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Suiza abrirá sus archivos secretos sobre Joseph Mengele

>>  lunes, 18 de mayo de 2026

Suiza abrirá sus archivos secretos sobre Joseph Mengele, pero ¿cuál es la relación del "Ángel de la muerte nazi" con ese país?

https://www.bbc.com
Imogen Foulkes

El médico nazi de las SS, Josef Mengele, envió a la muerte a unas 400.000 personas,
la mayoría de ellas judías. Getty Images

El Servicio Federal de Inteligencia suizo anunció que finalmente abrirá los archivos, sellados durante mucho tiempo, sobre el infame criminal de guerra nazi Josef Mengele, aunque no precisó una fecha.

Mengele huyó de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, pero durante años han circulado rumores de que pasó un tiempo en Suiza, a pesar de que existía una orden de arresto internacional en su contra.

Historiadores han solicitado repetidamente acceso a los archivos, pero hasta ahora las autoridades suizas se habían negado.

Mengele era médico y sirvió en las Waffen SS alemanas. Fue destinado al campo de exterminio de Auschwitz, en la Polonia ocupada por los nazis, donde seleccionaba a las personas que serían enviadas a las cámaras de gas.

Se estima que murieron 1,1 millones de personas, entre ellas cerca de un millón de judíos.

Las Waffen-SS surgieron a comienzos de la Segunda Guerra Mundial como las tropas de combate de las temibles SS, los hombres encargados de proteger a Hitler.

Mengele era conocido como el Ángel de la Muerte, también seleccionaba prisioneros, principalmente niños y gemelos, para realizarles experimentos médicos sádicos, antes de enviarlos también a la muerte.

La oficina del Comité Internacional de la Cruz Roja en Génova emitió estos pasaportes con nombres falsos para los criminales de guerra nazis (de izquierda a derecha): Josef Mengele, Klaus Barbie y Adolf Eichmann. Getty Images

Tras la guerra, Mengele, al igual que muchos altos cargos nazis, cambió rápidamente tanto su uniforme como su nombre.

Con su identidad falsa, obtuvo documentos de viaje de la Cruz Roja en el consulado suizo de Génova, en el norte de Italia, y los utilizó para huir a Sudamérica.

La Cruz Roja otorgó estos documentos a miles de personas en toda Europa que habían sido desplazadas o que quedaron apátridas a causa de la guerra, pero algunos nazis que buscaban evadir la justicia también consiguieron obtenerlos, algo por lo que la Cruz Roja posteriormente pidió disculpas.

¿Qué relación tiene Mengele con Suiza?

Aunque huyó de Europa en 1949, Mengele pasó unas vacaciones de esquí en los Alpes suizos con su hijo Rolf en 1956. Esta información se conoce desde la década de 1980.

Oficialmente, después de eso, pasó el resto de su vida en Sudamérica.

Pero la historiadora suiza Regula Bochsler siempre se preguntó si Mengele regresó, sobre todo después de que se emitiera una orden internacional de arresto en su contra en 1959.

Mientras investigaba el posible papel de Suiza como país de tránsito para nazis que huían, Bochsler descubrió que en junio de 1961 el servicio de inteligencia austriaco advirtió a Suiza que Mengele viajaba con un nombre falso y que podría encontrarse en territorio suizo.

Mientras tanto, la esposa de Mengele había alquilado un apartamento en Zúrich y solicitado la residencia permanente.

"Hay indicios de que Mengele planeaba un viaje a Europa en 1959", declaró la historiadora a la BBC.

 "¿Por qué la señora Mengele alquiló un apartamento en Zúrich?".

El apartamento se encontraba en un barrio modesto, y la familia Mengele tenía recursos para algo mucho más lujoso. Sin embargo, estaba cerca del aeropuerto internacional.

Bochsler pudo consultar los archivos de la policía de Zúrich, que demostraban que en 1961 el apartamento fue puesto bajo vigilancia. La policía observó incluso a la señora Mengele conduciendo su Volkswagen, acompañada por un hombre no identificado.

