Día del Bibliotecólogo y del Archivólogo e Venezuela

>>  lunes, 27 de julio de 2026

Día del Bibliotecólogo y del Archivólogo e Venezuela
Por Lic. Carmen Marín con la colaboración de Gemini


Felicidades



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El Vaticano inicia la preservación de su memoria documental, digitalizará 100 años de documentos

El Vaticano digitaliza un siglo de secretos y prepara su archivo para la inteligencia artificial

https://www.eldebate.com
Chema Rubio

El Dicasterio para la Comunicación impulsa un proyecto con tecnología de Ricoh, para preservar documentos históricos, manuscritos, volúmenes encuadernados y material fotográfico

a iniciativa busca transformar un archivo físico de enorme valor histórico en una infraestructura digital fiable


El Vaticano ha iniciado un nuevo paso en la preservación de su memoria documental con un proyecto de digitalización que abarca 100 años de documentación y que tendrá una segunda fase marcada por el uso de inteligencia artificial. La iniciativa, desarrollada por el Dicasterio para la Comunicación de la Ciudad del Vaticano con tecnología de PFU, la división de escáneres de Ricoh, busca transformar un archivo físico de enorme valor histórico en una infraestructura digital fiable, estructurada, accesible y segura.

La rapidez con la que circulan los contenidos y el aumento de la desinformación han reforzado la necesidad de contar con fuentes verificables, trazables y protegidas. En el caso del Vaticano, esta exigencia tiene una dimensión especial, ya que el Dicasterio para la Comunicación es el organismo encargado de transmitir los mensajes del Papa y las posiciones oficiales de la Santa Sede a escala mundial.

Siglos de documentos

La institución custodia un archivo que reúne siglos de documentos históricos, manuscritos, volúmenes encuadernados y material fotográfico de gran valor. El reto consiste en hacerlo sin dañar piezas únicas y, al mismo tiempo, facilitar su consulta, recuperación y difusión internacional. Por eso, la digitalización se ha planteado como una herramienta de preservación, pero también como una vía para mejorar la verificación de contenidos y acelerar el trabajo informativo

Uno de los principales desafíos técnicos era conservar documentos extremadamente sensibles sin comprometer su accesibilidad. La solución debía permitir el escaneo sin contacto, la reproducción en alta resolución y la ingesta automática de grandes volúmenes de información. También debía garantizar la integridad y la seguridad de los archivos, dos aspectos fundamentales cuando se trabaja con documentación histórica y con contenidos que pueden tener relevancia pública o institucional.

Ricoh ha aportado soluciones de digitalización adaptadas a diferentes tipos de documentos. Entre ellas se encuentra el ScanSnap SV600, un escáner diseñado para digitalizar materiales encuadernados sin manipulación agresiva, una característica clave cuando se trabaja con libros antiguos, manuscritos o piezas que no pueden someterse a procesos mecánicos convencionales. Junto a esta tecnología, el Dicasterio también ha integrado equipos de la serie fi, orientados al procesamiento intensivo de documentos y pensados para la preservación.

«Los escáneres de documentos de PFU forman parte de la infraestructura operativa. Apoyan la preservación, la verificación y la comunicación: todo lo que hacemos», explica Jesús Cabañas, Regional Manager de PFU en Iberia.

El resultado de este proceso es una evolución desde un archivo basado en papel hacia una infraestructura digital basada en datos. Esta transformación permite acelerar la entrega de materiales a medios internacionales, mejorar los procesos de verificación de contenidos históricos y reducir el riesgo de desinformación. Además, facilita un uso más transversal de los fondos documentales, especialmente en el ámbito fotográfico, donde la digitalización abre la puerta a nuevas formas de consulta, clasificación y recuperación de imágenes.

Proteger la memoria

Un archivo digital bien estructurado no solo conserva documentos: también permite comprobar fechas, autorías, versiones y referencias. «Este caso demuestra que la digitalización no es solo una cuestión de eficiencia, sino de confianza. En entornos donde la información es crítica, la fiabilidad tecnológica marca la diferencia», señala Cabañas.

Tras el avance de esta iniciativa, el Dicasterio ha puesto en marcha un plan más amplio de digitalización que abarca la totalidad de su biblioteca. Este proceso incluye miles de fotografías que serán escaneadas y que, en parte, podrían ponerse a disposición del público en el futuro. La digitalización de imágenes se realizará a 600 dpi, una resolución que permite conservar un alto nivel de detalle y preparar los fondos para usos posteriores de consulta, análisis o archivo.

La IA, pieza clave

La siguiente fase estará marcada por la adopción de soluciones avanzadas de gestión documental y tecnologías como RAG, siglas en inglés de Retrieval-Augmented Generation. Esto permite mejorar la recuperación de información y combina modelos de inteligencia artificial con bases documentales propias y verificadas. A diferencia de otros usos más genéricos de la IA, este tipo de arquitectura puede resultar especialmente útil en archivos históricos, ya que permite responder sobre documentos concretos y reducir el riesgo de respuestas inventadas o descontextualizadas.

El proyecto del Dicasterio para la Comunicación demuestra cómo la digitalización se ha convertido en una infraestructura crítica. Ya no se trata solo de guardar documentos en formato electrónico, sino de construir sistemas capaces de proteger la memoria, facilitar la verificación y preparar los archivos históricos para una nueva etapa marcada por los datos y la inteligencia artificial.


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Papel versus pantallas: un estudio postula como “ganador” a los libros impresos

Libros impresos vs. electrónicos: la ciencia explica qué ocurre en el cerebro al leer en diferentes format

https://tn.com.ar/tecno

“Nuestros resultados son los primeros que demuestran un efecto tan inmediato en la lectura”, señalaron los investigadores. (Foto: Creada con xAI Grok)

Un nuevo estudio científico podría ofrecer respuestas a un debate que agitó los ámbitos literarios, académicos y periodísticos en las últimas décadas. La alusión es al antagonismo entre los libros de papel y los electrónicos.

¿La elección del soporte trasciende las meras preferencias de los lectores e impacta en la comprensión de los textos? Con este puntapié, investigadores de la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Tokio, en Japón, examinaron los procesos cerebrales involucrados en cada caso y erigieron a un “ganador”.

Antes de avanzar, hay una salvedad en la que conviene detenerse. Para el estudio, se usaron libros impresos y electrónicos de un género tradicional de la cultura japonesa, el manga, que además de texto incluye imágenes.

Papel versus pantallas: un estudio postula un “ganador” en el pleito de los libros

Los especialistas de la institución nipona utilizaron los mencionados cómics para estudiar cómo el cerebro construye esquemas narrativos, un marco que organiza los personajes, las líneas temporales de la narración y las relaciones que se describen.

Para esto, analizaron imágenes cerebrales de 25 estudiantes universitarios durante la lectura. Según Kuniyoshi L. Sakai, profesor de Ciencias en la Universidad de Tokio, los resultados fueron sorpresivos.

La investigación confirmó una creencia arraigada, al revelar que el cerebro procesa los detalles con más eficacia al leer volúmenes impresos. Esto se debe a que las obras en papel ofrecen “pistas táctiles y espaciales”, como el grosor y la ubicación de las páginas, variables que ayudarían a los lectores a entender mejor una historia.

En el detrás de escena de esta investigación científica hay un dato curioso. Para el análisis, los participantes debían someterse a una resonancia magnética. Pero dado que los dispositivos electrónicos interfieren con esos equipos médicos, los conejillos de indias ingresaron al escáner justo después de leer la primera mitad de un manga. Una vez dentro, leyeron la segunda parte mediante unas gafas especiales.
“Este resultado neurocientífico demuestra un efecto inmediato de la lectura en papel”

¿Cuáles fueron las conclusiones del estudio? Tal como detalla New York Post, si bien ambos grupos obtuvieron calificaciones altas en comprensión y precisión general, aquellos que leyeron en pantallas demoraron más en responder preguntas complejas.

Más allá de cualquier evaluación, los ebooks siguen muy por debajo de los libros en papel en términos de facturación para el negocio editorial. (Foto: Pixabay)

“El contenido del manga se comprende bien mediante la lectura en volúmenes físicos, en comparación con la lectura digital”, comentó Sakai. “Este resultado neurocientífico es el primero en demostrar un efecto tan inmediato de la lectura en papel, que eventualmente modificaría el cerebro”, agregó.

De acuerdo a la fuente, la investigación también encontró que los participantes que leyeron en físico tuvieron una mayor actividad cerebral en las áreas implicadas en el procesamiento del lenguaje.

El especialista de la institución japonesa señaló, finalmente, que se obtendrían los mismos resultados al leer una novela u otros textos convencionales. Los detalles del estudio, que fue realizado en colaboración con la editorial japonesa especializada en manga, llamada Coamix, fueron recientemente publicados en la revista Plos One.



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El ADN nuevo soporte digital un archivo de capacidad y durabilidad casi infinitas

ADN, el nuevo soporte para los archivos digitales que durará miles de años

https://www.periodismo.com/
Javier Yanes


Los humanos producimos más contenidos de los que podemos almacenar, sin que hasta ahora ninguno de los formatos físicos de memoria se haya demostrado capaz de perdurar. La ciencia ofrece ahora otra opción: la molécula de los genes puede reconvertirse para codificar información digital, con una capacidad y una durabilidad impensables para los sistemas electrónicos.

