Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala en el abandono

>>  viernes, 5 de septiembre de 2025

Invisible, silenciado y casi abandonado:El Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala en su vigésimo aniversario
https://nsarchive.gwu.edu


Instalación dentro del archivo policial de "Para que todos lo sepan", del políptico "Esclarecimiento", que ilustra las portadas del informe oficial de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala: "Guatemala: nunca más". Crédito de la instalación y las fotos: Daniel Hernández-Salazar ©2009

Gobierno de Arévalo tarda en revertir recortes al presupuesto y personal del AHPN. El Archivo de Seguridad Nacional llama a la comunidad internacional. a apoyar los esfuerzos de memoria histórica en América Latina

Washington, D.C., 4 de septiembre de 2025 - Hace veinte años, un grupo de investigadores de derechos humanos en Guatemala se topó con un enorme archivo que contenía millones de registros históricos pertenecientes a la antigua y brutal fuerza policíaca nacional del país. Con el respaldo de la Procuraduría de Derechos Humanos del gobierno, el financiamiento de fundaciones y embajadas, y con el apoyo de asesores internacionales, incluyendo el Archivo de Seguridad Nacional, el grupo logró rescatar los archivos en proceso de descomposición, abandonados en una bodega hacía mucho tiempo, para convertirlos en el mayor repositorio público de registros policiales de Latinoamérica. Desde entonces, el Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN) ha sido fuente de asombrosas revelaciones sobre el papel de las fuerzas de seguridad guatemalteca en algunas de las peores violaciones de derechos humanos documentadas durante los 36 años de conflicto interno del país (1960-1996), incluyendo asesinatos políticos, secuestros, tortura y desapariciones forzadas. En el camino, se convirtió en un modelo para los sitios de memoria histórica en todo el mundo gracias a los determinantes esfuerzos de los guatemaltecos por apropiarse de su historia y llevar a los perpetradores ante la justicia.

Pero avanzando hasta hoy, el célebre archivo policial de Guatemala es solo una sombra de lo que fue: una institución vacía que opera a niveles drásticamente reducidos, con poco contacto con el público al que se supone debe servir. La escalada de autoritarismo que sumió al país durante la última década permitió que ideólogos corruptos de derecha utilizaran el sistema judicial como arma contra jueces y fiscales, defensores de derechos humanos, periodistas y activistas ambientales, entre otros. El AHPN, vinculado desde hace tiempo a la lucha por la justicia transicional y la memoria histórica, se convirtió en víctima de la intensa hostilidad gubernamental.

Dos décadas después del descubrimiento del AHPN, el Archivo de Seguridad Nacional presenta un informe de hallazgos luego de dos visitas de campo realizadas en 2023 y 2025 sustentadas en años de experiencia y participación con el AHPN y en las iniciativas de memoria histórica en Guatemala. Mediante un análisis de las condiciones actuales del archivo policial, esperamos dar una luz sobre la supresión de la memoria histórica en la región y hacer un llamado a la comunidad internacional para que proteja y apoye a estas instituciones.

Hace veinte años

Cuando se descubrió el Archivo Histórico de la Policía Nacional en julio de 2005, en Guatemala había transcurrido casi una década desde la firma de los acuerdos de paz de 1996, que pusieron fin a más de 30 años de insurgencia armada y violenta represión estatal. En 1999, la Comisión para el Esclarecimiento Histórico concluyó que el 93 % de los abusos documentados contra los derechos humanos fueron cometidos por fuerzas militares, policiales o paramilitares guatemaltecas, y que unos 200,000 civiles desarmados fueron asesinados o desaparecieron durante una campaña gubernamental sostenida de contrainsurgencia que derivó en genocidio.[1] Pero, aunque la guerra había terminado, aún quedaba mucho trabajo por hacer para impulsar el reconocimiento y la reconciliación nacionales, exigir responsabilidades a los perpetradores y crear un nuevo consenso posconflicto sobre lo sucedido.