¿Pero era su marido?

Mengele, en el centro, aparece en esta foto de 1944, junto al comandante de Auschwitz, Richard Baer, y el excomandante Rudolf Höss.

Detener a un criminal de guerra buscado, como Mengele en 1961, habría implicado a la policía federal suiza. Por eso, en 2019, Bochsler solicitó al Archivo Federal Suizo acceso a sus archivos.

Su solicitud fue denegada. Los archivos tienen que permanecer sellados hasta 2071 por motivos de seguridad nacional y para proteger a su familia.

Bochsler no fue la primera ni la última en recibir una negativa. En 2025, el historiador Gérard Wettstein lo intentó de nuevo. A él también se le denegó el acceso.

"Me pareció ridículo", declaró a la BBC. "Mientras permanezcan cerrados hasta 2071, se alimentan las teorías conspirativas. Todo el mundo piensa que 'tienen algo que ocultar'".

Wettstein impugnó la decisión llevando a las autoridades suizas a los tribunales, un proceso costoso para el que recurrió al micromecenazgo. "Recaudamos US$23.000 en tan solo unos días".

Fue entonces cuando el Servicio Federal de Inteligencia suizo finalmente cambió de opinión.

En un comunicado emitido este mes, que sugiere que la transparencia total aún podría tardar, declaró: "Se concederá acceso al expediente, sujeto a condiciones y requisitos aún por definir".

No todos están seguros de que los archivos revelen mucho sobre el propio Mengele.

Sacha Zala, presidente de la Sociedad Suiza de Historia, está "absolutamente seguro de que no hay nada relevante sobre Mengele", pero cree que podría haber referencias a un servicio de inteligencia extranjero o a informantes extranjeros.

Agencias de inteligencia extranjeras

A finales de la década de 1950, el Mossad israelí seguía activamente la pista de criminales de guerra nazis fugitivos, y Zala sospecha que podrían haber estado en contacto con Suiza.

Esto daría a las autoridades suizas motivos para mantener los archivos sellados, ya que la información sensible relacionada con agencias de inteligencia extranjeras suele ser censurada.

Pero, ¿es realmente tan sensible una simple mención del Mossad en relación con su conocida caza de nazis hace 70 años?

"Esto demuestra la estupidez del proceso de desclasificación sin conocimiento histórico", opina Zala. "De esta manera, la administración alimentó las teorías conspirativas".

Otros historiadores, como Jakob Tanner, afirman que el secretismo en torno a los archivos revela más sobre Suiza que sobre Mengele. "Es un conflicto entre la seguridad nacional y la transparencia histórica, y la primera suele prevalecer en Suiza".

Tanner formó parte de la Comisión Bergier de la década de 1990, que examinó las relaciones de la neutral Suiza con la Alemania nazi, en particular el papel de los bancos suizos.

Conoce bien la sensibilidad y la vergüenza que siente Suiza por su papel en la Segunda Guerra Mundial, cuando se rechazó la entrada a refugiados judíos en la frontera, mientras que los bancos suizos conservaban el dinero de familias judías que posteriormente murieron en campos de concentración nazis.

"Que estos casos sigan sin resolverse es un problema para un Estado democrático", argumenta Tanner.

Aun así, considera plausible que Mengele estuviera en Suiza en 1961.

En Argentina y en Chile

El buscado criminal de guerra nazi Adolf Eichmann había sido arrestado por el Mossad en Argentina en 1960, y existen indicios de que otros nazis que huyeron a Sudamérica también creían estar en peligro allí, y que Europa, donde permanecían sus amigos y familiares, podría ser un lugar más seguro.

Tanner señala que Walter Rauff, otro criminal de guerra nazi buscado que huyó a Chile, estuvo en Alemania en 1960. A un historiador de la Comisión Bergier se le permitió, brevemente, consultar algunos de los archivos de Mengele en 1999 y concluyó que era imposible probar o refutar su presencia en territorio suizo.

