Desclasifican en Rusia documentos sobre la crueldad nazi

>>  viernes, 24 de julio de 2015

Desclasifican nuevos archivos y vídeos sobre las barbaridades de los nazis y sus acólitos
http://actualidad.rt.com/ 24/07/2015

Los criminales militares de la Alemania nazi no solo tenían simpatizantes en los países satélites y las repúblicas de la URSS ocupadas, sino que algunos de sus partidarios incluso competían en crueldad con los invasores.Una serie de documentos desclasificados recientemente en Rusia confirma este lamentable hecho. Se trata de decenas de protocolos, fotografías y vídeos que están siendo publicados uno tras otro por la Sociedad Histórico-Militar Rusa dentro del proyecto 'El Núremberg soviético'.


Entre los archivos desclasificados destacan los concernientes a los juicios abiertos a los criminales militares húngaros en Chernígov (Ucrania), a los alemanes y letones en Riga (Letonia), alemanes y rumanos en Chisinau (Moldavia) y alemanes y austriacos en Járkov (Ucrania). Todos tuvieron lugar entre los años 1943 y 1947 en los territorios de la Unión Soviética liberados por el Ejército Rojo y muestran un alto grado de respeto a los derechos básicos de los procesados.


Uno de los volúmenes ya publicados recoge testimonios sobre las atrocidades cometidas por los acólitos letones del Servicio de Seguridad alemán (SD) y la Gestapo en la propia Letonia. 

El mencionado Arvid Zakitis es uno de los legionarios de las SS que en la Letonia actual goza de la distinción póstuma de héroe nacional. La exaltación de criminales de guerra ha sido censurada y condenada por las autoridades de Rusia en múltiples ocasiones.


Otro extracto es una declaración de Friedrich Jeckeln, jefe de los cuerpos de seguridad del III Reich para Estonia, Letonia, Lituania y parte de Bielorrusia, el acusado con mayor grado militar durante el proceso de Riga. Este veterano del SD indicó:


Hasta el momento en los libros de historia predomina la versión de que el jerarca ortodoxo fue asesinado en circunstancias poco claras.

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El robó el cerebro de JFK del Archivo Nacional

¿Quién robó el cerebro de JFK?
http://jralonso.es/ 24/07/2015

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Junto con Washington y Lincoln, John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) es uno de los presidentes de Estados Unidos más famosos en todo el mundo. Conocido como John F. Kennedy, Jack Kennedy o JFK, fue el trigésimo quinto presidente, el más joven elegido (43 años), el único católico y el último de los cuatro que fueron asesinados durante su mandato junto con Lincoln, Garfield y McKinley.

La presidencia de Kennedy no fue precisamente tranquila y diversos problemas políticos dejaron varias veces al planeta al borde de la Tercera Guerra Mundial: la fracasada invasión de bahía de Cochinos, la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, la construcción del Muro de Berlín y el inicio de la Guerra de Vietnam están en el debe de un presidente que, por otro lado, vivió el nacimiento del movimiento por los derechos civiles y creó la imagen de un hombre telegénico y cargado de energía, preparado para un mundo nuevo: joven héroe de guerra, escritor ganador del Pulitzer y deportista,
 camelotun presidente que mandó construir en la Casa Blanca una piscina y una casa en un árbol, capaz de plantar cara a Nikita Khrushchev -comisario político en la defensa de Stalingrado- y de seducir a Marilyn Monroe.
Como es de todos sabido, John F. Kennedy fue asesinado el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas. A las 12,30 horas la comitiva presidencial, con un descapotable donde iban el presidente, Jackie, el gobernador John Connally y su esposa enfiló la calle Elm. En ese momento se oyeron tres disparos y el presidente recibió dos balazos, uno de ellos, probablemente el tercero, en la cabeza. Fue trasladado inmediatamente al Hospital Parkland donde vieron que estaba «moribundo» y con una herida mortal de necesidad. De hecho, según alguno de los presentes «le faltaba media cabeza». Media hora después del atentado fue declarado muerto1355927614_jfk                                                                                                                                                      
El contralmirante Dr. George Burkley, su médico personal, certificó como causa de la muerte «herida de bala, cráneo» y firmó el certificado de defunción.