Cada foto o vídeo, cada correo electrónico, cada mensaje en redes sociales; todo ocupa lugar. Incluso el almacenamiento en la nube, que podría parecernos algo virtual, consume espacio en un soporte físico. Pero mientras el volumen global de datos crece de forma vertiginosa, no tanto la capacidad de memoria.

Una de las soluciones en desarrollo recurre a un formato revolucionario: el ADN, un material que la naturaleza inventó para codificar genes, pero que los científicos están convirtiendo en un archivo digital de capacidad y durabilidad casi infinitas.

Estimaciones de 2025 cifraban el tamaño total del mundo digital en más de 180 zettabytes (ZB), o billones de gigabytes. En 2010 era de solo 2 ZB. El aumento es exponencial, entre un 20 y un 60 % anual.

El problema es que el espacio de almacenamiento no crece al mismo ritmo: para 2040 el volumen de datos excederá de 10 a 100 veces la producción del silicio necesario para guardarlos en memorias flash, lo que incluye las unidades de estado sólido que están reemplazando a los discos duros en los ordenadores actuales.

Por suerte, no se requiere una disponibilidad instantánea para toda esta información, y por ello una buena parte reside en centros de datos en forma de cintas magnéticas, un soporte de mayor capacidad que los chips de silicio, pero de acceso más lento. Y esta posibilidad de recurrir a medios de almacenaje no inmediatos abre la puerta a una opción como el ADN.

Una vulva dibujada en ADN

El sistema de almacenamiento inventado por la naturaleza, de eficacia probada durante miles de millones de años, guarda la información genética destinada a la fabricación de las proteínas de un ser vivo. Para ello emplea un código basado en una secuencia de cuatro elementos o bases, adenina (A), guanina (G), citosina (C) y timina (T), de modo que cada trío de ellas, o triplete, se traduce en un aminoácido, los eslabones que forman las cadenas de proteínas.

La idea de subvertir el propósito original del ADN para codificar y conservar otros tipos de datos no genéticos surgió por primera vez al entrar la década de 1960 en las reflexiones de visionarios como los físicos Richard Feynman y Mikhail Samoilovich Neiman, junto con el científico computacional Norbert Wiener.

El título de la conferencia de Feynman, “Al fondo hay mucho sitio”, expresaba la visión en la que coincidieron estos pioneros sobre el futuro de la miniaturización a escala molecular y atómica, incluyendo la grabación de datos en el ADN.

El primer caso real del uso del ADN como soporte de información no genética fue el proyecto Microvenus, creado en 1988 por el precursor del bioarte Joe Davis en colaboración con la Universidad de Harvard.

Davis plasmó visualmente en un mapa de bits (ceros y unos) una runa germánica que simboliza la vida y la madre tierra, y que representa también el dibujo esquemático de una vulva. El mapa de 5×7 bits se reorganizó en una serie lineal que se tradujo a ADN mediante un código. Con esta secuencia se creó una cadena de ADN que se introdujo en bacterias Escherichia coli, utilizadas habitualmente como herramienta biotecnológica.

Salto tecnológico

El trabajo de Davis partía de inspiración artística, pero era también una primera prueba de concepto. En 1995 el científico computacional Eric Baum proponía la memoria de ADN en la revista Science, y cuatro años después investigadores de la Facultad de Medicina Mount Sinai de Nueva York escondían mensajes en micropuntos de ADN, al estilo de los espías.

El uso limitado para textos cortos incluía también la inserción de etiquetas en el genoma de los organismos transgénicos, un uso que en 2008 el biotecnólogo y empresario J. Craig Venter aplicó en el diseño del primer genoma sintético de una bacteria.

Pronto se alcanzó el hito de almacenar verdaderos archivos digitales. En 2011 y 2012, el genetista de Harvard George Church y sus colaboradores codificaron los primeros libros en formato de ADN, junto con algunas imágenes y software.

Pero los códigos empleados en estos experimentos aún eran rudimentarios: escasa compresión de datos, y baja fidelidad en la recuperación de la información debido a las abundantes repeticiones de una misma base en las cadenas de ADN, lo que causa errores de lectura en la secuenciación.

Así, el progreso en este campo no solo dependía de las tecnologías de ADN, sino también de mejorar los algoritmos de codificación, introduciendo mayor compresión y métodos de redundancia y verificación al estilo de los dígitos de control en las cuentas bancarias, además de evitar las repeticiones.

En 2013 el sistema creado por Nick Goldman y sus colaboradores en el Instituto Europeo de Bioinformática alcanzó un 100 % de precisión en la recuperación de información almacenada en ADN, que incluía los 154 sonetos de Shakespeare.

Capaz y duradero

Los nuevos sistemas tratan de exprimir las increíbles propiedades del ADN. En cuanto a su capacidad de almacenamiento, si pudiera empaquetarse como los genes en la bacteria E. coli, toda la información del planeta cabría en un kilo de ADN.

Incluso a niveles menos óptimos, pulveriza la densidad de memoria de los soportes electrónicos, multiplicando por mil la capacidad de la unidad de estado sólido más compacta, según el Instituto Wyss de Harvard. En 2017 un algoritmo bautizado como DNA Fountain, o fuente de ADN, se acercó al 85 % de su límite de capacidad, almacenando 215 petabytes (millones de GB) por gramo.

Con el aumento de capacidad ha ido creciendo el tamaño de los archivos. En 2018 se tradujo a ADN el primer álbum musical, Mezzanine de Massive Attack, y en 2019 se hizo lo mismo con los 16 GB de la Wikipedia en inglés.

También se han incorporado nuevas funciones: en 2018 se introdujo el acceso aleatorio, la operación que en la memoria RAM de los soportes informáticos permite acceder a un archivo de forma independiente sin pasar por todos los anteriores. Al mismo tiempo aparecieron los primeros sistemas totalmente automatizados.

La durabilidad de la memoria de ADN también fulmina la de los soportes actuales, si bien varía según el método de conservación. Una opción es desecar el ADN y guardarlo en forma de polvo en viales de acero, lo que preservará los archivos durante siglos.

En 2013 el equipo de Robert Grass en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich en Suiza (ETH) creó fósiles artificiales encapsulando el ADN en nanoesferas de sílice, que pueden disolverse para recuperar la información pero que se conservarán durante 2 000 años a temperatura ambiente, y hasta 2 millones de años en congelación.

Blindado contra la obsolescencia

Otra ventaja del ADN como archivo de memoria es que está blindado contra la obsolescencia. Según cuenta Goldman a SINC, “aunque la tecnología concreta pueda cambiar, siempre tendremos el hardware adecuado para leerlo porque es muy importante para las biociencias modernas, así que básicamente es a prueba de futuro”. Así, podemos estar seguros de que no seguirá el camino del disquete, el LaserDisc o tantos otros soportes que desaparecieron.

Además y frente al elevado consumo de energía de los sistemas informáticos, el archivo de ADN es una opción energéticamente eficiente, y por tanto potencialmente más ecológica.

Pero con tan inmensas ventajas, por desgracia es también una inmensidad lo que le falta al ADN para acercarse a los soportes convencionales en cuanto a rapidez y coste de lectura y escritura. La recuperación de los datos aprovecha el gran avance de las nuevas tecnologías de secuenciación impulsadas por el Proyecto Genoma Humano. Pero “el principal cuello de botella es la tecnología de síntesis de ADN”, comenta Grass a SINC.

Para el investigador de la ETH, el estado de esta técnica es “extremadamente impresionante desde el punto de vista químico”, pero es insuficiente para el uso del ADN como archivo. Según el Instituto Wyss, el coste por megabyte de ADN sintetizado químicamente está sobre los 3 500 dólares. Los nuevos métodos de síntesis enzimática reducirán el coste, pero ni la etiqueta del precio ni el tiempo de escritura pueden competir con los sistemas tradicionales.

Sistemas más flexibles


Es por esto que algunos investigadores exploran otra vía que evite crear cadenas de ADN desde cero: en lugar de codificar los datos en la secuencia, se trata de aprovechar la estructura de la molécula ya existente para grabar información mediante modificaciones en ella; por ejemplo, pequeños cortes.

Los investigadores que han desarrollado este sistema lo equiparan a las tarjetas perforadas como las que se empleaban en las antiguas computadoras, donde el código binario se cifraba por la presencia o ausencia de agujeros en determinadas posiciones.

En esta línea, un equipo de la Universidad de Misuri ha desarrollado una memoria de ADN reescribible como un disco duro, que opera mediante cambios en la fase de lectura, como cambiar de lugar los espacios entre las palabras.

“En lugar de fijar permanentemente la información en la secuencia de ADN, añadimos una capa flexible de información que puede modificarse después de fabricar el ADN”, explica a SINC el codirector del estudio, Li-Qun Andrew Gu. “El almacenamiento tradicional en ADN es como tallar en piedra, y nuestro sistema es como escribir en una pizarra que puedes borrar y reutilizar”.