Pero eso era solo unas pocas líneas en un informe de 24 volúmenes sobre toda la guerra. Los archivos fueron sellados nuevamente; el historiador falleció hace siete años.

Notas escritas de puño y letra del criminal de guerra nazi y 
médico de campos de concentración Josef Mengele. Getty Images

Mientras tanto, no se ha fijado fecha para la publicación de los archivos, y la declaración del Servicio Federal de Inteligencia sobre las "condiciones y requisitos" le resulta inquietante a Wettstein. "Me temo que recibiremos un archivo más oscuro que transparente", afirma.

A Bochsler también le preocupa que los archivos estén fuertemente censurados. "No confío en absoluto en las autoridades. Me temo que se parecerá a los archivos de Epstein. ¿Por qué se han mantenido cerrados los archivos de Mengele durante tanto tiempo?".

Mengele ha sido objeto de misterio, rumores y conspiraciones durante décadas.

Nunca fue arrestado, y mucho menos condenado por sus terribles crímenes. Cuando murió en Brasil en 1979, fue enterrado con un nombre falso.

Pero los rumores continuaron circulando. En 1985 su cuerpo fue exhumado, y finalmente, en 1992, las pruebas de ADN confirmaron que se trataba del suyo.

El terrible médico de Auschwitz había muerto.


¿Pero estuvo alguna vez en Suiza? ¿Acaso los suizos no se percataron de su presencia?

¿Hicieron la vista gorda ante una presencia potencialmente comprometedora para evitar la atención indeseada que habría provocado un arresto? ¿O, como tantas otras cosas sobre Mengele, es todo solo un rumor?

"Quizás nunca lleguemos a la verdad", dice Wettstein. "Nunca sabremos si estuvo aquí o no… pero tal vez podamos tener al menos una idea más clara".






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Mengele y su vida en América Latina

>>  miércoles, 3 de diciembre de 2025

América Latina enfrenta los archivos de Mengele y su pasado nazi hoy

https://latinamericanpost.com/

Richard Baer, Josef Mengele, and Rudolf Höss at Solahütte, 1944/Wikimedia Commons

Nuevos archivos desclasificados de la inteligencia argentina revelan cómo el médico nazi Josef Mengele vivió abiertamente en el Cono Sur, exponiendo el papel de América Latina como refugio, así como los fracasos burocráticos y evasiones morales que permitieron que uno de los peores criminales de la historia desapareciera.

La vida de Mengele en América Latina

Durante décadas, el ‘Ángel de la Muerte’ fue un fantasma cuyo rastro parecía desvanecerse en algún lugar de América Latina. Los archivos recién abiertos muestran cuán visible era en realidad Josef Mengele. Entre el material desclasificado por el presidente Javier Milei hay una carpeta entera dedicada exclusivamente al seguimiento del médico de Auschwitz, quien orquestó experimentos sádicos en prisioneros, especialmente gemelos. Estos documentos, repletos de fotografías, memorandos y recortes, confirman que las autoridades argentinas sabían, a mediados de la década de 1950, exactamente quién era y que estaba físicamente presente en su territorio. Esta conciencia debería llevar a reflexionar sobre la responsabilidad moral y la importancia de la justicia.

Mengele llegó a Argentina en 1949 bajo el alias Helmut Gregor, utilizando un pasaporte italiano que le permitió obtener una cédula de identidad de inmigrante al año siguiente. En Auschwitz, los testigos lo recordaban con una bata de médico impecable sobre su uniforme de las SS, seleccionando prisioneros para trabajar o para las cámaras de gas, y luego usando gemelos como materia prima para horribles “investigaciones”. Un sobreviviente, José Furmanski, cuyo testimonio aparece en los archivos, recordó cómo Mengele reunía gemelos de todas las edades para procedimientos que “siempre terminaban en muerte”. Describió haber visto madres separadas de sus hijas, una enviada a una muerte segura, escenas que dijo “nunca olvidaremos”. Esos recuerdos, congelados en tinta sobre papel argentino, permanecieron durante años junto a notas burocráticas sobre la nueva vida del médico como empresario inmigrante.

