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Asesinato de Kennedy: Nuevas evidencias desafían la versión oficial

>>  miércoles, 29 de julio de 2026

El asesinato del presidente John Fizgerald Kennedy se niega a morir

https://noticiassin.com/
Victor Grimaldi Céspedes


El asesinato de Kennedy sigue siendo un misterio con archivos aún clasificados. Nuevas evidencias desafían la versión oficial, impulsando investigaciones continuas.La Comisión Warren concluyó en 1964 que Lee Harvey Oswald actuó solo.

Miles de documentos de la CIA y el FBI permanecieron clasificados durante décadas.
Se incorporaron al dominio público documentos conservados por Evelyn Lincoln, secretaria personal de Kennedy.

Los archivos, la CIA, el FBI y la historia que todavía espera una respuesta.

Desde 1976 he investigado de manera sistemática la política exterior de los Estados Unidos hacia la República Dominicana, el Caribe y América Latina.

Esa labor, desarrollada durante medio siglo, ha quedado reflejada en decenas de artículos periodísticos y en varios de mis libros, entre ellos Los Estados Unidos en el Derrocamiento de Trujillo, El Diario Secreto de la Intervención Norteamericana de 1965, Golpe y Revolución, Tumbaron al Jefe y otras investigaciones elaboradas, en gran medida, sobre la base de documentos oficiales desclasificados por el propio gobierno de los Estados Unidos.

Mi método de trabajo nunca ha consistido en aceptar pasivamente las versiones oficiales ni en construir hipótesis sin fundamento documental.

Por el contrario, he procurado siempre que los archivos hablen antes que las opiniones, porque la experiencia me ha enseñado que, en la historia contemporánea, la primera versión de los hechos suele responder a necesidades políticas inmediatas, mientras que la verdad histórica comienza a emerger lentamente cuando desaparecen las urgencias del momento y empiezan a abrirse los archivos reservados.

Esa experiencia no es una simple impresión personal.

Es el resultado de cincuenta años de investigación sobre algunos de los episodios más complejos de la Guerra Fría.

Cuando inicié mis estudios sobre el ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo, sobre el golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch y sobre la intervención militar norteamericana de 1965, buena parte de la documentación permanecía clasificada.

Con el paso de los años comenzaron a aparecer miles de memorandos, cables diplomáticos, informes de inteligencia y comunicaciones reservadas que ampliaron profundamente nuestra comprensión de aquellos acontecimientos.

Lo mismo ocurrió con el golpe de Estado contra Mohammad Mossadegh en Irán, con la operación que derrocó a Jacobo Árbenz en Guatemala, con la invasión de Bahía de Cochinos, con los intentos de eliminar a Fidel Castro, con el programa MKUltra, con COINTELPRO y con las actividades clandestinas reveladas posteriormente por el Comité Church del Senado estadounidense.

En todos esos casos, la historia terminó siendo mucho más compleja que la versión inicialmente presentada a la opinión pública.

Por eso nunca he aceptado la idea de que una comisión oficial pueda poner punto final a un gran acontecimiento histórico.

Los gobiernos necesitan cerrar expedientes. Los historiadores, en cambio, tenemos la obligación de mantener abiertas las preguntas mientras continúen apareciendo nuevas evidencias.

La historia no se escribe una sola vez. Se reescribe constantemente conforme aparecen documentos desconocidos, testimonios olvidados o archivos que durante décadas permanecieron protegidos por el secreto de Estado.

Esa convicción metodológica es la que me lleva, una vez más, a volver sobre el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, probablemente el acontecimiento político más investigado y, al mismo tiempo, más discutido del siglo XX.

Durante más de sesenta años, la explicación oficial del asesinato de Kennedy ha descansado sobre una premisa fundamental: Lee Harvey Oswald actuó solo.

Esa fue la conclusión de la Comisión Warren en 1964 y esa ha sido, formalmente, la posición del gobierno estadounidense.

Sin embargo, el problema histórico no consiste únicamente en conocer cuál fue la conclusión de aquella comisión, sino en preguntarse con qué información contaban sus miembros y, sobre todo, con qué información no contaban.

Hoy sabemos que miles de documentos permanecieron clasificados durante décadas; sabemos que importantes archivos de la CIA y del FBI no fueron plenamente accesibles; sabemos que numerosas operaciones clandestinas de la Guerra Fría permanecían ocultas incluso para altos funcionarios del propio gobierno.