Las fuerzas de seguridad del país se habían negado a participar en el proceso de la comisión de la verdad y habían negado a los investigadores el acceso a los archivos gubernamentales. Entonces, el descubrimiento de una enorme bodega abandonada que albergaba un siglo de registros policiales en los terrenos de una base policial en funcionamiento en el centro de la Ciudad de Guatemala representó una oportunidad significativa e inesperada para penetrar una de las instituciones más opacas del país y a la vez contribuir a la justicia para sus numerosas víctimas. Bajo el liderazgo de Gustavo Meoño Brenner, exlíder guerrillero, un equipo de docenas de personas trabajaron para limpiar, organizar y escanear los documentos, convirtiendo los espacios oscuros y descuidados de la base en un hervidero de actividades y promesas. El proyecto procesó y digitalizó millones de registros y abrió sus puertas a los investigadores, al momento en el que una cantidad significativa de estos registros estuvo disponible para su consulta varios años después.

El descubrimiento del archivo policial en 2005. Crédito: Prensa Comunitaria

Con el paso de los años, el AHPN creció y prosperó. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) distribuyó millones de dólares en donaciones de otros países y organizaciones internacionales para apoyar el proyecto, que operaba sin financiamiento gubernamental. Miles de visitantes guatemaltecos e internacionales, incluyendo funcionarios gubernamentales y dignatarios extranjeros, recorrieron sus edificios. El archivo publicó informes exhaustivos de investigaciones en sus fondos, recibió a estudiantes, profesores y periodistas, y organizó conferencias. También se convirtió en un importante espacio de memoria y reconciliación, albergando eventos culturales y ceremonias interreligiosas, invitando a la comunidad a pintar murales en los muros circundantes y ofreciendo espacio para una escultura monumental llamada el Ángel de la Paz y la Concordia.

Amenazas crecientes

El archivo entró en una nueva etapa cuando los fiscales guatemaltecos emprendieron una extraordinaria serie de juicios penales en materia de derechos humanos y, por primera vez, pudo recurrir a los registros policiales oficiales como evidencia penal. En 2009, el AHPN identificó documentos que apuntaban a la participación policiaca y militar en la desaparición forzada del activista laboral Edgar Fernando García en 1984, lo que condujo al arresto y posterior condena de dos expolicías. Muchos otros juicios posteriores también se basaron en los archivos del AHPN como prueba, incluyendo procedimientos contra altos oficiales policiales y militares por su papel de mando en la desaparición de Edgar Fernando, el incendio de la Embajada de España en 1980, el secuestro y tortura del estudiante Edgar Enrique Sáenz Calito en 1981, y el asesinato de sacerdotes belgas a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980. La disposición de Guatemala para llevar a los responsables ante la justicia, y el papel que desempeñó el archivo policial en las investigaciones criminales, fue una inspiración para países de América Latina y del mundo.

Pero la creciente visibilidad del archivo, así como sus contribuciones a los juicios de derechos humanos, enfureció a los poderosos sectores ultraconservadores de Guatemala, entre ellos militares retirados y a las élites empresariales adineradas. Tras la victoria presidencial de Jimmy Morales, el candidato favorito de la derecha política, en 2016, el gobierno buscó activamente frenar los avances en la reforma judicial, las iniciativas anticorrupción y la rendición de cuentas en materia de derechos humanos. La principal cómplice de Morales fue su fiscal general, María Consuelo Porras, a quien nombró en mayo de 2018.[2] Desde que asumió el cargo, Porras ha acosado, vigilado, procesado y encarcelado a decenas de defensores de derechos humanos, investigadores anticorrupción, activistas indígenas, abogados, fiscales, jueces y periodistas. Su actuación le valió la designación del Departamento de Estado de Estados Unidos como "actora corrupta y antidemocrática" en 2021 y las sanciones impuestas por Estados Unidos y Gran Bretaña en 2025.

Guatemala no es el único país donde los archivos y las labores de documentación de derechos humanos se encuentran bajo ataque directo o sufren actos de negligencia deliberada. En todo el continente americano, a medida que las democracias se debilitan y los líderes autoritarios ascienden al poder, ha surgido un nuevo antagonismo hacia las personas y organizaciones que construyen y preservan narrativas de la represión y la violencia estatal del pasado. La negación de historias incómodas ha llevado al abandono generalizado de las iniciativas de memoria histórica: mediante el cierre de archivos, la destrucción de documentos, nuevas limitaciones al derecho a la información y la censura de diversas historias. Algunos ejemplos incluyen la decisión del presidente Javier Milei de retirar la financiación a los sitios de memoria que contienen registros de la guerra sucia de Argentina (1976-1983); las amenazas a los archivos de derechos humanos peruanos por parte de políticos de derecha que buscan reescribir la historia del país; la decisión de México de modificar su ley de libertad de información para ampliar la capacidad del gobierno de negar el acceso público a sus registros; y la eliminación de información de las exhibiciones públicas sobre las luchas por los derechos civiles en los Archivos Nacionales de Estados Unidos.