Los archivos contienen boletines oficiales de la policía de julio de 1960 ordenando la captura de Mengele, junto con retratos, fichas dactiloscópicas y una fotografía policial de Buenos Aires de 1956 tomada para su documento argentino. Es una yuxtaposición impactante: el médico de campo de concentración más infame del Tercer Reich, no en una foto policial de Núremberg, sino en prolijos documentos domésticos preparados por un Estado que nunca lo llevó ante la justicia.
Un Estado que sabía, pero apenas actuó

El archivo revela un Estado que no fue completamente cómplice ni verdaderamente decidido a perseguirlo. La inteligencia argentina elaboró un retrato notablemente detallado: registros migratorios, informes de vigilancia, copias de pasaportes extranjeros con nombres falsos, registros de cruces fronterizos, notas sobre posibles asociados e incluso reportes de una visita del padre de Mengele para financiar un emprendimiento de laboratorio médico en Buenos Aires. Hay documentos en español, alemán, portugués e inglés, lo que sugiere aportes de comunidades de emigrados y agencias extranjeras, incluyendo probables contactos con servicios de EE.UU. y Reino Unido. Esta compleja red de vínculos regionales subraya un fracaso compartido entre las naciones latinoamericanas para enfrentar a los fugitivos nazis.

Sin embargo, la imagen que surge es de fragmentación y evasión. Diferentes agencias reunían información pero no la compartían eficazmente, y hechos cruciales nunca parecían llegar a los niveles políticos más altos a tiempo. Para 1956, Mengele se sentía tan seguro que obtuvo una copia legalizada de su partida de nacimiento alemana original en la embajada de Alemania Occidental, acudió a la justicia para corregir sus papeles argentinos y comenzó a usar nuevamente su verdadero nombre. Este movimiento audaz subraya el ambiente de impunidad y el entorno donde un criminal de guerra notorio podía dejar atrás un alias y aun así sentirse protegido.

En 1959, Alemania Occidental emitió una orden de arresto y solicitó su extradición. La petición contenía detalles suficientes para disipar cualquier duda sobre su identidad o sus crímenes. Sin embargo, un juez local la rechazó, desestimándola como persecución política en lugar de un caso criminal legítimo. El fallo permitió a las autoridades mirar hacia otro lado, incluso cuando sus propios archivos contenían testimonios de testigos sobre el “sadismo patológico” de Mengele y registros meticulosos de su dirección, vida familiar e intereses comerciales.

El material desclasificado subraya una postura ambigua en la posguerra: Argentina cooperó selectivamente con las democracias occidentales, pero su burocracia era desarticulada y había poco interés entre los altos funcionarios en enfrentar cuán profundamente los fugitivos nazis se habían entretejido en la sociedad y la política local.


Fotografía del documento de identidad argentino de Mengele en 1956/Wikimedia Commons


Rutas de escape y la red oculta del Cono Sur

A medida que aumentaba la presión internacional tras la fallida extradición, finalmente las paredes comenzaron a cerrarse. Los archivos muestran que las agencias argentinas continuaron monitoreando informes de prensa e inteligencia extranjera sobre Mengele, pero a menudo reaccionaban demasiado tarde. Un memorando de la Dirección Federal de Coordinación, fechado el 12 de julio de 1960 y clasificado como estrictamente secreto, detalla una investigación sobre su participación en los laboratorios médicos “FADRO-FARM” en los suburbios de Buenos Aires. Señala que se incorporó a la empresa como socio en 1958 con un aporte de capital de 10.000 pesos y se retiró en abril de 1959. Para cuando se redactó el memorando, ya se había marchado.