En consecuencia, resulta metodológicamente incorrecto tratar el Informe Warren sobre el magnicidio de 1963 como si fuera una verdad inmutable, ajena a las nuevas evidencias que han ido apareciendo con el paso del tiempo.

La reciente incorporación al dominio público de los documentos conservados por Evelyn Lincoln, secretaria personal de John F. Kennedy desde su etapa como senador hasta el último día de su presidencia, confirma precisamente esa realidad.

Lincoln no era una simple secretaria administrativa. Era una de las personas que diariamente trabajaba más cerca del Presidente. Administraba su agenda, organizaba su correspondencia, custodiaba memorandos, archivaba documentos personales y conservó durante décadas materiales de enorme valor histórico.

Ningún investigador serio puede sostener que ese archivo, por sí solo, resuelve el misterio del asesinato.

Sería una afirmación insostenible. Pero tampoco puede ignorarse su importancia.

Cada nuevo documento procedente de una fuente tan cercana al Presidente permite reconstruir con mayor precisión el contexto político de aquellos años y, sobre todo, comprender mejor el funcionamiento cotidiano de una administración que vivía enfrentamientos profundos con sectores del aparato de seguridad nacional.

Paralelamente, la labor desarrollada por la Mary Ferrell Foundation ha transformado por completo el estudio del caso Kennedy.

Gracias a ese extraordinario archivo digital, millones de páginas de documentos de la CIA, el FBI, el Departamento de Estado, el Pentágono, la Comisión Warren, el Comité Church y el House Select Committee on Assassinations pueden ser examinadas hoy por investigadores de todo el mundo.

Nunca antes había existido semejante disponibilidad documental.

Esa democratización de los archivos ha permitido revisar afirmaciones que durante décadas parecían inamovibles y ha dado lugar a investigaciones mucho más rigurosas que las simples especulaciones que con frecuencia dominaron el debate público durante los años sesenta y setenta.

Entre esas investigaciones ocupa un lugar destacado el trabajo del abogado Bill Simpich, titulado The Twelve Who Built the Oswald Legend.

El propio título obliga a detenerse en una palabra cuyo significado suele malinterpretarse.

En el lenguaje de los servicios de inteligencia, una legend no es una leyenda en el sentido literario del término.

Es una identidad construida cuidadosamente para fines operacionales.

Significa elaborar un conjunto coherente de antecedentes personales, relaciones, viajes, actividades políticas y documentación capaz de presentar a un individuo bajo una determinada apariencia.

Simpich sostiene que Lee Harvey Oswald fue objeto de un proceso de esa naturaleza y que alrededor de su figura actuaron diversas personas vinculadas al mundo de la inteligencia estadounidense.

Esa tesis continúa siendo objeto de debate entre los especialistas y no constituye una conclusión aceptada universalmente.

Sin embargo, el interés de la investigación radica en que se apoya extensamente en documentos desclasificados y no únicamente en conjeturas.

Existe, sin embargo, un hecho que ningún investigador puede ignorar.

Si Lee Harvey Oswald era, como sostuvo la Comisión Warren, un individuo aislado, políticamente insignificante y sin conexiones relevantes, resulta extraordinariamente difícil explicar por qué distintas agencias federales siguieron con tanto interés cada uno de sus movimientos. Sus viajes, su permanencia en la Unión Soviética, su matrimonio con Marina Oswald, su regreso a los Estados Unidos, sus actividades en Nueva Orleans y su posterior viaje a Ciudad de México generaron un volumen documental sorprendente.

La CIA lo seguía. El FBI lo seguía. El Departamento de Estado poseía información sobre sus desplazamientos. Diversas oficinas intercambiaban datos relacionados con él. Esa desproporción entre la supuesta irrelevancia del personaje y el enorme interés institucional que despertaba constituye una de las preguntas centrales de toda la investigación histórica.

Particularmente enigmático continúa siendo el episodio de Ciudad de México, ocurrido pocas semanas antes del asesinato del Presidente. Allí aparecen llamadas telefónicas, fotografías, escuchas, informes de vigilancia y grabaciones cuya interpretación sigue siendo objeto de controversia.