El forense del condado de Dallas, Earl Rose, estaba en el Parkland cuando le dieron la noticia. Fue hacia la sala de traumatología encontrándose en una habitación con Jacqueline Kennedy y el padre Oscar Huber, un sacerdote, que le había administrado a JFK los últimos sacramentos. Roy Kellerman, agente del Servicio Secreto y el Dr. Burkley se acercaron a Rose y le explicaron que no había tiempo para una autopsia porque la Sra. Kennedy había dicho que no abandonaría Dallas sin el cuerpo de su marido. A su vez el vicepresidente, presidente en funciones ya en ese momento, estaba en el Air Force One esperando a la Primera Dama. Rose se negó, les explicó que según las leyes de Texas, el cuerpo del presidente no se podía sacar del hospital antes de que se le realizara la autopsia y se puso en la puerta, acompañado de un policía para evitar que abandonasen el hospital. Por su parte, los hombres del Servicio Secreto colocaron el cuerpo de Kennedy en un ataúd, lo subieron en una camilla y lo empujaron fuera del hospital. Algunas declaraciones hablan de que los hombres del servicio secreto sacaron las armas y pusieron a los policías locales contra la pared mientras que otros se limitan a decir que salieron por la puerta del hospital con la camilla y el féretro, apartaron a Rose y al policía y se marcharon de allí.

El cuerpo del presidente fue trasladado al Air Force One, el avión presidencial, le subieron por la puerta posterior, quitaron una fila de asientos en el compartimento de pasajeros y lo colocaron allí.
President Kennedy galleryPoco después, el vicepresidente Lyndon B. Johnson juraba el cargo de presidente en el propio avión con Jacqueline Kennedy a su lado, con su vestido todavía manchado de sangre y el cuerpo del presidente, todavía caliente, en la parte trasera de la aeronave. Al llegar a Washington, el cuerpo se trasladó desde la base aérea de Andrews al cercano Hospital Naval, en Bethesda, Maryland, para hacerle la autopsia. El hospital fue elegido al parecer por Jacqueline Kennedy atendiendo a que su esposo había sido oficial de la Marina. Acompañaron al cuerpo, la viuda, el fiscal general y tres agentes del servicio secreto. La autopsia comenzó a las 20 horas aproximadamente y terminó pasada la medianoche. Como no podía ser de otra manera, es muy detallada y describe las heridas causadas por dos balas, una en la espalda, cerca de la base del cuello, que le saldría por la garganta y otra en la cabeza que entró por la parte posterior, cerca de la coronilla, daño gravemente el hemisferio cerebral derecho y generó un boquete en la parte lateral del cráneo de 13,5 cm de diámetro.
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Tras la autopsia, el cuerpo fue trasladado a la Habitación Este de la Casa Blanca, donde permaneció hasta el domingo con una guarda presidencial. Ese día, dos después del magnicidio, Oswald fue asesinado por Jack Ruby cuando iba a ser trasladado de prisión y el ataúd fue transportado en un armón de artillería arrastrado por caballos hasta el Capitolio donde se instaló la capilla ardiente. Al día siguiente se realizó una misa en la catedral de San Mateo, el funeral de estado y posteriormente el entierro en un pequeño terreno en el Cementerio Nacional de Arlington. Los primeros tres años tras su muerte en torno a 16 millones de personas visitaron su tumba. El 14 de marzo de 1967 el cuerpo fue trasladado a un memorial permanente en el mismo cementerio. Curiosamente, a petición de la viuda, la guardia de honor en el funeral no fueron militares americanos sino los cadetes del Ejército de Irlanda. En ese mismo recinto fueron enterrados dos hijos suyos que murieron en el útero o recién nacido, su hermano Robert tras ser asesinado en 1968, su hermano Ted y Jacqueline. Una llama eterna marca el recuerdo de John F. Kennedy y los demás miembros de su familia.

Una semana más tarde del magnicidio, el nuevo presidente, Lyndon B. Johnson creó la comisión Warren para investigar los hechos, llamada así por estar presidida por Earl Warren, juez presidente del Tribunal Supremo. Los resultados de esta comisión, básicamente que el asesinato fue un acto individual de Lee Harvey Oswald, han sido ampliamente discutidos y aún hoy dos tercios de los norteamericanos piensan que no es cierto, que hubo mucha más gente implicada y que distintos intereses confluyeron para matar al presidente.