ADN de las cosas

Por todas estas peculiaridades, en general los investigadores no proponen el ADN como un sustituto de los actuales soportes de memoria, sino como un complemento para ciertos usos: “El archivo a largo plazo de información de alto valor que no se necesita leer con frecuencia”, resume Goldman; “archivos digitales como las bibliotecas presidenciales, registros bancarios, información del almacenaje de residuos nucleares…”

Gu señala que la reescritura añade posibles utilidades en el campo de la biomedicina, donde este tipo de ADN podría utilizarse para grabar datos relativos a enfermedades dentro del propio organismo, que los médicos podrían extraer y leer; o también para encriptar archivos utilizando el ADN como llave difícil de copiar, pero que puede reprogramarse cuando sea necesario. “Esto abre posibilidades para tecnologías contra falsificaciones donde la seguridad está ligada a un sistema físico basado en el ADN, en lugar de solo a un código digital”, dice.

El ADN como prueba de autenticidad es una de las aplicaciones del “ADN de las cosas” (DoT, por sus siglas en inglés), un concepto creado por Grass y sus colaboradores. Según explica el investigador, el DoT consiste en insertar un ADN portador de datos en materiales y productos, por ejemplo mediante nanoesferas de sílice.

Además del uso contra falsificaciones, puede servir para introducir otros datos, por ejemplo las instrucciones de fabricación en objetos impresos en 3D. “Para códigos de barras muy cortos, esto ya es una realidad comercial”, apunta Grass; “para mayores volúmenes de datos, aún se está investigando”.
Una realidad en 10 o 20 años

Otros usos del ADN como archivo también están avanzando al terreno comercial. Empresas como Atlas Data Storage y Biomemory toman posiciones; la primera anunció en diciembre de 2025 el primer servicio de archivo en ADN. La organización DNA Data Storage Alliance, fundada por la industria del almacenamiento computacional, trabaja en la definición de estándares, en previsión de un despegue de este naciente sector.

Por su parte, el Instituto Wyss ofrece oportunidades de inversión en un mercado para el que se vaticina un crecimiento explosivo, desde los 90 millones de dólares en 2024 a los 3 000 millones para el final de esta década.

Pero si los beneficios pueden ser cuantiosos, también los riesgos de una gran volatilidad: como muestra, Catalog Technologies, una startup fundada por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts y que lanzó en 2025 el primer libro comercial en ADN —una antología de ciencia ficción—, en marzo de 2026 abandonó el negocio vendiendo sus activos a su competidor Biomemory.

Goldman, uno de los científicos que han encabezado el progreso de estas tecnologías, opina que es difícil predecir cuándo los archivos de ADN serán una realidad común, pero que probablemente será la medicina personalizada la que lidere el camino, antes que el mercado de almacenaje de información: “Probablemente al menos 10 años hasta que los avances lo lleven de los laboratorios bien financiados a la práctica comercial rutinaria, y otros 10 años hasta que llegue a dispositivos de consumo”.

Javier Yanes


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Internet se convirtió en una extensión de nuestra memoria cotidiana

>>  jueves, 23 de julio de 2026

Internet se convirtió en una extensión de nuestra memoria cotidiana
https://mentepost.com
Por:Redacción MentePost


La memoria cotidiana se construye entre fotografías, objetos personales y 
archivos digitales que nos permiten regresar a lo vivido. Foto: MentePost - IA.

A veces buscamos una fotografía para confirmar en qué año ocurrió algo. Volvemos a una conversación para recuperar una dirección, revisamos el calendario para reconstruir una semana o escribimos una palabra en el buscador porque sabemos que la información sigue ahí, aunque sus detalles se hayan vuelto imprecisos.

Muchas experiencias cotidianas dejan rastros que podemos consultar después. Fotografías, notas de voz, ubicaciones, documentos, correos y mensajes funcionan como pequeñas pistas de momentos que quizá nuestra memoria conservaría de otra manera.

Internet guarda información sobre el mundo y también fragmentos de nuestra propia vida.

La memoria humana mantiene su lugar, aunque una parte de la tarea de recordar comenzó a distribuirse entre nuestra mente, los dispositivos y las plataformas que utilizamos todos los días.
Recordar también es saber dónde encontrar

A menudo olvidamos un dato concreto, pero conservamos una idea bastante clara de dónde buscarlo. Quizá se nos escapa una dirección completa, aunque sabemos que aparece en cierta conversación. La fecha exacta de un viaje puede volverse borrosa, pero una fotografía permite recuperarla. Incluso una lista de reproducción, un documento o una búsqueda anterior pueden ayudarnos a reconstruir una etapa de nuestra vida.

La memoria digital funciona así: conserva rutas para regresar a la información, incluso cuando los detalles ya se alejaron de nuestra mente.

En lugar de memorizar cada número, fecha o nombre, aprendemos a reconocer en qué dispositivo, aplicación, carpeta o conversación podría encontrarse. Recordar comienza a incluir también la capacidad de localizar una huella.

Esta posibilidad puede resultar liberadora. Nos permite apoyarnos en calendarios, archivos y buscadores para dedicar nuestra atención a otras tareas. Al mismo tiempo, transforma nuestra relación con la información: algunos datos pierden importancia como contenido memorizado porque confiamos en que podremos recuperarlos después.

Guardar mucho es distinto de recordar mejor

Los dispositivos actuales permiten conservar cantidades enormes de fotografías, capturas de pantalla, enlaces, archivos y conversaciones. El reto aparece cuando esa abundancia pierde una organización comprensible.

Podemos guardar cientos de imágenes de un viaje y regresar únicamente a unas cuantas. Acumulamos enlaces que parecían importantes, capturas que prometíamos revisar después y documentos cuyos nombres dejaron de explicar claramente su contenido.

El archivo crece con facilidad; nuestra capacidad de regresar a él requiere contexto y organización.

Una fotografía adquiere más sentido cuando sabemos quién aparece, dónde fue tomada o por qué ese momento importaba. Un mensaje puede conservar las palabras exactas, aunque deja fuera parte de la emoción y del ambiente de la conversación.

Almacenar y recordar cumplen funciones distintas. Guardar conserva un registro; recordar implica reconstruir su significado.

Internet no recuerda por nosotros: conserva pistas que transforman la manera en que regresamos a lo vivido.

Las plataformas también deciden qué vuelve a aparecer

Antes, regresar a un álbum, una carta o una caja de fotografías solía ser una acción intencional. Había que buscarla, abrirla y elegir qué mirar. En el entorno digital, algunos recuerdos regresan de manera inesperada. Una plataforma puede mostrar una fotografía antigua, recuperar una publicación o sugerir un archivo relacionado con algo que estamos haciendo.

Eso introduce una diferencia importante: además de almacenar recuerdos, los sistemas digitales participan en el momento y en la forma en que vuelven a presentarlos. Un recuerdo puede aparecer en medio de un día común, al margen de si deseamos regresar a esa etapa. Puede provocar alegría, nostalgia, sorpresa o incluso incomodidad.

La memoria digital funciona como un archivo activo. Fechas, búsquedas, recomendaciones y sistemas capaces de relacionar información intervienen en su organización. Conforme la inteligencia artificial comprende mejor el contenido de fotografías, mensajes y documentos, recuperar algo puede depender menos del nombre exacto de un archivo y más del significado de aquello que buscamos.
La memoria humana sigue dando sentido

Una fotografía puede confirmar que estuvimos en cierto lugar. Un mensaje puede conservar una frase. Un calendario puede mostrar cuándo ocurrió una reunión. Sin embargo, esos registros contienen apenas una parte de lo que sentimos, comprendimos o aprendimos en ese momento.

La memoria humana selecciona, interpreta y transforma. En vez de funcionar como una copia exacta de la realidad, reconstruye experiencias. Algunos detalles desaparecen, otros cambian de importancia y ciertas vivencias adquieren un significado diferente con el paso del tiempo.

Los archivos digitales pueden ayudarnos a reconstruir una historia, pero somos nosotros quienes les damos sentido.

Esto vuelve más importante decidir qué conservamos, cómo lo organizamos y qué espacio permitimos que ocupe en nuestra vida. Ciertas experiencias merecen permanecer; otras pueden cumplir su función y después dar paso a nuevos recuerdos.

Durante los próximos días, en MentePost exploraremos esta relación entre memoria y tecnología: por qué acumulamos capturas y enlaces, qué ocurre en el cerebro cuando confiamos información a una pantalla, cómo la inteligencia artificial comienza a ordenar nuestros archivos y qué significa vivir en un entorno que conserva versiones anteriores de quienes somos.

Internet se convirtió en una extensión de nuestra memoria cotidiana.
La pregunta va más allá de cuánto puede guardar: también importa cómo queremos relacionarnos con todo aquello que puede devolvernos.

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El Documento electrónico de Control Administrativo (DeCA) obligatorio en formato digital para transportes interiores de mercancías por carretera España

DeCA digital obligatorio desde octubre de 2026: así serán los nuevos documentos electrónicos para el transporte de mercancías
https://www.camionactualidad.es

Escrito por Alvaro Pedroche

                                                               Documento electrónico de Control Administrativo (DeCA)


El Documento electrónico de Control Administrativo (DeCA) será obligatorio en formato digital a partir del 5 de octubre de 2026 para los transportes interiores de mercancías por carretera en España. La nueva normativa establece requisitos técnicos específicos para los documentos PDF, los códigos QR, el almacenamiento digital y el acceso durante las inspecciones.

El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) la Resolución de 5 de junio de 2026 que regula las características técnicas de los sistemas y documentos electrónicos de control administrativo exigidos en el transporte por carretera.