Notas anteriores lo registran explicando, durante su proceso de cambio de nombre, que había usado el alias Gregor porque llegó a Argentina con otra identidad y profesión, reconociendo que había sido médico de las SS y que la Cruz Roja lo había señalado como criminal de guerra. Incluso mencionó ser conocido en los tribunales de Núremberg por su trabajo con cráneos y huesos. Que tales confesiones no hayan desencadenado una acción decisiva ilustra cuán compartimentado y vacilante era el sistema. Las órdenes de arresto y de allanamiento se emitían tras filtraciones a la prensa o presión extranjera, dándole tiempo para escapar.

Para 1960, Mengele había escapado a Paraguay, donde obtuvo la ciudadanía y protección del dictador Alfredo Stroessner, cuya familia provenía del mismo pueblo bávaro. Los archivos argentinos se vuelven más escasos en este punto, dependiendo en gran medida de recortes de prensa y contactos extranjeros, pero muestran que Buenos Aires sabía que había cruzado la frontera y continuó siguiéndolo a distancia. Poco después, ingresó clandestinamente a Brasil por la región de la triple frontera cerca del estado de Paraná. Allí, agricultores germano-brasileños simpatizantes del nazismo le proporcionaron refugios rurales, y rotó por propiedades de las familias Bossert y Stammer en el estado de São Paulo.

Los documentos mencionan alias como Peter Hochbichler junto a versiones portuguesas de su verdadero nombre, José Mengele, reflejando a un fugitivo que seguía siendo cuidadoso pero no invisible. Incluso en Brasil, el rastro finalmente salió a la luz, llevando a arqueólogos y policías a examinar huesos y artefactos décadas después de su muerte.
Reevaluando el papel de América Latina en la huida nazi

Mengele murió en 1979, tras sufrir un derrame cerebral mientras nadaba frente a la localidad costera brasileña de Bertioga. Fue enterrado bajo el nombre falso de Wolfgang Gerhardt. Pistas e investigaciones persistentes llevaron a la exhumación de sus restos en 1985, y el análisis forense confirmó su identidad; pruebas de ADN en 1992 disiparon las dudas restantes. Nunca fue juzgado, nunca enfrentó a sus víctimas en un tribunal. Pero los archivos argentinos recién desclasificados suman otra capa de evidencia póstuma, no solo contra él, sino contra las estructuras que lo protegieron.

También se suman a recordatorios más recientes de esta historia. En 2017, la policía argentina anunció el hallazgo de un alijo de artefactos nazis ocultos tras una pared falsa en una casa de Buenos Aires, un símbolo silencioso de cómo la ideología que él sirvió aún resuena en ciertos rincones. Los archivos muestran que durante años, los servicios de inteligencia del país recopilaron retratos y fichas dactiloscópicas de Mengele, archivándolos cuidadosamente, incluso mientras los jueces desestimaban pedidos de arresto y los funcionarios dudaban en desafiar redes de simpatizantes ya arraigadas.

Para América Latina, enfrentar estos documentos significa enfrentar un papel regional en una historia global que a menudo se cuenta como si hubiera terminado en 1945. Argentina no fue el único país donde los fugitivos nazis encontraron refugio; Paraguay y Brasil fueron eslabones cruciales en la cadena, y comunidades locales—agricultores germanoparlantes, socios comerciales, incluso funcionarios—hicieron posible su supervivencia. La imagen que surge no es la de un solo Estado rebelde, sino la de un ecosistema más amplio del Cono Sur que se convirtió en un corredor de escape.

Abrir los archivos no reescribe el pasado, pero reduce el espacio para la negación. Muestra que el fracaso en capturar a Mengele no fue simplemente cuestión de que él fuera demasiado astuto o escurridizo, sino de gobiernos demasiado divididos, indiferentes o comprometidos para actuar. En ese sentido, los archivos hablan menos de la larga huida de un hombre de la justicia que del continente que, por un tiempo, eligió mirar hacia otro lado.








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