El director del FBI, J. Edgar Hoover, dejó constancia en un memorando del 23 de noviembre de 1963 de que existía una grabación atribuida a Oswald cuya voz aparentemente no coincidía con la del acusado.

Ese documento, conocido desde hace años, ha dado lugar a numerosas hipótesis. No demuestra por sí mismo que hubiera existido una suplantación de identidad, pero sí plantea una duda objetiva que forma parte del expediente histórico y que todavía no ha recibido una explicación plenamente satisfactoria.

Otro aspecto que merece una reflexión serena es el papel desempeñado por Allen Dulles.

Kennedy lo destituyó como director de la CIA después del fracaso de la Invasión de Bahía de Cochinos contra Fidel Castro en 1961, convencido de que la Agencia le había ocultado información esencial sobre la operación.

Sin embargo, tras el asesinato del Presidente, Dulles pasó a integrar la Comisión Warren encargada de investigar precisamente ese crimen.

Este hecho ha sido objeto de críticas por parte de diversos historiadores debido al evidente problema de percepción que plantea. Ello no prueba ninguna responsabilidad de Dulles en el asesinato; pero sí explica por qué su participación en la investigación ha sido examinada con tanta atención por generaciones de investigadores.

Igualmente relevante resulta la figura de James Jesus Angleton, legendario jefe de la División de Contrainteligencia de la CIA.

Angleton administraba algunos de los expedientes más sensibles de la Guerra Fría y aparece repetidamente vinculado a la circulación de información sobre Lee Harvey Oswald.

Tampoco este hecho constituye una prueba de conspiración.

Sin embargo, plantea una pregunta legítima: ¿por qué un funcionario de tan alto nivel seguía con semejante interés el expediente de un personaje que, según la explicación oficial posterior, carecía de importancia estratégica?

Son precisamente esas contradicciones las que mantienen vivo el debate historiográfico.

La muerte de Lee Harvey Oswald constituye otro episodio imposible de ignorar. El hombre acusado de asesinar al Presidente de los Estados Unidos fue abatido por Jack Ruby apenas cuarenta y ocho horas después de su detención, delante de cámaras de televisión y antes de haber comparecido ante un tribunal.

Como consecuencia de ese hecho, nunca existió un juicio en el que la acusación pudiera ser sometida al contradictorio propio de un Estado de derecho.

Nunca fue posible escuchar una defensa, confrontar testigos o interrogar ampliamente al principal acusado.

La explicación oficial atribuye la conducta de Ruby a un impulso emocional. Esa sigue siendo la versión institucional.

Pero también es un hecho histórico que la muerte de Oswald impidió para siempre conocer directamente su versión de los acontecimientos.

Durante la década de 1970, las investigaciones del Comité Church modificaron radicalmente la percepción pública sobre los organismos de inteligencia estadounidenses.

Los informes del Senado revelaron programas clandestinos de vigilancia, experimentos ilegales, intentos de asesinato de dirigentes extranjeros, operaciones psicológicas y múltiples actividades incompatibles con los principios constitucionales proclamados por el propio Estado norteamericano.

Aquellas revelaciones no demostraron quién mató a John Kennedy, pero sí destruyeron la idea de que las agencias de inteligencia actuaban siempre dentro de los límites legales y de que sus declaraciones oficiales debían aceptarse sin reservas.

La historia obligó entonces a mirar el caso Kennedy con una actitud mucho más crítica y mucho más exigente.

Después de medio siglo dedicado al estudio de los documentos desclasificados de los Estados Unidos, he aprendido que el historiador no debe sustituir una versión oficial por otra versión igualmente dogmática.

Nuestra obligación consiste en seguir la evidencia dondequiera que ella conduzca.

No corresponde afirmar como hechos aquello que los documentos todavía no permiten demostrar; pero tampoco corresponde ignorar las contradicciones, los silencios y las preguntas que los propios documentos oficiales continúan planteando. Esa es la diferencia entre la investigación histórica y la propaganda.

Por eso sigo considerando que el asesinato de John Fitzgerald Kennedy continúa siendo un expediente abierto para la historia.

No porque desconozcamos completamente lo ocurrido en Dallas, sino porque cada nueva desclasificación modifica, aunque sea parcialmente, nuestra comprensión de aquel acontecimiento.