En 1976 el Congreso de los Estados Unidos estableció una nueva comisión (United States House Select Committee on Assassinations) para investigar los hechos en torno a la muerte de presidente. Tres años después emitían su informe final en el cual concluían que el asesinato fue una conspiración en la que hubo complicidades activas o pasivas del propio gobierno norteamericano. El Departamento de Justicia, el FBI, la CIA y la Comisión Warren eran duramente criticados por el pobre desempeño para esclarecer los hechos y el Servicio Secreto fue tildado de deficiente por los fallos cometidos en la protección del presidente. El comité también reevaluó la autopsia. Para ello juntó un panel de nueve forenses, ocho de los cuáles eran responsables de las principales jurisdicciones locales de los Estados Unidos y habían hecho, en conjunto, más de 100.000 autopsias. Sus resultados se basaron en las radiografías y las fotografías existentes, comprobaron su autenticidad comparándolas con registros fotográficos y dentales del presidente y entrevistaron a todas las personas presentes en la autopsia.
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Estos expertos concluyeron que las dos balas disparadas desde atrás eran consistentes con las imágenes, dieron una explicación para el brusco movimiento hacia atrás de la cabeza del presidente en la película de Zapruder —una contracción de los músculos de la espalda por el daño neuronal causado por la bala— y criticaron parte del procedimiento de la autopsia original, indicando que la entrada de la herida de la cabeza no estaba correctamente descrita, que el informe era incompleto y que las heridas de entrada y salida en la espalda y el cuello no estaban correctamente referenciadas. También encontraron evidencia acústica de la presencia de un segundo rifle pero concluyeron que ese segundo francotirador no hirió al presidente y por lo tanto no era significativo para la evaluación de la autopsia. Entre los resultados del comité había uno al que no se le prestó demasiada atención: los materiales biológicos que se habían recogido durante la autopsia, en particular el cerebro del presidente, habían desaparecido.

Después de la autopsia, el cerebro fue colocado en un tarro de acero inoxidable con una tapa a rosca, se supone que con formol u otro conservante y se almacenó bajo llave en un archivador de
 la Oficina Ejecutiva del presidente. loffit_robert-kennedy_14

El 22 de abril de 1965, Robert F. Kennedy, por entonces senador, envió una carta al Dr. Bourkley pidiendo que trasladaran esos restos a la Sra. Evelyn Lincoln, la antigua secretaria personal del presidente Kennedy, que estaba ordenando sus papeles y objetos personales, para enviarlos para su conservación a los Archivos Nacionales. La carta también indicaba que el material no se debía entregar a nadie sin acuerdo explícito del propio Robert. Antes del traslado, Bourkley y varios agentes del servicio secreto hicieron un inventario detallado, el primero que se hacía, que recogía un contenedor de acero inoxidable con los restos del cerebro de Kennedy, secciones histológicas, extensiones sanguíneas, trozos de hueso, fotografías y radiografías de la autopsia.

El 31 de octubre de 1966, precisamente el día de Halloween, se descubrió que no solo el cerebro sino el archivador y todo el material biológico de la autopsia había desaparecido. Los restos no fueron enterrados en la tumba en Arlington y faltan del inventario los siguientes:
1 caja de plástico con bloques de parafina para hacer secciones histológicas
1 caja de plástico con bloques de parafinas y 35 secciones histológicas
1 caja con 84 secciones histológicas
1 contenedor de acero inoxidable de 7 x 8 pulgadas (que contendría el cerebro de Kennedy)
3 cajas de madera con 58 extensiones sanguíneas realizadas a lo largo de distintas épocas de la vida del presidente Kennedy.



Cuando se ha seguido la pista a qué pudo pasar parece que Angela Novello, la secretaria personal de Robert Kennedy, se llevó los materiales biológicos de la oficina de la Sra. Lincoln, siguiendo órdenes de su jefe y con el conocimiento de Herman Kahn, archivero de las bibliotecas presidenciales. En su dictamen 150 el comité dijo «Consecuentemente, aunque el comité no ha sido capaz de descubrir ninguna evidencia directa del destino de los materiales desparecidos, la evidencia circunstancial tiende a mostrar que Robert Kennedy o destruyó estos materiales o de de otra manera hizo que fueran inaccesibles».