La medida afecta directamente al Documento electrónico de Control Administrativo (DeCA), que será obligatoriamente digital desde el 5 de octubre de 2026, diez meses después de la entrada en vigor de la Ley de Movilidad Sostenible.

La resolución, publicada el 12 de junio, detalla los requisitos que deberán cumplir las aplicaciones informáticas utilizadas por empresas y operadores, así como las características técnicas de los propios documentos electrónicos.

¿Qué transportes estarán obligados a utilizar el DeCA?

La obligatoriedad del DeCA digital afectará a los transportes interiores de mercancías con origen y destino dentro del territorio español, incluidas las operaciones de cabotaje.

Por el contrario, los transportes internacionales que circulen parcial o totalmente por España seguirán utilizando la documentación habitual, como la carta de porte internacional CMR.
Requisitos de las aplicaciones y generación del documento

Las plataformas y programas informáticos encargados de gestionar el documento electrónico de control administrativo deberán incorporar toda la información exigida por la normativa vigente para el transporte público de mercancías por carretera.

Antes del inicio efectivo del servicio, estos datos deberán convertirse en un fichero electrónico válido.

Además, los sistemas deberán garantizar la trazabilidad documental registrando:
  • Fecha y hora de creación del documento.
  • Modificaciones realizadas posteriormente.
  • Historial de actualizaciones.
  • Identificación única del fichero.
  • Los documentos deberán almacenarse en un repositorio digital accesible durante las inspecciones y contar con una URL única para su descarga.
  • PDF nativo, código QR y acceso directo
Uno de los aspectos más relevantes de la nueva regulación es que el DeCA deberá generarse exclusivamente en formato PDF nativo digital.

No serán válidos:
  • Documentos escaneados.
  • Fotografías de documentos en papel.
  • Imágenes convertidas a PDF.
  • Características técnicas obligatorias
  • RequisitoExigencia Formato PDF nativo digital
  • Tamaño máximo 5 MB
  • Código QR Obligatorio
  • URL única Obligatoria
  • Protocolo web HTTPS
  • Acceso al documento Sin autenticación ni credenciales
  • Disponibilidad mínima Durante todo el servicio
  • Desactivación de descarga A partir de siete días naturales tras finalizar el servicio
El código QR deberá enlazar directamente al documento y permitir su descarga inmediata, sin necesidad de iniciar sesión ni realizar pasos adicionales.

Conservación de los documentos electrónicos

La normativa establece que tanto el cargador contractual como el transportista efectivo deberán conservar los archivos electrónicos durante un plazo mínimo de un año.

Cuando el documento sea generado por una de las partes, bastará con que la otra pueda acceder y descargar el fichero durante todo ese periodo de conservación.

La firma electrónica no será obligatoria

La resolución aclara una de las principales dudas del sector: la firma del documento de control administrativo no será obligatoria para que el documento tenga validez legal.

Esta decisión se basa en que la regulación actual del documento de control y de la hoja de ruta no exige expresamente este requisito.

No obstante, cuando se utilicen otros documentos contractuales que sí requieran firma, como la carta de porte, deberá emplearse al menos una firma electrónica avanzada conforme al Reglamento eIDAS.

También serán válidas las firmas electrónicas cualificadas.

Integración con otros documentos de transporte

El DeCA digital podrá integrarse en otros documentos habituales del transporte de mercancías y la logística, siempre que incorporen toda la información exigida por la normativa.

Entre ellos destacan:
  • Cartas de porte.
  • Documentación ADR para mercancías peligrosas.
  • Documentos de traslado de residuos.
  • Documentación SANDACH.
En todos los casos será imprescindible identificar correctamente al cargador contractual y al transportista efectivo.

Modificaciones durante el transporte

Si fuera necesario actualizar la información una vez iniciado el servicio, la normativa contempla dos opciones:Modificar el PDF original manteniendo el mismo documento.
Generar un nuevo fichero con una URL diferente y un nuevo código QR.

En cualquiera de los dos casos, el conductor deberá recibir la versión actualizada antes de continuar el transporte.

Obligaciones del conductor durante las inspecciones


Antes de iniciar el servicio, el conductor deberá disponer de una copia del Documento electrónico de Control Administrativo.

Esta podrá presentarse:
  • En formato electrónico.
  • En formato papel.
En ambos casos deberá incluir obligatoriamente el código QR asociado al documento.

Durante una inspección en carretera, el conductor podrá mostrar:
  • El documento completo.
  • Únicamente el código QR para que los agentes accedan al fichero.


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La prueba digital: qué es y cómo se presenta en un proceso judicial civil y penal peruano

La prueba digital y la inteligencia artificial en el proceso judicial peruano

https://lpderecho.pe
Por Omar Effio Arroyo 

Imagen creada por Grok basada en las indicaciones dadas por la Lic. Carmen Marín


Desafíos, vacíos y una reflexión necesaria para la justicia del siglo XXI

Sumilla:
1. Introducción;
2. La prueba digital: qué es y cómo se presenta en un proceso judicial;
3. La prueba digital en los procesos civiles y penales del sistema peruano;
4. El avance de la inteligencia artificial en los procesos judiciales;
5. La vulneración de derechos fundamentales por el desarrollo de la IA;
6. El enfoque constitucional: entre la innovación y la garantía de derechos;
7. Implicancias en la sociedad: más allá de las aulas de los tribunals;
8. Los vacíos legales: una mirada desde el derecho civil, penal y constitucional;
9. Lo que regula la doctrina penal y constitucional: un punto de partida;
10. Derecho comparado: ¿cómo lo están resolviendo otros países?;
11. Un mensaje para la Corte Suprema, el Tribunal Constitucional y los jueces de todas las instancias;
12. Referencias bibliográficas.

1. Introducción

Vivimos una época en la que la tecnología avanza a un ritmo que, francamente, el derecho no logra seguir. Y eso, lejos de ser una simple observación académica, es un problema real… muy real. La prueba digital —esos correos electrónicos, capturas de WhatsApp, grabaciones de audio, videos de cámaras de vigilancia, metadatos y registros almacenados en la nube— se ha convertido en protagonista de buena parte de los procesos judiciales, tanto civiles como penales. Pero, ¿estamos preparados para recibirla, valorarla y, sobre todo, garantizar que no se vulneren derechos fundamentales en el camino?

Este artículo no pretende dar respuestas cerradas (sería pretencioso hacerlo), sino más bien abrir una conversación necesaria, urgente, que involucra a jueces, fiscales, abogados litigantes y, por supuesto, a los magistrados del Tribunal Constitucional y de la Corte Suprema. Porque sí, la inteligencia artificial ya llegó a los tribunales —aquí y en el mundo— y no podemos seguir mirando para otro lado.

2. La prueba digital: qué es y cómo se presenta en un proceso judicial

Empecemos por lo básico, que a veces —y no me canso de decirlo— lo básico es lo que más se descuida en la práctica forense. La prueba digital es, en términos simples, toda información con valor probatorio que se almacena, procesa o transmite en formato electrónico[1]. Esto incluye, claro está, los correos electrónicos, los mensajes de texto y de aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram, Signal…), las capturas de pantalla, los registros de llamadas, los archivos de audio y video digitales, los metadatos de documentos, las transacciones bancarias electrónicas, y hasta las publicaciones en redes sociales.

¿Y cómo se presenta esta prueba ante un juez? Pues bien, las formas de presentación son diversas y aquí radica uno de los primeros problemas. En la práctica peruana, lo más común es la impresión en papel de capturas de pantalla, la presentación de discos compactos o memorias USB con archivos digitales, las actas notariales de constatación del contenido digital, y —cada vez con mayor frecuencia— los informes periciales de informática forense que incluyen funciones hash para verificar la integridad del archivo. El problema, y aquí viene lo complicado, es que no existe una regulación procesal unificada en el Perú que establezca con claridad los requisitos de admisibilidad, los estándares de autenticación y la cadena de custodia específica para este tipo de prueba[2].

Pensemos en un caso concreto: un litigante presenta capturas de pantalla de una conversación de WhatsApp como prueba de un acuerdo contractual. ¿Basta con la impresión? ¿Se necesita el equipo celular original? ¿Se requiere un peritaje informático? La respuesta, lamentablemente, depende del juez que le toque conocer el caso… y eso, en un Estado de derecho, no debería ocurrir.

3. La prueba digital en los procesos civiles y penales del sistema peruano

En el ámbito del proceso civil, el Código Procesal Civil peruano reconoce los documentos como medios de prueba (artículos 233 y siguientes), y dentro de esa categoría caben —por interpretación extensiva— los documentos electrónicos. La Ley de Firmas y Certificados Digitales (Ley 27269) y su reglamento aportan un marco normativo para la firma electrónica y el documento electrónico, pero seamos honestos: esa normativa fue pensada para el comercio electrónico, no para la actividad probatoria en un proceso judicial[3]. El resultado es un vacío que los jueces civiles llenan con criterio propio —a veces con acierto, a veces no tanto—.

En el proceso penal, la situación es algo más desarrollada, aunque todavía insuficiente. El Código Procesal Penal de 2004 (Decreto Legislativo 957) regula la prueba documental y la pericia, y permite la incorporación de evidencia digital a través de la intervención de comunicaciones (artículo 230) y la exhibición e incautación de bienes (artículo 218). Sin embargo —y esto es lo que nos preocupa— no existe una regulación específica sobre la cadena de custodia digital, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en Colombia con la Ley 527 de 1999 y la jurisprudencia de la Corte Constitucional colombiana, que han desarrollado criterios mucho más claros sobre la equivalencia funcional del documento electrónico.