A medida que el gobierno de Guatemala intensificó sus ataques contra la justicia y los derechos humanos, el archivo policial pronto se convirtió en un blanco. En 2018, el director del AHPN, Gustavo Meoño, fue destituido de su cargo. Inmediatamente se exilió; durante años, había sido objeto de denuncias infundadas presentadas por figuras de la derecha y temía por su libertad.[3] Decenas de empleados, desde archivistas hasta investigadores, expertos en informática y personal de acceso público, fueron despedidos y sus contratos no fueron renovados. Se ordenó al PNUD que se retirara de su función administrativa, lo que puso fin a la semi autonomía del archivo y lo convirtió en una entidad dependiente del gobierno federal.[4] En 2019, el ministro de Gobernación de Morales, Enrique Degenhart, amenazó con confiscar el AHPN del Ministerio de Cultura y Deportes (MICUDE) y devolver sus fondos a la reconstituida Policía Nacional Civil.

Esto no ocurrió, en gran medida gracias a la presión de organizaciones guatemaltecas de derechos humanos, la sociedad civil y aliados internacionales. En respuesta a una petición legal del Procurador de Derechos Humanos, Jordán Rodas Andrade, para proteger el AHPN, la Corte Suprema de Justicia de Guatemala resolvió en 2020 que el archivo pertenecía al patrimonio cultural de la nación y debía ser supervisado por el MICUDE, no por el Ministerio de Gobernación. Igualmente importante, la Corte ordenó al MICUDE garantizar que la institución contara con los recursos financieros, administrativos y humanos necesarios para continuar la labor de procesar los archivos, preservarlos, protegerlos y hacerlos accesibles al público.

En cierto sentido, la resolución ratificó el intento del gobierno de "institucionalizar" el archivo policial al incorporarlo al sistema nacional de archivos del país, dependiente del Ministerio de Cultura. Y no era ilógico considerar la transición natural, ya que debería haber ofrecido un modelo más sostenible para el futuro.[5] Pero, en realidad, la pérdida de la independencia especial del AHPN lo dejó vulnerable a las maquinaciones políticas y burocráticas que rápidamente socavaron su capacidad para funcionar al extraordinario nivel que había alcanzado durante 13 años.


El procesamiento de los registros del archivo policial en 2007. Crédito: Harper's Magazine/Misty Keasler

El declive del AHPN

Para cuando la Corte Suprema emitió su resolución, un segundo gobierno conservador, bajo la presidencia de Alejandro Giammattei, había asumido el poder en Guatemala. Si bien el Ministerio del Interior abandonó sus esfuerzos por recuperar el archivo policial, su administración practicó una negligencia extrema, permitiendo que el AHPN se marchitara. Siguiendo los pasos de su predecesor, el gobierno de Giammattei continuó recortando el presupuesto del archivo, reduciendo drásticamente su personal a tiempo completo y restringiendo su visibilidad pública. Académicos externos reportaron dificultades para organizar visitas de investigación; como resultado, el número de usuarios anuales se desplomó. En 2023, un grupo de defensores del AHPN realizó un análisis sistemático y detallado del impacto de las acciones del gobierno en las funciones del archivo. Este grupo, integrado por miembros de la Asociación en Guatemala de Amigos de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), utilizó la resolución de la Corte Suprema del 2020 para comparar el AHPN anterior al 2018 -año en que despidieron al director Meoño y cesaron al personal- con el archivo del 2023, cuando se emitió el informe.[6]

Los autores encontraron un incumplimiento casi generalizado de las órdenes de la Corte. Su estudio —titulado “Archivo Histórico y Sitio de Memoria: Seguimiento al cumplimiento de la sentencia 1281-2019 de la Corte Suprema de Justicia sobre a la protección y funcionamiento del AHPN”— concluyó que el AHPN estaba fallando en cumplir con sus obligaciones de procesar los registros y garantizar el acceso público a la colección. Entre los hallazgos más destacados del informe:

-- El presupuesto del AHPN pasó de un promedio de Q8 millón al año en el período 2016-18, cuando aún se permitía la contribución de donantes internacionales, a un promedio de Q126,000 al año en el período 2019-22 tras la toma de posesión del gobierno guatemalteco (pp. 13-14).