Los documentos de Evelyn Lincoln, las investigaciones de la Mary Ferrell Foundation, los trabajos de Bill Simpich y de otros investigadores, así como las sucesivas liberaciones de archivos oficiales, demuestran que el conocimiento histórico sobre este caso continúa evolucionando.

Y después de haber estudiado durante cincuenta años la forma en que los archivos norteamericanos terminaron desmintiendo numerosas versiones oficiales sobre episodios decisivos de la Guerra Fría, considero legítimo formular una reflexión que muchos ciudadanos comparten.

Después de tantos asesinatos políticos; después de tantas operaciones clandestinas cuya existencia fue negada durante años y posteriormente reconocida por los propios documentos oficiales; después de las revelaciones del Comité Church; después de los millones de páginas desclasificadas; después de los archivos recientemente incorporados de Evelyn Lincoln; y después de comprobar que la violencia política continúa siendo una realidad incluso en nuestros días, ¿quién, en su sano juicio, puede seguir creyendo que el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy fue simplemente la obra de un “pajarito solitario” llamado Lee Harvey Oswald, quien, apenas cuarenta y ocho horas más tarde, fue eliminado por Jack Ruby antes de poder explicar ante un tribunal todo cuanto sabía?

La historia, como siempre, tendrá la última palabra. Y la historia aún no ha terminado de escribir este capítulo.

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Nuevos documentos desclasificados reabren el debate sobre el asesinato de JFK

Nuevos documentos reavivan el misterio del asesinato de Kennedy

https://elcongresista.mx/
Por Axel Juárez

Nuevos documentos desclasificados reabren el debate sobre el asesinato de JFK, sugiriendo que la verdad podría ser más compleja de lo que se pensaba.

La desclasificación de archivos históricos plantea nuevas preguntas sobre el magnicidio en 1963.

El asesinato de John Fitzgerald Kennedy sigue siendo objeto de investigación y debate, a pesar de los más de sesenta años transcurridos desde aquel trágico evento. Nuevos documentos desclasificados sugieren que la versión oficial, que sostiene que Lee Harvey Oswald actuó solo, podría no ser la verdad completa.

Datos clave - Cuándo: 22 de noviembre de 1963. - Quién: John Fitzgerald Kennedy, 35º presidente de Estados Unidos. - Dónde: Dallas, Texas. - Qué: Nuevos documentos revelan información clasificada sobre el asesinato.

Durante décadas, la conclusión de la Comisión Warren ha dominado la narrativa histórica, indicando que Oswald fue el único responsable del asesinato. Sin embargo, la disponibilidad de nuevos documentos, incluidos archivos de la CIA y el FBI, ha permitido a los investigadores cuestionar la validez de esta versión. La secretaria personal de Kennedy, Evelyn Lincoln, conservó numerosos documentos que brindan un contexto más matizado del clima político y los conflictos internos de la administración en el momento del asesinato.

¿Qué revelan los documentos desclasificados? 

La desclasificación de archivos relacionados con el asesinato de Kennedy ha permitido el acceso a información antes reservada, lo que ha transformado la investigación sobre este magnicidio. Estos documentos incluyen memorandos y comunicaciones que detallan operaciones encubiertas de la Guerra Fría y la interacción de la administración Kennedy con diferentes agencias de seguridad nacional. Estos nuevos hallazgos resaltan que la narrativa oficial podría haber omitido elementos cruciales.

La importancia de la investigación continua 

El estudio del asesinato de Kennedy sigue evolucionando con cada nuevo descubrimiento. La Mary Ferrell Foundation, por ejemplo, ha creado un archivo digital accesible al público que incluye millones de páginas de documentos de diversas entidades gubernamentales. Este recurso permite a los investigadores analizar información que antes estaba fuera de alcance, ampliando el entendimiento de un evento que ha fascinado a generaciones.

A medida que surgen más datos, la reflexión sobre los hechos históricos se vuelve aún más crucial. La historia, como se ha demostrado, no es estática, y cada nueva evidencia tiene el potencial de cambiar la percepción del pasado.


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Donald Trump aseguró en su cuenta de Twitter este viernes publicará todos los documentos del asesinato de JFK

>>  viernes, 27 de octubre de 2017

Archivos de JFK revelan un plan para matar a Fidel Castro, amenazas a Oswald y otros datos
http://cnnespanol.cnn.com/

(CNN) - La CIA meditó un plan con la mafia para asesinar al presidente de Cuba Fidel Castro. Alguien llamó al FBI amenazando con matar a Lee Harvey Oswald un día antes de su muerte. Y Estados Unidos pensó en sabotear partes de aviones que iban a Cuba.

