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La Universidad de Extremadura actualiza: sustitución del grado en Información y Documentación por Documentación y Gestión de la Información Digital

>>  viernes, 21 de agosto de 2026

El renacer de la documentación en la UEx: el nuevo grado dual triplica la demanda de su predecesor con 106 preinscripciones
https://www.lacronicabadajoz.com

Mari Carmen Mateos

Últimos egresados del doble grado en Comunicación Audiovisual e Información y Documentación. / Cedida


La Universidad de Extremadura (UEx) decidió mover ficha en su tablero y la jugada parece estar saliendo bien. La Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación afronta este año uno de sus mayores retos: la sustitución del clásico grado en Información y Documentación (conocido como INDO) por un modelo de formación dual: Documentación y Gestión de la Información Digital. Un giro que no solo busca actualizar unos contenidos que daban síntomas de agotamiento, sino salvar una disciplina que coqueteaba peligrosamente con la desaparición.

Las cifras oficiales avalan el optimismo inicial del cambio. Para un título que en los últimos cursos académicos apenas lograba arrastrar algunos matriculados, las 106 preinscripciones registradas para el próximo curso suponen un balón de oxígeno. Con una oferta de 30 plazas, el interés por esta disciplina se ha triplicado en la región. De esas solicitudes, 13 corresponden a estudiantes que han elegido el grado como su primera opción y 14 como la segunda, a la espera de las listas de la PAU de julio.

De la UCI a la planta de hospital


Rocío Blas, vicerrectora de Estudiantes, Empleo y Movilidad, pone los pies en la tierra y recuerda que el examen llegará con el periodo de matriculación. "No era muy difícil superar lo que había, pero estamos muy contentos", confiesa Blas, remarcando que, ahora, lo verdaderamente importante es que esas intenciones de preinscripción se traduzcan en matrículas.

En la misma línea se mueve Dani Martín, decano de la facultad: "Era un grado que estaba en la UCI y ahora podemos decir que está en planta. Veremos si le damos el alta cuando tengamos las matrículas", afirma. Martín recuerda con crudeza que la suma total de alumnos de los últimos años, incluyendo INDO y sus dobles grados con Periodismo y Comunicación Audiovisual apenas alcanzaba los siete u ocho estudiantes.

La desaparición de INDO -cuyo primer curso ya entra en extinción- deja paso a un plan de estudios renovado. Sin embargo, el gran atractivo de la nueva propuesta radica en un formato pionero en la UEx que traslada un porcentaje significativo de la docencia a los centros de trabajo.

El valor de lo digital y el desgaste del antiguo plan

Esta transición forzosa genera sentimientos encontrados entre quienes acaban de abandonar las aulas del plan antiguo. Elena Quesada y Alberto Mejías forman parte de los últimos egresados del doble grado de seis años. Ambos miran el cambio con una dosis pareja de nostalgia y realismo.

Elena reconoce que la estructura clásica del doble grado se le hizo, por momentos, "larga y pesada", acusando una falta de modernización en asignaturas de INDO que, según su criterio, se solapaban tanto que "se podrían haber resumido en una". Pese a la crítica, la experiencia de las prácticas le cambió la perspectiva de la profesión: "Desconocía lo amplio que era este mundo. Al hacer las prácticas me di cuenta de que cualquier empresa necesita la gestión de la información, sobre todo ahora con la transición de lo escrito a lo digital", explica. Para ella, el enfoque dual es la decisión más inteligente de la universidad: "Va a hacer el grado mucho más ameno".

Incertidumbre empresarial y retos tecnológicos

Por su parte, Alberto Mejías es categórico al afirmar que la reforma era una cuestión de supervivencia: "Tenían que darle un giro porque sino, la carrera iba a desaparecer". A pesar de celebrar el éxito de preinscripciones, introduce en el debate una duda: ¿está preparado el tejido empresarial extremeño para este reto? "Cuando nosotros hacíamos las prácticas, solíamos estar dos estudiantes en un mismo centro. Con el grado dual, las empresas tienen que disponer de recursos humanos dispuestos a formar a cinco, seis o siete alumnos durante varios meses", advierte, sembrando una incertidumbre razonable sobre la capacidad de absorción de la región ante un grupo de 20 o 30 estudiantes.

Mejías también se muestra escéptico con la inserción de materias vinculadas al Big Data o la Inteligencia Artificial, recordando los desajustes que él mismo experimentó en el plan saliente, donde la informática avanzada -como es la asignatura de ITIC-, suponía un escollo insalvable en comparación con materias excesivamente sencillas. "Espero que los profesores que no estaban de acuerdo con el cambio lo asuman bien y traten de impartirlo con la mejor motivación posible", zanja Alberto.

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La prueba digital: La estrategia procesal empieza mucho antes del pleito, comienza en la gestión de la información.