-- El gobierno ha despedido a empleados del AHPN a un ritmo constante, dejando cada vez menos personal para realizar las numerosas tareas necesarias para el funcionamiento de la institución. En 2017, contó con 63 personas trabajando en áreas como coordinación y administración, procesamiento de archivos, investigaciones, informática y digitalización, mantenimiento y seguridad. En 2020, contaba con 30 empleados y, para 2023, contaba con 21. El equipo de investigaciones, responsable de investigar casos de derechos humanos, entre otros asuntos críticos, fue eliminado por completo. Y el personal dedicado a responder a las solicitudes públicas de información se redujo de 11 a dos personas entre 2020 y 2022. (págs. 15-17)

-- Según el informe, todas las métricas relacionadas con las funciones archivísticas básicas del AHPN han disminuido en un período de cinco años. Al comparar las tasas de clasificación y descripción de documentos, por ejemplo, los autores del informe encontraron que en 2022 el personal logró completar el 10 % de lo logrado en 2017 (p. 24). La digitalización (escaneo de los documentos originales y frágiles) en 2022 fue inferior al 30 % de lo registrado en 2017 (p. 25). Finalmente, en cuanto al uso público del AHPN, 5794 investigadores consultaron las bases de datos del archivo en busca de información en 2017; en 2022, el número de usuarios se redujo a 574 (p. 25).

El Archivo Histórico de la Policía Nacional en 2025

En la sección final de esta publicación, la analista senior Kate Doyle, quien durante años se desempeñó como asesora internacional del Archivo Histórico de la Policía Nacional, y su colega analista Claire Dorfman informan sobre las condiciones dentro del AHPN con base en dos visitas in situ realizadas en 2023 y 2025.

En ambos viajes, realizamos un recorrido por las instalaciones, consultamos documentos en la sala de investigación pública, y realizamos extensas entrevistas con empleados actuales y anteriores, funcionarios gubernamentales, e investigadores de derechos humanos. Para este informe, describimos nuestra visita en marzo de 2025, con el fin de brindar la información más actualizada.

Nuestro primer desafío fue programar una visita. El AHPN ya no cuenta con un sitio web para consultar ni un número de teléfono al que llamar. Tras encontrar la página de Facebook del Archivo General de Centro América (AGCA), escribimos un correo electrónico a la oficina principal (agcasecretaria@yahoo.com) y nos dirigieron a la actual coordinadora del AHPN, Ulda Castillo. Ulda amablemente aceptó darnos un recorrido por el archivo y permitirnos hablar con el personal sobre su trabajo.

El segundo reto fue encontrar el edificio.


Kate ha visitado el AHPN innumerables veces desde su descubrimiento en 2005. Pero recientemente, la entrada se cambió de su antigua ubicación en la Avenida Pedrera, en la Zona 6 de la Ciudad de Guatemala. La nueva entrada sigue estando en la Pedrera, pero no hay dirección oficial, ni número, ni letrero en la avenida que indique adónde ir.

Vista aérea de la entrada en 2025, enviada a los analistas por la coordinadora del AHPN, Ulda Castillo.

Hay, como descubrimos tras caminar por la avenida durante 10 o 15 minutos, una puerta azul que da a un estacionamiento de tierra lleno de autobuses policiales. Pasamos junto a los autobuses, junto a un perro desaliñado que dormía al sol, hasta llegar a un edificio largo y bajo que pertenece al Departamento de Investigaciones y Desactivación de Armas y Explosivos (DIDAE), que ahora tiene el viejo letrero del AHPN atornillado al techo. El sendero que lleva a la puerta principal del archivo recorre todo el edificio, junto al colorido mural pintado hace años por artistas de la comunidad, ahora sucio y deteriorado.

Mostramos nuestras identificaciones a un par de policías afuera y luego entramos por la antigua entrada del AHPN, ahora vacía. Es difícil reconciliar el espacio con el archivo policial de antaño: ya no hay bullicio de personal, ocupado atendiendo a visitantes o trabajando en sus escritorios. Ulda nos recibió y nos acompañó a través de la puerta marcada "Solo personal autorizado" para hablar con los empleados del archivo. Donde antes había docenas de personas trabajando con los documentos, caminamos por pasillos vacíos, pasando por oficinas vacías. Solo 17 personas trabajan aquí ahora, incluyendo a los cuatro guardias de seguridad, un mensajero y una persona de limpieza, dejando a 11 personas para realizar el verdadero trabajo del archivo policial.