Estas informaciones son algunas de las muchas descubiertas en los documentos que reveló el gobierno de Estados Unidos relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963.
Fidel Castro muestra una foto del 5 de julio de 1968 en la que, según él, el general Ovando Candia y otros miembros del Ejército boliviano aparentemente celebran la muerte del 'Che'.

Después de que se cumpliera el plazo de 25 años, el Archivo Nacional reveló una serie de documentos relacionados con la investigación de JFK. Tras haber bloqueado la liberación de algunos archivos este jueves, Donald Trump aseguró en su cuenta de Twitter este viernes que finalmente publicará todos los documentos. Eso sí, aclaró que los nombres y las direcciones de cualquier persona que siguiera viva continuarán bajo reserva.

"Después de una estricta consulta con el general Kelly, la CIA y otras agencias, liberaré TODOS los archivos de JFK, salvo por los nombres y direcciones de cualquier persona mencionada que aún viva. Lo hago por razones de total divulgación, transparencia y para poner fin a todas y cada una de las teorías conspirativas", señaló el mensaje.

Investigadores, teóricos de conspiraciones y a cualquier interesado tienen ahora miles de documentos para examinar cuidadosamente.

A continuación algunos de los descubrimientos más importantes hasta el momento.

1. El plan de la CIA para asesinar a Castro

Un documento de 1975 de la Comisión Rockefeller que detallaba el rol de la CIA en asesinatos en el extranjero muestra que hubo planes de asesinar al presidente Castro en los primeros días del gobierno de John F. Kennedy.

El reporte dice que el secretario de Justicia Robert Kennedy, hermano del presidente, le dijo al FBI que él se había enterado de que la CIA contrató a un intermediario para “acercarse a Sam Giancana con la propuesta de pagar 150.000 dólares para contratar a una persona armada que fuera a Cuba y matara a Castro”.

El secretario de Justicia dijo que eso hizo difícil procesar a Giancana, un mafioso siciliano-estadounidense.

“El secretario de Justicia Kennedy aseguró que la CIA nunca debe volver a recurrir al uso de personas de la mafia sin primero hablar con el Departamento de Justicia porque eso haría difícil procesar a esa gente en el futuro”, señala el reporte.

El documento también dice que, tiempo después, la CIA estuvo interesada en usar mafiosos para envenenar a Castro con una pastilla.

2. El FBI fue alertado del asesinato de Oswald un día antes de su muerte

Un documento con fecha del 24 de noviembre de 1963, muestra al director del FBI J. Edgar Hoover hablando sobre la muerte de Oswald a manos de Jack Ruby.

“No hay nada más sobre el caso de Oswald, excepto que está muerto”, empieza Hoover.

El director dijo que la oficina del FBI en Dallas recibió una llamada de “un hombre que hablaba con voz calmada” señalando que era miembro del comité para matar a Oswald.

Agregó que presionaron al jefe de policía de Dallas para que protegiera a Oswald. Sin embargo, Ruby logró matarlo.

“Ruby dijo que no tenía socios y negó haber hecho la llamada telefónica a nuestra oficina en Dallas la noche anterior”, según Hoover.

Sin embargo, agregó que el FBI tenía evidencia de la culpabilidad de Oswald e interceptó sus comunicaciones con Cuba y la Unión Soviética. Dijo que estaba preocupado de que hubiera duda en la opinión pública sobre la culpabilidad de Oswald y que el presidente Lyndon Johnson designaría una comisión para investigar el asesinato.

3. Sabotaje a partes de aviones

Un documento del consejo de seguridad nacional de 1962 —antes del asesinato de Kennedy— hacía referencia a la ·Operación Mongoose”, un intento encubierto de derrocar el comunismo en Cuba.

En los minutos de una reunión secreta sobre la Operación Mongoose del 14 de septiembre de 1962, “el general (Marshall) Carter dijo que la CIA examinaría posibilidades de sabotear partes de aviones que debían ser transportadas de Canadá a Cuba”.