>>  jueves, 23 de julio de 2026

Prueba digital e IA: el nuevo campo de batalla en la litigación civil

https://www.expansion.com/
FABIO VIRZI




Durante años, la prueba digital se ha incorporado a los procesos civiles y mercantiles como una extensión natural de la prueba documental. Capturas de pantalla, correos electrónicos, conversaciones de mensajería, archivos adjuntos, grabaciones o imágenes han pasado a formar parte habitual del material probatorio.

Sin embargo, la inteligencia artificial obliga a revisar esa aproximación. Muchas de estas evidencias ya no pueden tratarse como simples documentos: son activos probatorios técnicamente vulnerables, cuya fuerza depende de su origen, integridad, contexto y fiabilidad.

La cuestión ya no es solo si una evidencia digital puede acceder formalmente al proceso. El verdadero debate es si resiste un examen contradictorio serio. Una captura de pantalla puede servir como indicio, pero difícilmente tendrá el mismo valor que una extracción técnica documentada, con metadatos preservados, trazabilidad acreditada y validación pericial. Del mismo modo, una conversación transcrita, un archivo electrónico o una imagen aportada sin contexto pueden resultar insuficientes si no se acredita cómo fueron obtenidos, conservados e incorporados al procedimiento.

El Derecho procesal español ofrece un marco flexible para la incorporación de soportes digitales, grabaciones y archivos electrónicos. Pero la admisión formal no equivale a eficacia probatoria. Una evidencia puede ser válida desde el punto de vista procesal y, aun así, tener un valor limitado si existen dudas sobre su autenticidad, conservación o integridad. En un entorno crecientemente digitalizado, la prueba no solo debe aportarse: debe poder explicarse, reconstruirse y defenderse.

La inteligencia artificial eleva ese umbral de exigencia. A las cuestiones clásicas sobre autoría e integridad se suman otras más complejas: si el contenido ha sido generado o alterado mediante IA, si un sistema automatizado ha seleccionado o interpretado datos relevantes, qué fuentes se han utilizado, qué intervención humana ha existido y si la contraparte puede ejercer una contradicción efectiva. Cuando concurren opacidad, sesgos o riesgo de manipulación, la sofisticación técnica no refuerza necesariamente la prueba; en ocasiones, puede debilitarla.

Por ello, quien se apoye en análisis automatizados, herramientas de IA o informes algorítmicos debe asumir una carga reforzada de justificación técnica. No basta aportar el resultado. Es necesario explicar la lógica del sistema, sus fuentes, sus límites, el grado de supervisión humana y las garantías aplicadas. La autoridad de la herramienta no puede sustituir a la acreditación de su fiabilidad.

En este contexto, la trazabilidad se convierte en un elemento central. Debe poder reconstruirse el ciclo de vida de la evidencia: origen, obtención, accesos, transferencias, preservación, metadatos y controles aplicados. Esta exigencia proyecta una nueva relevancia sobre la cadena de custodia también en la jurisdicción civil y mercantil. Cuanto más digital es la prueba, más importante resulta acreditar no solo qué demuestra, sino cómo se ha generado, conservado y presentado ante el tribunal.

Ahora bien, la prueba digital no se valora de forma aislada ni como una cuestión puramente técnica. Su eficacia depende también de su coherencia con el resto del material probatorio, de la calidad de su obtención y de su capacidad para resistir la impugnación de la contraparte. La tecnología no sustituye el juicio valorativo del tribunal, pero introduce elementos adicionales que deben ser ponderados jurídicamente.

Esta cautela es especialmente relevante cuando intervienen sistemas de inteligencia artificial. Sus resultados no pueden presentarse como verdades objetivas por el mero prestigio de la herramienta. Pueden contener errores difíciles de detectar, amplificar sesgos o generar conclusiones aparentemente coherentes pero materialmente inválidas. En este ámbito, la fiabilidad no se presume: debe acreditarse.

A ello se añade una dimensión jurídica ineludible. Muchas evidencias digitales contienen datos personales, información confidencial, secretos empresariales o elementos protegidos por derechos fundamentales. Su uso en juicio, especialmente cuando intervienen herramientas de IA, exige justificar la base jurídica, la proporcionalidad y las garantías de confidencialidad. De lo contrario, la prueba puede ser cuestionada o incluso excluida.

Para las compañías, la consecuencia es directa. Las políticas de conservación documental, los mapas de datos, los criterios de acceso, los registros de actividad y los protocolos de uso de inteligencia artificial ya no son solo cuestiones operativas o de cumplimiento. En un entorno de litigación digital, condicionan la disponibilidad, admisibilidad y fuerza persuasiva de la prueba. La estrategia procesal empieza mucho antes del pleito: empieza en la gestión de la información.

Para el abogado litigante, el reto consiste en traducir la complejidad tecnológica en categorías jurídicas comprensibles para el tribunal. No basta invocar conceptos como metadatos, trazabilidad, algoritmo o inteligencia artificial. Lo decisivo es explicar por qué esos elementos permiten acreditar -o cuestionar- la autenticidad, integridad y fiabilidad de la prueba.