Dos personas trabajan en la limpieza y conservación de documentos. Ulda nos contó que recientemente habían terminado de preparar los expedientes policiales del departamento de Huehuetenango y que estaban listos para consultar. Ahora revisan pilas de documentos de Baja Verapaz.[7]

Siguiendo por el pasillo, pasando por las puertas marcadas como "Restringido", entramos al espacio de trabajo dedicado a las investigaciones, donde hay solo una persona asignada para consultar el sistema de registros en respuesta a las solicitudes de información. Es la última empleada que queda de la época de Gustavo Meoño y es la única persona competente para ayudar a los investigadores visitantes a navegar por la anticuada base de datos del AHPN en busca de documentos. En su escritorio hay un grueso archivo de cartas del Ministerio Público (MP), cada una con múltiples solicitudes de información. Nos contó que reciben entre 10 y 12 cartas solicitando información del MP cada día y están obligados a responder en un plazo de diez días.[8] Dijo: "Es mucha responsabilidad, tengo que responder a todas las solicitudes". Aunque ella es la única persona en el archivo completamente calificada para realizar investigaciones, a veces otros empleados tienen que dejar lo que están haciendo y ayudarla debido a la grave escasez de personal.

Ulda nos dijo: "¡Estamos tan abrumados que incluso Paty, la persona de la limpieza, nos ha ayudado a buscar e investigar para poder responder a estas solicitudes!".

Pasamos al área de escaneo, donde cuatro personas estaban inclinadas sobre cuatro máquinas. El encargado de digitalización nos hizo una breve demostración de su trabajo; los documentos que escaneaba eran cables deteriorados de la década de 1960, muchos carcomidos por insectos. Nos explicó que normalmente hay cinco personas escaneando todo el día, pero que al quinto empleado se le había asignado temporalmente el papel de fotógrafo para nuestra visita y nos acompañaba de sala en sala, tomando fotos que presumiblemente serían enviadas a los altos mandos como prueba de la actividad continua del AHPN y de sus visitantes.

Otro empleado se encarga de la custodia documental, es decir, de llevar un registro de los archivos originales en papel y de supervisar cuándo salen del área segura donde se almacenan. Nos lleva a las estanterías, donde miles de cajas llenan los estantes metálicos. El suelo de la entrada está arrancado, dejando al descubierto un profundo agujero en la tierra y las tuberías que hay debajo. Se han colocado tablas de madera desvencijadas sobre partes del agujero para permitir el paso de la gente. «Están arreglando la plomería», explicó Ulda. Al pasar por encima del agujero irregular en el suelo, el custodio nos describió el sistema biométrico y las cámaras de seguridad que habían instalado para proteger los archivos de daños.

Nuestra última parada fue la sala de lectura pública, donde hay una docena de terminales de computadora instaladas en largas mesas para los investigadores visitantes. Dos investigadores de la Procuraduría de Derechos Humanos estaban sentados frente a las pantallas, revisando la base de datos en busca de registros. Juan Bautista era el encargado. Es un hombre cortés, de hecho, la cara visible del AHPN, que da la bienvenida a los forasteros y explica cómo presentar solicitudes o consultar la antigua base de datos "Total Image", de la que aún depende el archivo policial. La plataforma es tan compleja y poco intuitiva que Bautista a menudo necesita la ayuda del único miembro del personal que queda de antes de 2018 para guiar a los investigadores en su navegación. Por supuesto, cuando llega a la sala de lectura para ayudar a los investigadores, tiene que detenerse para responder a las crecientes solicitudes de información del Ministerio Público, lo que la retrasa aún más.[9]

Bautista nos comentó que ya muy poca gente viene al AHPN a investigar. Recuerda a un par de académicos internacionales en los últimos años: uno mexicano y el otro guatemalteco de Estados Unidos. Pero ningún investigador local viene a menos que sea del gobierno. "A veces vienen expolicías o sus familiares a buscar información personal sobre pensiones, ese tipo de cosas". Como hay tan poco que hacer en la sala de investigación, a veces ayuda a la sección de investigaciones a responder las solicitudes del Ministerio Público.