4. La culpa por un golpe de Estado en Vietnam del sur

Un documento secreto de 1975 de la Comisión Rockefeller subraya el testimonio del exdirector de la CIA Richard Helms.

En la transcripción, Helms dice que él pensaba que el expresidente Richard Nixon creía que la CIA era la responsable de la muerte del presidente de Vietnam del Sur Ngo Dinh Diem, que murió después de un golpe vinculado con la CIA.

“No hay ninguna evidencia de esto en los archivos de la agencia y todo el asunto ha sido… ¿cómo decirlo?… intensificado por el hecho de que el presidente Johnson solía ir por ahí diciendo que la razón por la cual el presidente Kennedy fue asesinado era que él había asesinado al presidente Diem y eso fue solo… justicia”, declaró Helms.

Luego agregó: “¿De dónde sacó esto? No lo sé”.

La declaración continúa con una pregunta a él sobre si “de alguna manera Oswald era un agente de la CIA o agente de otro tipo”, antes de que el documento se corte.

5. Un supuesto agente de inteligencia cubano dijo que conocía a Oswald

Un cable del FBI en 1967 citaba a un hombre bromeando sobre que Oswald debió haber dado un buen disparo. El supuesto funcionario cubano declaró, “oh, él era muy bueno”.

Cuando se le preguntó por qué decía eso, el funcionario dijo: ‘Yo lo conocía”.

6. Los soviéticos dijeron que el asesinato era una “conspiración organizada”

El director del FBI reenvió un memorando a la Casa Blanca en 1963 poco después de la muerte de Kennedy. El memorando, obtenido por el Comité Church y clasificado como ‘top secret’, detalla el sentido de la reacción de las fuentes estadounidenses sobre la URSS a la muerte de Kennedy.

“Según nuestra fuente, funcionarios del Partido Comunista de la Unión Soviética creyeron que hubo una conspiración bien organizada de parte de la ultraderecha de Estados Unidos para efectuar un golpe de estado”, dice el memorando. “Parecen convencidos de que el asesinato no fue obra de un hombre, sino que surgió de una campaña cuidadosamente planeada en la cual varias personas jugaron un papel”.

La fuente dijo que los soviéticos aseguraron que no había conexión entre Oswald y la Unión Soviética, y lo describieron como un “hombre armado neurótico”.

7. La CIA interceptó llamadas de Oswald a la KGB

Un memorando de la CIA del día del asesinato de Kennedy esbozaba una interceptación de la CIA de una llamada de Oswald, que en ese momento estaba en Ciudad de México, a la embajada de Rusia en México. Oswald habló con el cónsul Valeriy Vladimirovich Kostikov, un “funcionario de la KGB identificado”.

El autor del memorando dijo que el oficial de enlace del FBI le dijo que la agencia creía que la visita de Oswald era para obtener ayuda con el pasaporte o la visa.

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Archivos satélite detector de incendios Terra NASA aportan nuevos datos sobre incendio en la noche de masacre

>>  lunes, 15 de diciembre de 2014

NASA detecta incendio en la noche de la masacre de Guerrero!
http://www.notiver.com.mx/ 08/12/2014


*"Archivos satélite detector de incendios Terra NASA aportan nuevos datos sobre incendio en la noche de masacre, algo ardió toda la noche en Chilapa", indicó Eligium.

MÉXICO. (El Universal) La madrugada del 27 de septiembre de 2014 la NASA registró un fuerte incendio y que duró varias horas en Chilapa, Guerrero, informó Andreas Eligium, divulgador científico.

Mediante su cuenta de Twitter, el también astrónomo aficionado señaló que realizó una investigación con satélites detectores de incendios de la NASA, lo que arrojó "datos interesantes".

"Archivos satélite detector de incendios Terra NASA aportan nuevos datos sobre incendio en la noche de masacre, algo ardió toda la noche en Chilapa", indicó Eligium.

De acuerdo al divulgador científico, archivos sátelite de la NASA revelan algo quemándosa en Chilapa la madrugada del 27 de septiembre y no en Cocula.

La versión de Murillo Karam.

El procurador de la República, Jesús Murillo Karam informó el pasado 7 de noviembre que, según declaraciones de tres detenidos, un grupo nutrido de personas, habría sido quemado durante 14 horas en el basurero de Cocula, Guerrero.