La Corte Suprema peruana, en el Recurso de Nulidad 11-2024-Lima, abordó un caso particularmente interesante: la valoración de capturas de pantalla de WhatsApp como prueba digital en un proceso penal. La Sala Penal sostuvo que, sin ser vinculante, si bien la prueba digital puede ser susceptible de adulteración, «la fiabilidad de su contenido puede sostenerse en la correspondencia con la secuencia del delito y la conducta del agente antes y después del hecho» [4]. Es decir, el tribunal optó por un criterio de corroboración contextual, lo que no deja de ser razonable pero… ¿es suficiente? ¿No necesitamos estándares más claros y previsibles?

4. El avance de la inteligencia artificial en los procesos judiciales

Y aquí es donde la cosa se pone realmente interesante y candente!—y, para qué negarlo, un poco inquietante—. La inteligencia artificial ya no es ciencia ficción; es una realidad que está transformando la forma en que se administra justicia en todo el mundo. En Argentina, el sistema Prometea asiste al Ministerio Público Fiscal de Buenos Aires en la elaboración de dictámenes a través de aprendizaje automático supervisado [5]. En Colombia, Pretoria ayuda a la Corte Constitucional a clasificar y priorizar tutelas. En Brasil, sistemas como Victor y Sócrates apoyan al Supremo Tribunal Federal en la sistematización de jurisprudencia y la automatización de tareas repetitivas.

¿Y en el Perú? Bueno, aquí tenemos un caso que generó bastante revuelo: el Juzgado de Paz Letrado de San Juan de Miraflores utilizó ChatGPT para aplicar técnicas matemáticas en la determinación de una pensión de alimentos [6]. La noticia recorrió medios jurídicos y no jurídicos, y las opiniones estuvieron divididas. Unos aplaudieron la innovación; otros —con razón, me parece— alertaron sobre los riesgos de delegar funciones judiciales, ni siquiera parcialmente, a un sistema de IA generativa cuyos criterios de razonamiento son opacos e inverificables.

Porque ese es, precisamente, el gran problema de la IA aplicada al derecho: el fenómeno de la «caja negra» (black box). Los algoritmos de aprendizaje profundo pueden procesar cantidades enormes de datos y producir resultados que parecen razonables, pero… ¿cómo llegaron a esa conclusión? ¿Con qué datos fueron entrenados? ¿Qué sesgos incorporan? Como bien advierte Cathy O’Neil en su obra Weapons of Math Destruction, los algoritmos no son neutrales: reflejan las decisiones y los prejuicios de quienes los diseñan[7].

5. La vulneración de derechos fundamentales por el desarrollo de la IA

Hablemos sin rodeos: la inteligencia artificial, mal regulada o utilizada sin controles adecuados, puede vulnerar derechos fundamentales. Y no estamos hablando de escenarios futuristas… estamos hablando del aquí y ahora.

El derecho a la intimidad y a la protección de datos personales es, quizá, el más expuesto. Los sistemas de IA requieren enormes volúmenes de datos para funcionar, y esos datos muchas veces incluyen información sensible: historiales clínicos, antecedentes penales, patrones de comportamiento, comunicaciones privadas. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en el caso Big Brother Watch y otros c. Reino Unido (2021), señaló que la vigilancia masiva de comunicaciones —incluso cuando se justifica por razones de seguridad nacional— puede vulnerar el derecho a la vida privada y familiar consagrado en el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos [8].

Pero hay más. El principio de igualdad y no discriminación se ve amenazado cuando los algoritmos replican sesgos históricos. El caso SyRI (System Risk Indication) en los Países Bajos es ilustrativo: un tribunal de La Haya declaró ilegal un sistema algorítmico utilizado por el gobierno holandés para detectar fraudes en materia de seguridad social, al considerar que no cumplía con los requisitos de proporcionalidad, transparencia y respeto al derecho a la vida privada [9]. El sistema, según se comprobó, afectaba desproporcionadamente a personas de origen extranjero.

En el caso peruano, el Tribunal Constitucional ha sido enfático en proteger el derecho a la prueba como componente del debido proceso. En la sentencia recaída en el Expediente 00655-2010-PHC/TC, el TC desarrolló la doctrina de la prueba prohibida, estableciendo que toda prueba obtenida con violación de derechos fundamentales —como la inviolabilidad de las comunicaciones— carece de efecto legal y no puede utilizarse para determinar la situación jurídica de una persona [10]. Esta doctrina resulta directamente aplicable a la evidencia digital obtenida mediante interceptaciones ilegales, accesos no autorizados a dispositivos electrónicos o vigilancia sin orden judicial.

6. El enfoque constitucional: entre la innovación y la garantía de derechos

La Constitución Política del Perú de 1993, en su artículo 2, inciso 10, consagra el derecho al secreto y a la inviolabilidad de las comunicaciones y documentos privados, precisando que solo pueden ser abiertos, incautados, interceptados o intervenidos por mandamiento motivado del juez. Esta garantía constitucional cobra una dimensión nueva —y más compleja— en el entorno digital, donde las comunicaciones son electrónicas, los documentos se almacenan en la nube y la información personal circula por redes que trascienden fronteras.

Desde una perspectiva constitucional, la incorporación de la IA en el sistema de justicia debe respetar, cuando menos, los siguientes principios: (a) el principio de legalidad, que exige que cualquier restricción de derechos esté prevista en una ley; (b) el principio de proporcionalidad, que demanda que toda intervención en derechos fundamentales sea idónea, necesaria y ponderada; (c) el principio de motivación de las resoluciones judiciales, que impone al juez la obligación de explicar las razones de su decisión —y no delegarla a un algoritmo—; y (d) el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, que garantiza a toda persona el acceso a un juez imparcial e independiente.

Como bien ya lo hemos señalado en otro artículo, los jueces tienen el deber de priorizar la Constitución por encima de las normas infraconstitucionales, ejerciendo el control difuso cuando sea necesario para proteger derechos fundamentales [11]. Esta premisa es perfectamente trasladable al ámbito de la prueba digital y la IA: si una prueba digital fue obtenida vulnerando derechos fundamentales, o si un sistema de IA produce resultados discriminatorios o inescrutables, el juez constitucional está llamado a actuar y expulsar esa prueba del proceso.

7. Implicancias en la sociedad: más allá de las aulas de los tribunales

Sería un error pensar que esto solo atañe a abogados y jueces. Cada ciudadano que envía un mensaje por WhatsApp, que realiza una transacción bancaria por aplicativo o que publica una foto en redes sociales, está generando prueba digital potencial. Y cada vez que un sistema de IA decide quién accede a un crédito o quién es considerado «sospechoso» por un algoritmo predictivo, se toma una decisión que impacta directamente en la vida de las personas.

El filósofo Byung-Chul Han ha advertido sobre los riesgos de la «psicopolítica digital», en la que los datos personales se convierten en herramientas de control social. Yuval Noah Harari, por su parte, ha planteado que los algoritmos podrían llegar a conocernos mejor que nosotros mismos. En el Perú, donde la brecha digital sigue siendo significativa, el uso de IA en la administración de justicia puede profundizar desigualdades si no se implementa con criterios de inclusión y transparencia. El acceso a la justicia es un derecho fundamental, y cualquier innovación que lo facilite es bienvenida… siempre que no termine excluyendo a quienes más lo necesitan.

8. Los vacíos legales: una mirada desde el derecho civil, penal y constitucional

Hagamos un inventario honesto de lo que nos falta —que es bastante—. En el ámbito civil, el Código Procesal Civil no contiene disposiciones específicas sobre la admisibilidad, autenticación ni valoración de la prueba digital. Los jueces aplican, por analogía, las reglas de la prueba documental clásica, lo cual resulta insuficiente dada la naturaleza volátil, reproducible y fácilmente alterable de los datos electrónicos.

En el ámbito penal, si bien el Código Procesal Penal de 2004 es más moderno, persisten vacíos importantes: no se regula una cadena de custodia digital diferenciada, no se establecen requisitos técnicos mínimos para la preservación de evidencia electrónica (como el uso obligatorio de funciones hash o la imagen forense de dispositivos), y no se contempla —ni por asomo— el uso de sistemas de IA como herramienta auxiliar del juez o del fiscal. Existe, eso sí, el Proyecto de Ley que busca incorporar la evidencia digital como medio de prueba en el Código Procesal Penal, pero su aprobación sigue pendiente.

En el ámbito constitucional, la Ley 31814 y su reglamento (Decreto Supremo 115-2025-PCM) constituyen un avance significativo al establecer principios para el uso ético, seguro y transparente de la IA en el Perú, incluyendo una clasificación de sistemas por niveles de riesgo (inaceptable, alto, medio y bajo). Sin embargo, esta normativa tiene un enfoque predominantemente administrativo y económico, y no aborda de manera específica las implicancias procesales de la IA ni los estándares probatorios para la evidencia digital en sede judicial.

