hasta meses después.
Jaime Pastor, responsable de la Liga Comunista
Revolucionaria, asegura que su organización puso inmediatamente a salvo
listados de militantes y simpatizantes, "si bien el material,
publicaciones e informes políticos, los dejamos en la sede, que entonces estaba
en el distrito de Carabanchel". Mediante llamadas telefónicas, convocaron
a miembros de la Liga
en las inmediaciones del Congreso. "Eso sí, aquella noche, nadie durmió en
su domicilio y nos pusimos a editar nuestro semanario Combate" en clave
antigolpista", precisa.