Este 6 de diciembre, se dio a conocer por parte de los padres de los normalistas que Alexander Mora fue identificado por peritos argentinos.

Las muestras de ADN se extrajeron de un "pedazo de carne" que fue hallado en el río San Juan, en el municipio de Cocula, indicó Felipe de la Cruz, vocero de los padres.

Según De la Cruz, la parte del cuerpo de Alexander, fue extraído de un río distinto dado a conocer por las autoridades.

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Traje de Jackie Kennedy se conserva en sitio secreto de los Archivos Nacionales

>>  miércoles, 20 de noviembre de 2013

El traje más famoso del mundo sigue bajo llave
http://www.elmundo.es/ 20/11/2013


  • El Chanel que lucía Jackie ese fatídico día está en un lugar secreto
  • Se conserva en una caja libre de ácidos y a humedad constante
  • 'Es una restricción única' por deseo expreso de la esposa de JFK

  • La falda y la chaqueta rosa de Chanel que llevaba Jackie Kennedy el día del asesinato de su marido están guardadas en una habitación secreta de los Archivos Nacionales en una pequeña ciudad de Maryland.

    Se conservan con las manchas de sangre en una caja libre de ácidos y a humedad constante con su blusa, zapatos y bolso azules. Las medias de aquel día están envueltas en una toalla blanca. No se pueden exponer hasta 2103.

    Algunas de las piezas relacionadas con el asesinato de Kennedy sólo pueden ser vistas por investigadores con un permiso especial,por ejemplo el rifle de Lee Harvey Oswald o la ropa rasgada del presidente.

    Pero al icónico traje de la primera dama no tienen acceso ni los expertos de los Archivos. Jackie quiso que fuera así. En julio de 2003, Caroline Kennedy, la heredera, firmó un papel por deseo de su madre para donar todos los derechos del traje a cambio de que estuviera guardado y lejos de la vista de cualquiera durante otros 100 años.

    "Esta restricción es única", explica a EL MUNDO Miriam Kleiman, portavoz e investigadora de los Archivos Nacionales. "Cuando empecé como investigadora pedí verlo y ¡me pusieron los puntos sobre las íes!", cuenta. Una de las pocas personas que ha visto el traje en los últimos años es Martha Murphy, la encargada del acceso especial de los Archivos. Ella sólo comenta que la ropa está en "buenas condiciones".

    Cuando su marido fue asesinado, Jackie se negó a quitarse el traje ensangrentado durante horas. Su secretaria le había preparado un vestido limpio cuando llegó al Air Force One para el juramento de Lyndon Johnson, pero la primera dama lo rechazó. "No, dejadles que vean lo que han hecho", replicó.

    Llegó a la Casa Blanca a las cinco de la mañana del día siguiente con el mismo traje que el presidente le había pedido que llevara en su visita a Dallas. John Kennedy decía que Jackie estaba "espectacular" con él.

    La primera dama se lo había hecho a medida en una tienda de Park Avenue en Nueva York llamada Chez Ninon, que recibió la tela, los botones y el patrón directamente de Chanel. Jackie lo había llevado en público en al menos otras seis ocasiones, entre ellas un viaje a Londres y un reportaje en la revista 'Life'.

    A Jackie le gustaba la marca francesa, pero se había acostumbrado a comprar los trajes adaptados en la tienda neoyorquina, cosa que complacía a su suegro, que prefería que la primera dama luciera trajes hechos en Estados Unidos. Aquel día en Texas se arrepintió de haber hecho caso a su marido porque hacía demasiado calor para un traje de lana.

    El sombrero que llevaba hace 50 años desapareció en medio del caos. Su secretaria lo vio por última vez en el hospital de Dallas donde los médicos intentaron en vano resucitar al presidente.

    De vuelta a la Casa Blanca, la ayudante personal de Jackie, la dominicana Providencia Paredes, metió el traje en una caja y la madre de la primera dama, Janet, se lo quedó unos meses. Lo guardó en el ático de su casa en Georgetown y un día lo mandó a los Archivos Nacionales con una nota: "Traje y bolso de Jackie, llevado el 22 de noviembre de 1963". La tarjeta, escrita a mano en papel personalizado de Hugh Auchincloss (el segundo marido de Janet), también se conserva con un trozo del paquete en el que llegó el traje y donde se puede ver la dirección de la viuda Kennedy en la Casa Blanca.