9. Lo que regula la doctrina penal y constitucional: un punto de partida

No todo es vacío, claro. La doctrina penal peruana —y la comparada— ha avanzado en sistematizar criterios para la valoración de la prueba digital. En materia penal, se reconoce que la prueba digital debe cumplir con requisitos de autenticidad (que el documento sea lo que dice ser), integridad (que no haya sido alterado), fiabilidad (que el sistema que lo generó funcione correctamente) y disponibilidad (que sea accesible para las partes y el juez). Estos criterios, desarrollados por la doctrina internacional y recogidos parcialmente por la jurisprudencia peruana, constituyen un punto de partida valioso, aunque insuficiente si no se plasman en normas procesales claras.

En materia constitucional, la doctrina ha enfatizado que el derecho a la prueba —reconocido implícitamente en el artículo 139, inciso 3, de la Constitución como componente del debido proceso— incluye el derecho a que los medios probatorios sean admitidos, actuados y valorados adecuadamente. Esto significa que el juez no puede rechazar una prueba digital por el solo hecho de ser digital, pero tampoco puede admitirla sin verificar su autenticidad e integridad.

El Tribunal Constitucional, en diversas sentencias, ha desarrollado el contenido del derecho a la prueba señalando que comprende: el derecho a ofrecer medios probatorios, el derecho a que se admitan, el derecho a que se actúen, el derecho a que se asegure la producción o conservación de la prueba, y el derecho a que se valoren adecuada y motivadamente. Cada uno de estos componentes tiene implicancias directas cuando hablamos de prueba digital y de prueba generada o asistida por IA.

10. Derecho comparado: ¿cómo lo están resolviendo otros países?

Resulta útil —y hasta necesario— mirar lo que están haciendo otros países, no para copiar acríticamente, sino para aprender. La Unión Europea aprobó en 2024 el Reglamento de Inteligencia Artificial (AI Act), que clasifica los sistemas de IA según su nivel de riesgo y establece prohibiciones para usos considerados inaceptables, como la vigilancia biométrica masiva en tiempo real y los sistemas de puntuación social [12]. Este reglamento es, hasta el momento, el marco regulatorio más completo del mundo en materia de IA.

En Estados Unidos, el enfoque es más fragmentado. No existe una ley federal general sobre IA, pero hay regulaciones sectoriales y pronunciamientos judiciales relevantes. El caso Loomis v. Wisconsin (2016) puso en discusión el uso del algoritmo COMPAS para evaluar el riesgo de reincidencia en la determinación de penas, cuestionándose la falta de transparencia del sistema y su posible sesgo racial. La Corte Suprema de Wisconsin validó su uso como herramienta complementaria, pero advirtió que no podía ser el factor determinante en la sentencia.

En América Latina, Brasil ha dado pasos importantes con la Resolución 615/2025 del Consejo Nacional de Justicia. Argentina, con Prometea, y Colombia, con Pretoria, ofrecen experiencias valiosas, aunque enfrentan críticas sobre transparencia algorítmica. El denominador común es claro: la IA puede mejorar la eficiencia judicial, pero jamás debe sustituir el juicio humano del juez ni operar al margen de los derechos fundamentales.

11. Un mensaje para la Corte Suprema, el Tribunal Constitucional y los jueces de todas las instancias

Permítanme, en este último apartado, dirigirme con respeto pero con franqueza a quienes tienen en sus manos la responsabilidad de administrar justicia en el Perú.

Señores magistrados de la Corte Suprema: la jurisprudencia que ustedes desarrollan marca el camino para miles de jueces en todo el país. Es momento de emitir lineamientos claros —ojalá un Acuerdo Plenario— que establezca criterios uniformes para la admisibilidad, autenticación y valoración de la prueba digital en los procesos civiles y penales. La incertidumbre que hoy existe no solo afecta la seguridad jurídica, sino que perjudica directamente a los justiciables que dependen de la prueba digital para acreditar sus pretensiones o ejercer su defensa.

Señores magistrados del Tribunal Constitucional: ustedes son los guardianes de los derechos fundamentales. En un mundo donde la IA puede decidir quién es «confiable» y quién no, donde los algoritmos pueden sesgar la valoración de la prueba y donde la vigilancia digital amenaza la intimidad de los ciudadanos, su rol es más importante que nunca. Les corresponde desarrollar estándares constitucionales que garanticen la transparencia algorítmica, la prohibición de pruebas digitales obtenidas con vulneración de derechos y el derecho de toda persona a no ser sometida a decisiones exclusivamente automatizadas que afecten su esfera jurídica.

Y a los jueces de todas las instancias: ustedes enfrentan cada día la realidad de expedientes con prueba digital que no siempre saben cómo valorar, con herramientas de IA que prometen eficiencia pero cuyo funcionamiento desconocen, y con un marco normativo que les da poca orientación. Les pido capacitación constante, prudencia en el uso de nuevas tecnologías y, sobre todo, que nunca pierdan de vista que detrás de cada dato, cada algoritmo y cada archivo digital hay personas con derechos que proteger.

La justicia del siglo XXI será digital o no será. Pero si queremos que sea verdadera justicia, debe seguir siendo humana.

12. Referencias bibliográficas

[1] Casey, Eoghan. Digital Evidence and Computer Crime: Forensic Science, Computers, and the Internet. Tercera edición. Waltham: Academic Press, 2011, p. 7.

[2] Riofrío Martínez-Villalba, Juan Carlos. La prueba electrónica. Bogotá: Temis, 2004, pp. 45-52.

[3] Ley 27269, Ley de Firmas y Certificados Digitales, publicada en El Peruano el 28 de mayo de 2000. Véase también su Reglamento, aprobado por Decreto Supremo 052-2008-PCM.

[4] Corte Suprema de Justicia de la República. Recurso de Nulidad 11-2024-Lima. Sala Penal Permanente. Fundamento jurídico 4.3. Disponible aquí.

[5] Corvalán, Juan Gustavo. «Inteligencia artificial y decisión automatizada en la Administración Pública». En: Revista de Derecho Administrativo, núm. 18, 2019, pp. 25-48.

[6] «Juzgado peruano utilizó ChatGPT para resolver caso de alimentos». LP Derecho, 2023.

[7] O’Neil, Cathy. Weapons of Math Destruction: How Big Data Increases Inequality and Threatens Democracy. Nueva York: Crown Books, 2016, pp. 3-12.

[8] Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Caso Big Brother Watch y otros c. Reino Unido (Aplicaciones núms. 58170/13, 62322/14 y 24960/15). Gran Sala, sentencia de 25 de mayo de 2021.

[9] Tribunal de Distrito de La Haya. Caso SyRI (Systeem Risico Indicatie). Sentencia de 5 de febrero de 2020. ECLI:NL:RBDHA:2020:1878.

[10] Tribunal Constitucional del Perú. Expediente 00655-2010-PHC/TC. Fundamentos jurídicos 5 a 10. Disponible aquí.

[11] Effio Arroyo, Omar. «Reflexiones críticas sobre la sentencia del TC que validó la «Ley Soto» y pretendió silenciar al Poder Judicial». LP Derecho, 2026. Disponible aquí.

[12] Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial (Reglamento de Inteligencia Artificial). Diario Oficial de la Unión Europea, L, 2024/1689.

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La prueba digital: La estrategia procesal empieza mucho antes del pleito, comienza en la gestión de la información.

Prueba digital e IA: el nuevo campo de batalla en la litigación civil

https://www.expansion.com/
FABIO VIRZI




Durante años, la prueba digital se ha incorporado a los procesos civiles y mercantiles como una extensión natural de la prueba documental. Capturas de pantalla, correos electrónicos, conversaciones de mensajería, archivos adjuntos, grabaciones o imágenes han pasado a formar parte habitual del material probatorio.

Sin embargo, la inteligencia artificial obliga a revisar esa aproximación. Muchas de estas evidencias ya no pueden tratarse como simples documentos: son activos probatorios técnicamente vulnerables, cuya fuerza depende de su origen, integridad, contexto y fiabilidad.

La cuestión ya no es solo si una evidencia digital puede acceder formalmente al proceso. El verdadero debate es si resiste un examen contradictorio serio. Una captura de pantalla puede servir como indicio, pero difícilmente tendrá el mismo valor que una extracción técnica documentada, con metadatos preservados, trazabilidad acreditada y validación pericial. Del mismo modo, una conversación transcrita, un archivo electrónico o una imagen aportada sin contexto pueden resultar insuficientes si no se acredita cómo fueron obtenidos, conservados e incorporados al procedimiento.

El Derecho procesal español ofrece un marco flexible para la incorporación de soportes digitales, grabaciones y archivos electrónicos. Pero la admisión formal no equivale a eficacia probatoria. Una evidencia puede ser válida desde el punto de vista procesal y, aun así, tener un valor limitado si existen dudas sobre su autenticidad, conservación o integridad. En un entorno crecientemente digitalizado, la prueba no solo debe aportarse: debe poder explicarse, reconstruirse y defenderse.

La inteligencia artificial eleva ese umbral de exigencia. A las cuestiones clásicas sobre autoría e integridad se suman otras más complejas: si el contenido ha sido generado o alterado mediante IA, si un sistema automatizado ha seleccionado o interpretado datos relevantes, qué fuentes se han utilizado, qué intervención humana ha existido y si la contraparte puede ejercer una contradicción efectiva. Cuando concurren opacidad, sesgos o riesgo de manipulación, la sofisticación técnica no refuerza necesariamente la prueba; en ocasiones, puede debilitarla.