¿Y por qué Robert hizo desaparecer el cerebro de su hermano? Los que creen en una conspiración piensan que el encéfalo desaparecido habría podido demostrar que Kennedy no murió por los disparos de Lee Harvey Oswald, sino que recibió el balazo desde delante, que fue asesinado por otro francotirador. Sin embargo, los registros de la autopsia son claros en los impactos por detrás de ambas balas y otras posibilidades parecen más plausibles: John F. Kennedy tenía una salud muy frágil: enfermedad de Addison, hipotiroidismo, dolores crónicos…
 que fue ocultado a la opinión pública.

jfk-rfk-a_jpgEntre sus médicos estaba el Dr. Max Jacobson, alias Miracle Max o Dr. Feelgood, que trataba a sus ricos clientes con un cóctel de anfetaminas, hormonas, células animales, esteroides, placenta, vitaminas y analgésicos que al parecer dejaba a sus pacientes como motos, aunque con problemas de hiperactividad, hipertensión, trastornos del juicio, nerviosismo y otros) y que visitó a JFK 34 veces para administrarle su medicina mágica. Parece probable que Robert Kennedy hizo desaparecer el cerebro de su hermano para mantener su imagen, su legado, para esconder las enfermedades del presidente o para no dejar rastro de los fármacos y/o drogas que estaba tomando.
Autor: 

José Ramón Alonso

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El cerebro de John F. Kennedy: "La mejor prueba"

El cadáver de Kennedy fue manipulado antes de su autopsia
http://elpais.com/ 21/07/2015

Archivo de EL PAÍS 18 ENE 1981

Dos féretros para una conspiración. Este podría ser muy bien el subtítulo del fascinante libro que en breve aparecerá en las librerías de Estados Unidos, y que la revista Time resume esta semana. Best evidence (La mejor prueba) trata de demostrar que al presidente John F. Kennedy no sólo lo asesinaron, sino que su cerebro fue extraído y vuelto a colocar en el cadáver, tras manipularle las heridas, para demostrar que la bala mortal le alcanzó por detrás y no por delante, como asegura el investigador David Lifton, de 41 años.

La teoría desarrollada por Lifton -físico especializado en ordenadores que trabajó en el proyecto espacial Apolo- se fundamenta en un testimonio hasta ahora desconocido. El cadáver de Kennedy llegó, aparentemente, al hospital naval de Bethesda, dentro de un gran féretro de bronce, hacia las siete de la tarde de aquel 22 de noviembre de 1963, aunque no hizo su entrada en el edificio hasta las ocho. Pero el encargado del depósito de cadáveres, Dennis David, había visto el del presidente, al menos media hora antes, en la mesa de la sala de autopsias. Estaba dentro de un féretro «muy simple» y envuelto en una bolsa de plástico.Hasta ese momento, el cadáver del presidente asesinado había pasado por el hospital Parkland Memorial, de Dallas -ciudad en que ocurrió el magnicidio-, y, tras ser examinado por médicos, policías y miembros de la Comisión Warren, y envuelto en una sábana, había sido trasladado en avión a la base aérea de Andrews, y de ahí al hospital de Bethesda.

Las especulaciones sobre lo que ocurrió entre la salida del cadáver de un hospital y la Regada «oficial» al otro constituyen lo más sustancioso de "La mejor prueba". Por lo pronto, el féretro de bronce llegó en avión con catorce minutos de retraso (el tiempo necesario para que el cuerpo fuera trasladado a otra caja mortuoria), según confirma el enfado del ayudante militar de Kennedy, general Godfrey McHugh. Según Lifton, el otro féretro fue introducido en el aparato «de incógnito» y desembarcado de igual forma, por el lado derecho del avión, mientras las cámaras de televisión recogían la recepción del ataúd supuestamente ocupado. El autor del libro asegura que minutos después de aterrizar el aparato, un helicóptero militar despegaba desde el flanco derecho del avión presidencial Air Force One. Lifton cree que en su interior iba el cadáver de Kennedy y que el mismo pasó antes por el hospital Walter Reed, del Ejército de Tierra, y de allí llegó, envuelto en la misteriosa bolsa de plástico, a Bethesda.