    Se desconoce cuándo se envió el paquete, pero hay una pista: el código postal del remitente era el que se utilizaba antes de julio de 1964.

    El secretismo fue un deseo de la primera dama y coincide con el compromiso de los archivos de "salvaguardar y preservar los materiales y prevenir su uso indigno o sensacionalista, incluida la exhibición pública, o cualquier uso que pueda causar deshonra a la memoria del presidente o provocar dolor a los miembros de su familia", según explica Kleiman.

    Los Archivos Nacionales también conservan cinco millones de páginas abiertas al público general o a investigadores. Se trata de unos 5.600 centímetros cúbicos entre papeles, fotos, grabaciones y objetos relacionados con el asesinato de Kennedy.

    Muchos fueron desclasificados en 1992 gracias al revuelo que causó la película JFK de Oliver Stone, que acusaba a la CIA de orquestar el asesinato y denunciaba la cerrazón casi tres décadas después del asesinato. "Independientemente de la exactitud de la historia retratada, esta película fue exitosa en instigar el enfado popular", escribe Murphy.

    El Congreso aprobó entonces una ley sobre la colección de registros del asesinato que obligaba a identificar los documentos y publicar el máximo número posible. La colección llegó a los Archivos Nacionales el 28 de diciembre de 1992. Otras 1.100 páginas pueden ser desclasificadas en 2017. El traje tendrá que seguir esperando.

    Autor: MARÍA RAMÍREZ

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ENCUENTRAN ARCHIVOS DEL PERIODICO ST. LOUIS ARGUS Y DESCUBREN DATOS SOBRE ASESINATO HISTORICO

>>  lunes, 1 de abril de 2013

Periódicos viejos arrojan nueva luz sobre el asesinato de Emmett Till http://www.northcountrypublicradio.org/ 30/03/2013
Nuevos detalles sobre uno de los asesinatos más infames de Mississippi están saliendo a la luz - más de medio siglo después. La muerte de Emmett Till, un joven negro de 14 años de edad, quien presuntamente silbó a una mujer blanca, ayudó a provocar el movimiento de los derechos civiles.

Hasta que vivía en Chicago, y fue a visitar a sus familiares en el Delta del Mississippi cuando fue asesinado. Su cuerpo fue mutilado y arrojado a un río. El acusado fue el esposo de la mujer y su medio hermano, y su juicio atrajo a reporteros de la prensa blanco y negro.

Los investigadores han estudiado durante mucho tiempo los procedimientos judiciales. Entre ellos, Davis Houck, profesor de la Universidad Estatal de Florida y co-autor de un libro acerca de la cobertura de los medios de la prueba.

No fue sino hasta hace unos pocos años, sin embargo, que Houck aprendido otro papel negro - el St. Louis Argus - también tenía periodistas allí. Pero el archivo del diario desde ese tiempo había desaparecido.

Entonces él comenzó a trabajar con sus alumnos para localizar el Argus. Era un callejón sin salida frustrante tras otro, como microfilms de esa época no contenía la cobertura juicio. Luego, unos días atrás, tuvo un respiro. Houck y sus estudiantes descubierto los ejemplares que faltan se encontraban en un archivo histórico del estado de Missouri.

"Esto es sólo va a ser otra capa para que podamos procesar", dice. "Otra capa de lo que era ser negro en el sur de Jim Crow que cubre este caso."

Houck dice que todavía tiene que ir a través de los documentos para ver si el papel obtuvo una entrevista exclusiva con alguien o si ofrece alguna nueva pieza de evidencia.
El descubrimiento es ya un tesoro, sin embargo, con imágenes nunca antes vistas de Medgar Evers de la NAACP, así como artículos escritos durante el juicio y olvidado. Houck dice que está saboreando el hallazgo y tomándose su tiempo para leer el nuevo descubrimiento. Su búsqueda, sin embargo, aún no ha terminado.
"Hay un par de periódicos canadienses y un periódico de Londres que aún estamos buscando, y uno de Nueva York, en realidad, también", dice. "Así que estoy alentando a todas las personas que estudian la historia de los derechos civiles, vamos a seguir buscando."
Derechos de autor 2013 NPR.
Para ver más información, visite http://www.npr.org/.
Fuente: NPR
Copyright (c) 2013, NPR

Autor: Russell Lewis

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