Por ello, quien se apoye en análisis automatizados, herramientas de IA o informes algorítmicos debe asumir una carga reforzada de justificación técnica. No basta aportar el resultado. Es necesario explicar la lógica del sistema, sus fuentes, sus límites, el grado de supervisión humana y las garantías aplicadas. La autoridad de la herramienta no puede sustituir a la acreditación de su fiabilidad.

En este contexto, la trazabilidad se convierte en un elemento central. Debe poder reconstruirse el ciclo de vida de la evidencia: origen, obtención, accesos, transferencias, preservación, metadatos y controles aplicados. Esta exigencia proyecta una nueva relevancia sobre la cadena de custodia también en la jurisdicción civil y mercantil. Cuanto más digital es la prueba, más importante resulta acreditar no solo qué demuestra, sino cómo se ha generado, conservado y presentado ante el tribunal.

Ahora bien, la prueba digital no se valora de forma aislada ni como una cuestión puramente técnica. Su eficacia depende también de su coherencia con el resto del material probatorio, de la calidad de su obtención y de su capacidad para resistir la impugnación de la contraparte. La tecnología no sustituye el juicio valorativo del tribunal, pero introduce elementos adicionales que deben ser ponderados jurídicamente.

Esta cautela es especialmente relevante cuando intervienen sistemas de inteligencia artificial. Sus resultados no pueden presentarse como verdades objetivas por el mero prestigio de la herramienta. Pueden contener errores difíciles de detectar, amplificar sesgos o generar conclusiones aparentemente coherentes pero materialmente inválidas. En este ámbito, la fiabilidad no se presume: debe acreditarse.

A ello se añade una dimensión jurídica ineludible. Muchas evidencias digitales contienen datos personales, información confidencial, secretos empresariales o elementos protegidos por derechos fundamentales. Su uso en juicio, especialmente cuando intervienen herramientas de IA, exige justificar la base jurídica, la proporcionalidad y las garantías de confidencialidad. De lo contrario, la prueba puede ser cuestionada o incluso excluida.

Para las compañías, la consecuencia es directa. Las políticas de conservación documental, los mapas de datos, los criterios de acceso, los registros de actividad y los protocolos de uso de inteligencia artificial ya no son solo cuestiones operativas o de cumplimiento. En un entorno de litigación digital, condicionan la disponibilidad, admisibilidad y fuerza persuasiva de la prueba. La estrategia procesal empieza mucho antes del pleito: empieza en la gestión de la información.

Para el abogado litigante, el reto consiste en traducir la complejidad tecnológica en categorías jurídicas comprensibles para el tribunal. No basta invocar conceptos como metadatos, trazabilidad, algoritmo o inteligencia artificial. Lo decisivo es explicar por qué esos elementos permiten acreditar -o cuestionar- la autenticidad, integridad y fiabilidad de la prueba.

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Elegir el formato de archivo adecuado al subir documentos a la IA disminuye errores

>>  miércoles, 22 de julio de 2026

Formato de archivo para IA: cuál evita que invente datos falsos

https://especial.larepublica.pe
Evelyn Camarena -



Elegir el formato de archivo adecuado al subir documentos a la IA disminuye errores, evita que invente datos y mejora la precisión de sus respuestas.

Cuando subes un documento a una herramienta de inteligencia artificial, elegir el formato de archivo correcto puede marcar la diferencia entre una respuesta precisa y una interpretación errónea. Un archivo con estructura clara facilita que la IA lea mejor el contenido, reduzca errores y procese la información con mayor exactitud.

Por qué el formato de archivo Markdown (.md) es la mejor opción

Para comprender cómo procesa la información un chatbot, debemos entender que su primer paso consiste en transformar cualquier archivo que le enviamos en texto limpio y sin formato. Las inteligencias artificiales leen la información de manera directa cuando no hay diseños visuales de por medio. Por ello, elegir un formato de archivo adecuado permite que el modelo identifique mejor la jerarquía de la información y procese los datos con mayor precisión.

En este escenario, el formato conocido como Markdown (archivos con extensión .md) destaca como la mejor opción. Al estructurar la jerarquía de un documento con símbolos elementales —como una almohadilla o michi (#) para los títulos y guiones para las listas—, se le ofrece a la máquina un mapa de lectura ideal. Debido a que las herramientas de IA han sido entrenadas con inmensas bases de datos sustentadas en esta estructura, interpretan su arquitectura de manera óptima, lo que la convierte en la alternativa idónea para garantizar respuestas exactas.

Qué sucede cuando subes un documento de Word o un PowerPoint

En el día a día, lo más común es subir archivos como un documento de Word o una presentación de PowerPoint al chat de la IA, sin considerar que el formato puede influir en la interpretación de los datos. Sin embargo, estos documentos esconden capas densas de códigos internos, configuraciones de diseño, fuentes y estilos visuales orientados al ojo humano que actúan como distracciones innecesarias para los algoritmos. Para extraer los datos de estos textos, la IA debe realizar un esfuerzo adicional que eleva la probabilidad de omitir variables críticas o malinterpretar la información original.

PowerPoint fragmenta el contenido en cajas de texto independientes distribuidas por la pantalla. Este formato rompe el sentido lineal de la lectura y obliga al sistema a inferir el orden lógico de la exposición, lo que muchas veces puede terminar en una interpretación completamente desordenada.

El comportamiento de la IA con las tablas de Excel

Las fórmulas de las plantillas de Excel se pierden por completo en el camino y el modelo solo es capaz de visualizar los resultados numéricos finales, por lo que pierde el rastro del cálculo real que los generó. Además, si el trabajo cuenta con un diseño complejo, lleno de celdas combinadas, filas de colores o múltiples pestañas, existe la posibilidad de que la IA se confunda, mezcle la información de diferentes hojas o termine respondiendo con los datos de la pestaña equivocada.

Para estos casos de datos puros, elegir el formato adecuado y guardar la tabla en CSV (valores separados por comas) suele ser una opción mucho más limpia para la máquina.

Cómo procesa la IA los archivos PDF y por qué pueden fallar

El formato PDF es, sin duda, el más utilizado en las oficinas, pero al mismo tiempo es el que requiere más atención al usarlo con una IA. Este soporte fue diseñado exclusivamente con el propósito de asegurar una impresión idéntica en cualquier pantalla, pues guarda coordenadas de posición para cada letra en lugar de un flujo de lectura continuo.

Cuando el PDF presenta estructuras complejas a doble columna o tablas, los mecanismos de extracción automáticos pueden fallar, lo que demuestra que el formato elegido también condiciona la capacidad de comprensión de la inteligencia artificial. En un informe a doble columna, por ejemplo, la IA puede empezar a leer de forma cruzada, saltando de izquierda a derecha a mitad de frase y mezclando dos ideas distintas. El reto es mayor si se trata de un PDF escaneado; al ser básicamente una foto del texto, obliga al modelo a adivinar los caracteres, lo que aumenta la posibilidad de errores.

Trucos sencillos para asegurar un buen resultado

Minimizar el margen de error de las herramientas de inteligencia artificial requiere adoptar ciertos hábitos prácticos en nuestra rutina digital. Si el fragmento informativo que necesitas procesar es breve, la acción más eficiente y segura siempre será copiar el texto y pegarlo directamente en la ventana de conversación del chat, ya que así se eliminan automáticamente los formatos visuales. Respecto al manejo de los archivos PDF, es recomendable darles una mirada rápida antes de integrarlos en una consulta.

Aquellos documentos generados de forma digital y con letras claras no suelen representar problemas, pero las páginas escaneadas o los informes con tablas cruzadas exigen que revises con atención el resultado final.

En definitiva, la forma en que organizamos la información puede marcar la diferencia en los resultados que obtenemos con inteligencia artificial. Además de mejorar la precisión de sus respuestas, estas herramientas ya permiten convertir documentos a nuevos formatos, como presentaciones visuales creadas en segundos con plataformas como Google NotebookLM. Así, simplifican tareas que antes tomaban mucho más tiempo.

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Cómo acceder a Meta AI desde WhatsApp Web que hace

Meta AI ya está disponible en WhatsApp Web: cómo usar la IA desde el PC
https://www.infobae.com
Por Isabela Durán San Juan


Los usuarios pueden compartir documentos, hacer consultar a través de notas de voz y recibir información en tiempo real


Meta AI en WhatsApp Web permite a los usuarios acceder a la IA directamente desde su PC. 
(Imagen Ilustrativa Infobae)


Meta AI llegó a WhatsApp Web y permite consultar al asistente de inteligencia artificial sin salir de la plataforma de mensajería y sin necesidad de acudir al celular.

La función está integrada en el panel izquierdo de la interfaz, debajo de la sección de comunidades o con la opción ‘Pregúntale a Meta AI’.

A diferencia de otras herramientas de inteligencia artificial que operan como aplicaciones separadas, Meta AI se activa dentro del propio entorno de WhatsApp Web. El usuario no necesita abrir un navegador adicional ni instalar ningún complemento.

Los usuarios pueden acceder a Meta AI desde su PC, hacer consultas y recibir información en tiempo real. (Meta)

Cómo acceder a Meta AI desde WhatsApp Web

El acceso funciona de dos maneras. La primera consiste en al panel izquierdo, debajo de la sección de comunidades, donde aparece la opción el ícono de Meta AI, que abre una ventana de conversación con el asistente.