Hace años, el archivo policial tenía una sólida presencia en línea a través de su bien alimentado sitio web (ahora eliminado), su constante flujo de noticias en Twitter y Facebook, y sus videos ocasionales en YouTube. Al prepararnos para salir del archivo, le preguntamos a Ulda si existía algún plan para crear una página web o una cuenta en redes sociales para el AHPN. La invisibilidad actual de la institución —su falta de presencia pública en línea y la dificultad incluso para encontrar el edificio— es claramente un enorme obstáculo para los visitantes. ¿Cómo informa el AHPN a los investigadores o comparte noticias sobre el progreso del archivo? Por ejemplo, ¿cómo difundirían la reciente digitalización del conjunto de archivos de Huehuetenango, un verdadero logro?

Ulda afirmó que el AHPN no tiene permitido crear su propia página web ni comunicarse unilateralmente con el público. Estas decisiones deben ser tomadas por el Ministerio de Cultura y Deportes o por la dirección del archivo nacional. Tampoco existe un procedimiento establecido para compartir actualizaciones sobre los avances del archivo; las personas externas se enteran de ellos por información de boca a boca, a través de visitantes que publican en sus propias redes sociales o a través de algún artículo periodístico ocasional.

A pesar de su cargo como Coordinadora del AHPN, Ulda, junto con el resto de sus colegas del archivo policial, es lo que en Guatemala se conoce como una "029", es decir, una empleada con contrato temporal, en lugar de ocupar un puesto fijo. Los contratos del archivo tienen una duración de solo tres meses y deben renovarse cuatro veces al año. Esa falta de estabilidad, incluso para el personal de mayor jerarquía —esa impermanencia e incertidumbre sobre su futuro—, explica por qué la persona que dirige las funciones diarias del archivo no tiene la autoridad para decidir si lanzar un sitio web, contactar a universidades o difundir los logros del archivo.

Cuando le dijimos a Ulda que íbamos a hablar con un funcionario del MICUDE, hizo un gesto de oración con las manos, como diciendo: «Por favor, busquen ayuda».

La lucha por los archivos, otra vez

Lamentablemente, la ayuda no está en camino. Si bien la elección del candidato moderado y prodemocrático Bernardo Arévalo como presidente en 2023 suponía un renovado enfoque en los derechos humanos, Arévalo y su administración han tenido que gobernar bajo el ataque constante de congresistas conservadores y de la fiscal general, Consuelo Porras. Entre ambos, han intentado enjuiciar al presidente 13 veces y diez veces despojarlo de su inmunidad. La lucha política en curso ha dejado huérfanas a las iniciativas de justicia transicional y memoria, entre ellas el archivo policial.

Expresamos nuestra preocupación por el AHPN durante una reunión con la Viceministra de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura, Laura Cotí Lux, una de las funcionarias clave que supervisa los archivos gubernamentales en Guatemala, incluso el AHPN. Ella coincidió de inmediato en que el archivo policial necesitaba más recursos para operar con eficacia. Pero el MICUDE no es propietario exclusivo de los edificios que albergan el archivo policial ni de los terrenos en los que se ubican, añadió, a pesar de la sentencia del Tribunal Supremo de 2020. Éstos siguen perteneciendo al Ministerio del Interior.

“Las condiciones del edificio no son ideales, como vieron. Pero no queremos invertir muchos recursos en mejorar las instalaciones mientras no tengamos la garantía de conservarlas. Cada año hay más limitaciones en el espacio disponible; el AHPN se ve reducido [por la Policía Nacional Civil—PNC] a zonas cada vez más pequeñas. Cada año el territorio de la PNC se expande y nos rodea más.”

Dada la escasez de recursos disponibles para el archivo en el presupuesto federal, Cotí Lux afirmó que los donantes internacionales pueden volver a realizar donaciones directamente al AHPN; sin embargo, no observamos evidencia de una campaña activa para solicitar fondos, ni hay nadie que lidere dicha iniciativa.[10] La viceministra señaló la falta de archivistas profesionales en Guatemala como una de las razones de la escasa plantilla de trabajadores contratados, a pesar de que la era de Meoño dejó un legado de empleados del archivo experimentados y capacitados que fueron quienes rescataron el repositorio abandonado y se encargaron de la institución en que se convirtió. Durante los presidentes Morales y Giammattei, todos menos uno fueron despedidos. Cuando preguntamos por qué el AHPN aún no cuenta con un sitio web ni un programa de difusión, Cotí Lux nos respondió que es Haroldo Zamora, director del Archivo General de la Nación (AGCA), quien toma las decisiones sobre la estrategia de comunicación del archivo policial, no el MICUDE.[11]