Esto habría permitido a los conspiradores (que el autor relaciona con «la rama ejecutiva del Gobierno», incluyendo al menos al servicio secreto, en cuyas manos estuvo permanentemente el control del cadáver y de las pruebas médicas) manipular la cabeza durante una media hora para «despistar», extrayendo la bala mortal, que había sido disparada desde delante, y ensanchar el supuesto orificio de salida para ocultar que en realidad era de entrada. Asimismo, le habrían practicado un pequeño agujero en la zona posterior, la falsa entrada, según Lifton.

Esta teoría sirve, entre otras cosas, para conciliar las versiones contradictorias entre los médicos que vieron el cadáver en el hospital de Dallas y los que posteriormente realizaron la autopsia en Bethesda. Los primeros encontraron una herida relativamente pequeña en el lado derecho de la cabeza, y otra pequeña en la garganta, a través de la cual practicaron una traqueotomía. Eso era todo. En cambio, los doctores de Bethes da describieron la herida frontal como mucho mayor, extendiéndose más hacia arriba y hacia el centro del cráneo, así como otra mucho más pequeña en la base posterior de la cabeza. En la garganta mostraba una cicatriz.

Una ambulancia que huye

Pero muchas cosas ocurrieron en la hora que precedió a la autopsia, en Bethesda. El autor del libro en trevistó a los siete miembros de la guardia de honor encargados de recibir el féretro de bronce en la puerta principal del hospital. Todos coincidieron en su relato: una ambulancia de la Marina llegó con el ataúd y se estacionó a un lado, mientras se esperaba a la comitiva procedente del aeropuerto. De repente, hacia las 19.05 horas, la ambulancia arrancó y desapareció a toda velocidad, dejando a todos estupefactos. Cinco minutos más tarde, dos agentes del FBI vieron llegar la misma ambulancia a la parte posterior del edificio, junto a la entrada del depósito de cadáveres. Al pretender introducir la caja de bronce en el depósito, dos miembros del Servicio Secreto se lo impidieron durante unos minutos. Según Lifton, para que no descu brieran que el cadáver ya estaba dentro.

A las ocho, los miembros de la guardia de honor encontraron por fin la ambulancia, con el féretro otra vez dentro. Lo transportaron hasta una antesala del depósito y esta vez sí contenía el cuerpo de Kennedy, nuevamente envuelto en una sábana, como atestiguan numerosas personas.

Queda por averiguar cómo salió el cadáver del depósito para reencontrarse con su féretro original. Según un informe de los dos agentes del FBI -jamás utilizado por los investigadores oficiales y que se encuentra en el archivo nacional-, en cierto momento se pidió a todo el mundo que estaba en la sala de autopsias que la abandonaran y permanecieran en una habitación contigua. Este fue el momento que los conspiradores aprovecharon para devolver el cadáver al féretro oficial, y éste a la ambulancia.

¿Un cerebro en camilla?

Un dato espeluznante sobresale en la historia: cuando el cadáver llegó (la primera vez), el cerebro había desaparecido, según asegura Denis David. Y Lifton dio con varios testigos que afirman haber visto una camilla transportando un pequeño objeto envuelto en una sábana. Al preguntar qué era, el camillero respondió que se trataba de un niño que había nacido muerto. En sus investigaciones, Lifton descubrió que ese día no se había registrado ningún caso similar en el hospital. De ahí su alucinante conjetura: el cerebro estaba en la camilla, camino de ser reintroducido en el cráneo de Kennedy.

Por último, como prueba concluyente Lifton cita al patólogo que dirigió la autopsia, quien asegura que cuando extrajo el cerebro, éste se encontraba totalmente suelto. Según la teoría de Lifton, el cerebro había sido manipulado por los conspiradores para retirar cualquier fragmento de bala que pudiera demostrar que los disparos no habían sido hechos por Lee Harvey Oswald -asesino oficial- desde una ventana del edificio ante el cual acababa de pasar la comitiva presidencial cuando Kennedy fue herido de muerte. Lo que Lifton desvela es quién fue el cerebro conspirador.

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