La segunda manera es al desplegar el menú de opciones de cualquier mensaje, ya sea de texto, imagen, enlace o documento, el usuario puede seleccionar la opción de consultar a Meta AI sobre ese contenido específico.

Esta segunda modalidad convierte al asistente en una herramienta de análisis en tiempo real. Si el usuario recibe un documento Word, puede preguntarle directamente a Meta AI de qué trata sin necesidad de descargarlo ni abrirlo en otro programa.

La opción 'Pregúntale a Meta AI' aparece con mensajes de texto, imágenes y archivos. (Meta)

Qué hace Meta AI en WhatsApp Web

Cuando Infobae Tecno probó esta función, compartió un archivo de Word llamado Colibrí y Meta AI identificó el documento como un poema, describió sus tres ejes temáticos (la belleza del ave, su vuelo y su valentía) y señaló el tono general del texto con referencias a las metáforas utilizadas por el autor.

Meta AI no solo interpreta el contenido que recibe: ofrece respuestas organizadas, con formato de lista cuando la información lo requiere, y adjunta hipervínculos que respaldan sus respuestas. Esto permite al usuario verificar las fuentes directamente desde la conversación, sin pasos adicionales.

Meta AI en WhatsApp entiende notas de voz. (Meta)

Al final de cada respuesta, el asistente ofrece opciones de seguimiento como transcribir un texto completo o analizar un archivo verso por verso, lo que permite profundizar en el análisis sin abandonar la interfaz de mensajería. Meta AI no genera imágenes desde WhatsApp Web, tampoco permite ser mencionado en grupos.

La integración de Meta AI en WhatsApp Web permite a los usuarios acceder al asistente de forma más ágil cuando trabajan desde una computadora. Las conversaciones iniciadas en la versión web también se sincronizan y visualizan en la aplicación móvil.

Al usar un asistente de inteligencia artificial, es recomendable mantener medidas de privacidad: evitar compartir información personal como datos bancarios o direcciones de domicilio.

Cuál es la diferencia con Meta AI en celulares

La versión de Meta AI disponible en WhatsApp Web presenta limitaciones respecto a la que funciona en el celular. Desde el navegador, el asistente no genera imágenes ni puede ser mencionado en conversaciones grupales.

En la aplicación móvil, en cambio, los usuarios pueden mencionar a Meta AI dentro de grupos mediante “@Meta AI” y pedirle que genere imágenes. Estas dos principales funciones están ausentes en la versión web por el momento.

Cómo usar Meta AI en WhatsApp de forma segura

Para usar Meta AI en WhatsApp de forma segura, desde la versión web o la móvil, hay que evitar enviar información personal: contenido confidencial recibido por correo electrónico, direcciones de domicilio, documentos de identidad, números de pasaporte, datos bancarios, contraseñas o información médica privada.

Si bien Meta se compromete a proteger la información compartida con su asistente, estas medidas son preventivas.

Para una capa adicional de protección, la plataforma ofrece la opción de activar los chats de incógnito con Meta AI: con esa configuración, ni la propia empresa tiene acceso a los mensajes.


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Microsoft pagar miles de millones por humanos para que su propia tecnología sea creíble

Microsoft acaba de pagar miles de millones por humanos: la verdadera lección de la marca personal en la era de la IA
https://blogs.gestion.pe
Jorge Lazo Arias


Imagen diseñada por Grok

El 20 de julio de 2026, Microsoft confirmó algo que sonaba casi contradictorio viniendo de la empresa que financia a OpenAI y que empuja los modelos de lenguaje más avanzados del planeta hacia cada rincón del software corporativo. La compañía anunció Frontier Co., una unidad interna dotada con 2,500 millones de dólares y cerca de 6,000 ingenieros, consultores y especialistas cuya tarea no es escribir código nuevo ni entrenar un modelo más grande. Su tarea es sentarse, literalmente, al lado de los equipos de las empresas clientes para lograr que la inteligencia artificial que ya compraron empiece a funcionar dentro del trabajo real.

No es un producto. No es el lanzamiento de un modelo. Es gente, contratada en volumen, para hacer algo que en teoría el software ya debería poder hacer solo.

Ahí empieza lo extraño. Durante los últimos dos años, el relato dominante en cada conferencia de tecnología fue el mismo: la IA generativa iba a comprimir procesos enteros, reemplazar tareas, y con ellas, empleos. Gartner proyecta que para fin de este año el 40% de las aplicaciones empresariales tendrá agentes de IA embebidos, frente a menos del 5% hace apenas un año. La curva de adopción es real y es rápida. Y sin embargo, la respuesta de Microsoft a ese mismo fenómeno no fue liberar más automatización. Fue contratar más personas.

Vale la pena detenerse ahí, porque la contradicción no es un error de comunicación corporativa. Es información.

Lo que Frontier Co. admite, sin decirlo abiertamente, es que el cuello de botella de la inteligencia artificial dejó de estar en la tecnología hace tiempo. Los modelos ya escriben, resumen, programan y razonan a un nivel que hace dieciocho meses parecía ciencia ficción. El problema nunca fue si la IA podía hacer el trabajo. El problema es que ninguna empresa sabe, por sí sola, cómo traducir esa capacidad genérica en algo que funcione dentro de su cultura, su flujo de aprobaciones, su cliente específico, su forma particular de tomar decisiones. Y esa traducción, hasta ahora, solo la puede hacer un ser humano que entienda ambos mundos: el técnico y el organizacional.

Aquí es donde la noticia deja de ser sobre Microsoft y empieza a ser sobre cualquier persona que trabaje dentro de una empresa hoy.

Durante meses, el miedo profesional se organizó alrededor de una pregunta equivocada: ¿qué tareas mías puede hacer la IA? Es la pregunta que hizo famosa Mustafa Suleyman cuando habló de automatizar el marketing en dieciocho meses, y la misma que generó ansiedad en salas de directorio de Lima a Madrid. Pero Frontier Co. propone, sin quererlo, una pregunta distinta y más incómoda: si hasta la empresa dueña de la IA necesita comprar humanos para hacerla útil, ¿qué tipo de humano es ese, exactamente?

No es el que sabe usar el prompt correcto. Eso ya lo sabe hacer casi cualquiera con un fin de semana de práctica. Es el que entiende lo suficiente de la tecnología como para no tenerle miedo ni reverencia, y lo suficiente de su organización como para saber qué fricciones reales existen antes de que un modelo pueda tocar un proceso. Es, en el sentido más literal de la palabra, un traductor. Y los traductores nunca fueron reemplazados por el hecho de que existieran dos idiomas. Fueron reemplazados solo cuando dejaron de ser necesarios para que ambas partes se entendieran. Frontier Co. es la prueba de que ese momento, para la IA corporativa, todavía no llegó ni de cerca.

Ahí aparece algo que cambia la forma de mirar el fenómeno completo: la escasez ya no es de inteligencia artificial. Es de credibilidad humana aplicada a ella.

Pensemos en lo que eso implica para un gerente en Lima, un director en Bogotá o una vicepresidenta en Ciudad de México. Durante un tiempo, la estrategia razonable fue acumular habilidades técnicas: aprender a usar copilotos, herramientas de generación, automatizaciones. Eso sigue siendo útil, pero ya no es diferenciador, exactamente por la misma razón por la que Microsoft no está resolviendo su problema con más modelos. La diferenciación se movió hacia otro lugar: hacia quién, dentro de una organización, tiene la confianza suficiente para decir “esto sí lo podemos automatizar” y “esto todavía no”, y que la gente le crea.

Esa confianza no se construye en un fin de semana ni se activa con un curso online. Se construye exactamente de la misma manera en que se construye una marca personal sólida: con consistencia, con criterio demostrado en público, con una reputación que antecede a la conversación antes de que empiece. Frontier Co. no está contratando técnicos. Está comprando, a escala industrial, la misma moneda que cualquier profesional necesita hoy para no volverse intercambiable: una identidad reconocible, capaz de sostener el peso de una decisión difícil frente a una tecnología que todavía nadie termina de entender del todo.

Lo humano que se está transformando aquí no es el trabajo. Es el rol de quien decide cómo se hace ese trabajo. Durante generaciones, la autoridad profesional se apoyó en el conocimiento técnico exclusivo: el abogado que sabía la ley, el ingeniero que sabía el cálculo, el médico que sabía el diagnóstico. La IA está erosionando esa exclusividad a una velocidad brutal. Lo que no puede erosionar, porque no le pertenece, es la confianza que una persona construyó a lo largo de años frente a las personas con las que trabaja. Esa confianza es la última infraestructura que la inteligencia artificial todavía no sabe replicar, y por eso Microsoft, con todo su poder de cómputo, tuvo que salir a comprarla en forma de seres humanos.

Queda entonces una pregunta que no es técnica ni corporativa, sino casi existencial: si la empresa más avanzada en inteligencia artificial del mundo necesitó 6,000 personas para que su propia tecnología fuera creíble, ¿cuántas empresas más van a descubrir, en los próximos meses, que su ventaja competitiva nunca estuvo en el modelo que compraron, sino en quién, adentro, supo hacerlo confiable? Y si esa es la nueva escasez, vale la pena preguntarse, sin apuro, qué tan reconocible es hoy la propia voz dentro de la organización en la que uno trabaja, mucho antes de que alguien más decida responder esa pregunta primero.

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