El Ministerio de Gobernación y el Ministerio de Cultura y Deportes han expresado su disposición a invertir nuevos recursos en el AHPN para mejorar las condiciones del archivo, pero hasta la fecha esas palabras no se han traducido en acciones concretas. El escaso compromiso del gobierno actual con la mejora del archivo policial implica que las conclusiones de la Asociación de Amigos de la UNESCO en Guatemala en su informe —escrito al final del gobierno de Giammattei en febrero de 2023— siguen vigentes hoy, 18 meses después del inicio de la presidencia de Arévalo. El AHPN necesita espacio, financiación, personal, tecnología, seguridad y mejoras de infraestructura adecuadas para su correcto funcionamiento. Necesita puestos permanentes para su estabilidad y continuidad. Y necesita que se le garantice el derecho al terreno donde se asienta y a los edificios que ocupa. (pp. 32-34)

De nuestra propia experiencia visitando el archivo, podemos añadir que la institución necesita urgentemente una dirección física, un número de teléfono y un correo electrónico para que los investigadores externos puedan contactar directamente con el AHPN. Debe contar con una entrada independiente y protegida, plazas de aparcamiento para el personal y los visitantes, y un área dedicada a eventos comunitarios. Y el Archivo General de Centroamérica (AGCA) debería facilitar de inmediato la creación de un nuevo sitio web y reabrir las cuentas de redes sociales del archivo, restableciendo así el acceso público a las publicaciones pasadas del archivo, fotografías, videos y el relato histórico de sus actividades.

El hecho de que el archivo policial haya sobrevivido años de hostilidad por parte de gobiernos anteriores y siga sobreviviendo al lento ritmo de asistencia de la actual administración es testimonio del activismo sostenido de la sociedad civil guatemalteca y de los simpatizantes internacionales. La solidaridad que la coalición de amigos del AHPN demostró a lo largo de los años al presionar a Guatemala para que preservara el archivo contribuyó a garantizar su continuidad. Pero quizás la acción más importante que los simpatizantes del AHPN pueden realizar hoy sea la más sencilla: programar una visita. Investiguen sus vastos fondos, soliciten copias de documentos, hablen con el personal, compartan su experiencia en redes sociales y exijan que el gobierno aumente los recursos del archivo policial.

El AHPN es un tesoro de la historia guatemalteca. Si bien sus circunstancias son únicas, se enmarca en un movimiento más amplio de justicia transicional, que se sustenta en una sociedad civil activa y vocal. Guatemala fue en su día un símbolo de este esfuerzo para países de todo el mundo; puede volver a serlo.

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Antes de irnos de Guatemala, nos sentamos a conversar con un grupo de extrabajadores del AHPN. Formaron parte de la primera generación de personas contratadas por Gustavo Meoño después de 2005 para ayudar a rescatar los enormes y deteriorados archivos de la Policía Nacional: limpiarlos, clasificarlos, escanearlos y abrirlos al público. Ninguno de ellos trabaja allí ahora. Acordamos no nombrarlos para que pudieran hablar con libertad. Pero la mayoría de sus historias estaban teñidas de nostalgia, no de amargura.

Hablaron del papel que el archivo ha desempeñado en sus vidas y carreras como archivistas e investigadores. También reconocieron la singular experiencia de contribuir al éxito de los juicios de derechos humanos a través de su trabajo en el AHPN. «Trabajar allí fue un privilegio. Cuando los documentos empiezan a hablar...», se le llenaron los ojos de lágrimas al hablar. Todos asintieron.

Notes

[1] Véase el resumen en inglés del informe de la CEH, Guatemala, Memoria del Silencio: Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, Conclusiones y Recomendaciones (págs. 17 y 20) para obtener estadísticas sobre las víctimas y los perpetradores de abusos de los derechos humanos durante el conflicto.

[2] En 2022, Porras fue designado para un nuevo mandato de cuatro años por el sucesor de Morales, el presidente Alejandro Giammattei.

[3] Un juez firmó una orden de arresto en su contra en 2023, acusándolo por su presunto papel en un atentado con bomba en 1980 en la ciudad de Guatemala, cuando Meoño era miembro del grupo insurgente Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP).