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La gestión documental pilar estratégico dentro de su transformación digital

>>  miércoles, 3 de diciembre de 2025

DocPath proyecta 2026 como el año de la gestión documental interactiva
https://www.technocio.com/



La digitalización y la personalización de los documentos redefinen la experiencia del cliente en sectores como banca, seguros y manufactura.

La Generación Z impulsará el nuevo paradigma en la relación entre empresas y documentos: más visual, dinámica y personalizada.

El mercado de gestión documental en Latinoamérica cerró 2025 en plena transformación, impulsado por la digitalización acelerada, el trabajo remoto y la necesidad de cumplir con normativas más estrictas. De acuerdo con el balance de DocPath, compañía global especializada en soluciones de software para la gestión de la información y la experiencia del cliente, este año marcó el paso definitivo hacia entornos digitales más inteligentes, conectados y centrados en el usuario.

“La gestión documental está dejando atrás su papel tradicional. En 2025, las empresas de América Latina comprendieron que un documento bien diseñado, seguro y accesible puede convertirse en un canal de comunicación, fidelización y venta. Esta evolución nos permitió alcanzar un crecimiento del 50% en Latinoamérica durante el año, consolidando a DocPath como un referente tecnológico en la región”, señaló Juan Carlos Olivares, CEO de DocPath.

Un 2025 de avances

De acuerdo con los datos de la compañía, más del 70% de las empresas latinoamericanas adoptaron sistemas de gestión documental (DMS) basados en la nube. La escalabilidad, la accesibilidad remota y la reducción de costos operativos se consolidaron como los principales impulsores de esta transición. Además, más del 55% de las organizaciones priorizaron soluciones móviles que garantizan acceso y colaboración en entornos híbridos.

El avance normativo en materia de accesibilidad digital y protección de datos también influyó en las estrategias empresariales, impulsando la adopción de sistemas más seguros y compatibles con las regulaciones internacionales.

Paralelamente, la automatización y la inteligencia artificial (IA) se posicionaron como motores clave de eficiencia: la indexación inteligente, los flujos de trabajo automatizados y los algoritmos predictivos redujeron errores humanos y aceleraron los tiempos de procesamiento. Estas capacidades, combinadas con herramientas de IA, permitieron personalizar la comunicación entre marcas y usuarios, generando interacciones más intuitivas y efectivas.

“La automatización ya no es una ventaja competitiva, sino una necesidad. Este año vimos cómo las empresas apostaron por sistemas capaces de aprender y anticiparse a las necesidades de los usuarios”, añadió Mauricio Saavedra Pazos, director de ventas de DocPath en Latinoamérica.

Industrias que lideraron la digitalización

Los sectores de salud, banca, educación, logística, manufactura y seguros fueron los más activos en la implementación de sistemas de gestión documental, impulsados por la necesidad de optimizar procesos, reducir el uso de papel y responder a consumidores cada vez más digitales.

El sector asegurador también avanzó de forma significativa, digitalizando procesos internos y fortaleciendo la comunicación personalizada con los asegurados. “Las aseguradoras están dando pasos decisivos hacia la transformación digital. En Colombia, por ejemplo, Equidad Seguros y Solidaria se sumaron recientemente a nuestra base de clientes, reflejando cómo el sector está priorizando soluciones que mejoren la experiencia del usuario y fortalezcan la confianza en sus servicios”, destacó Mauricio Saavedra Pazos, director de ventas de DocPath en Latinoamérica.

De cara a 2026, DocPath prevé que la gestión documental se consolidará como un canal estratégico de comunicación entre las empresas y sus usuarios. La Generación Z, con su preferencia por experiencias digitales auténticas, visuales y personalizadas, marcará el ritmo de esta evolución.

Entre las principales tendencias que definirán el próximo año destacan:

• Automatización e inteligencia artificial: generación de contenidos dinámicos, predictivos y adaptados al perfil de cada cliente.

• Experiencias personalizadas: mayor fidelización y relevancia a través de comunicaciones contextualizadas.

• Omnicanalidad: integración de documentos en múltiples plataformas (aplicaciones, chats, redes sociales, portales).

• Interacciones como canales de venta: los documentos evolucionan para potenciar estrategias de cross-sell y upsell.

“Las empresas han ido dejando atrás los procesos basados en papel y avanzaron hacia modelos digitales más ágiles, seguros y orientados a la experiencia del usuario, consolidando la gestión documental como un pilar estratégico dentro de su transformación digital. En 2026 veremos la siguiente fase de esa evolución, con documentos que se transforman en experiencias interactivas y empáticas, capaces de reducir costos, incrementar ingresos y fortalecer la relación con los clientes”, concluye Juan Carlos Olivares, CEO de DocPath.


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