[4] Cabe destacar que, a partir de 2019, cuando el archivo policial se convirtió en una colección del Archivo Nacional de Guatemala, su nombre se cambió a Fondo Documental del Antiguo Archivo Histórico de la Policía Nacional (FDaAHPN). La torpeza de este nuevo acrónimo explica, sin duda, por qué la mayoría de los guatemaltecos aún se refieren a la colección como el AHPN, y nosotros hacemos lo mismo en esta publicación.

[5] Como consultor del PNUD en 2019, el archivista español Antonio González Quintana concluyó que la institucionalización del AHPN era un paso necesario para su evolución. Escribió que, como bien patrimonial cultural de interés para el país, debería ser protegido por las instituciones públicas, que deben velar por su salvaguardia y uso. https://nsarchive.gwu.edu/document/19327-plan-estrate-gico-ahpn (p. 17)

[6] Los autores del informe fueron Lucía Pellecer, Luisa Rivas, Daniel Barczay, Rodolfo Kepfer y Juan Muñoz.

[7] El AHPN no sólo está compuesto por millones de páginas de archivos de la sede central de la antigua Policía Nacional en la Ciudad de Guatemala, sino de archivos históricos que han sido transportados al archivo desde muchos de los 22 departamentos del país.

[8] El AHPN, al igual que todos los archivos gubernamentales, debe proporcionar registros para las investigaciones judiciales en curso. Dar respuesta a la gran cantidad de solicitudes supone un reto considerable en las condiciones actuales.

[9] Cuando visitamos el AHPN en 2023, probamos el sistema nosotras mismas. Descubrimos que, con la ayuda del funcionario de investigaciones, pudimos consultar la base de datos sobre temas de nuestro interés (como ciertos casos de derechos humanos, nombres de lugares, nombres de víctimas o exfuncionarios guatemaltecos) e identificar registros relevantes. Solicitamos copias de los registros y Bautista nos envió versiones digitales por correo electrónico en una semana.

[10] El primer director del AHPN, Gustavo Meoño, recaudó millones de dólares para el archivo a lo largo de los años, hasta que fue acusado por funcionarios del gobierno de Morales de canalizar ilegalmente dinero extranjero a la institución. Por lo tanto, el incentivo para reanudar tales acuerdos no es claro de inmediato.

[11] Hoy en día, el único lugar donde se pueden encontrar los informes sumamente útiles e informativos que el personal del AHPN escribió describiendo la riqueza del archivo es un sitio web alojado por la Universidad de Texas en Austin, que contiene una copia de los 20 millones de registros escaneados antes del despido de Meoño en 2018. Para encontrar los diez informes, vaya a la página Acerca de y desplácese hacia abajo hasta "Recursos relacionados".

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José Romero advirtió sobre el retiro de documentos y fotografías que narran la historia portuaria de la provincia.

Advierten por el retiro irregular y daños en archivos históricos de Vías Navegables

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El historiador José Romero advirtió sobre el retiro de documentos y fotografías que narran la historia portuaria de la provincia.
José Romero

El historiador y profesor José Romero denunció públicamente el retiro y el mal manejo de documentos históricos pertenecientes a Vías Navegables en Paraná. Se trata de archivos y fotografías que datan desde 1889 y que reflejan el desarrollo de los puertos entrerrianos.

Romero relató a Elonce que una empresa contratada por la Agencia de Puerto y Vías Navegables de Buenos Aires ya comenzó con la tarea de trasladar el material. “Hoy es un día triste, muy triste, porque pudimos constatar que ya empezó la empresa contratada a dar continuidad al retiro de documentos históricos e imágenes que son referentes a la historia de los puertos de nuestra provincia”, sostuvo.

Manejo indebido

El historiador criticó las condiciones en que se está llevando a cabo el traslado. “Parece que la destrucción es arbitraria. Entrar y ver imágenes rotas en el piso, pisándolas, metiéndolas en bolsas de consorcio. Es un mal manejo, nada profesional”, describió.

Además, agregó que “lo que están haciendo hoy es una aberración, no se preserva. Si no, no habría imágenes pisadas, rotas en el piso, planos destruidos. Eso un trabajador de 12 años sabe que nunca estuvo así”.



Riesgo para la memoria colectiva

Romero alertó que el acuerdo firmado por el gobernador establecía que los bienes serían preservados, digitalizados e inventariados en destino. Sin embargo, afirmó que esa condición no se cumple. “¿Qué van a inventariar en destino si no sabemos qué llega preservado? El manejo no profesional lleva a la destrucción, a borrarnos la posibilidad de enseñarle a nuestros alumnos el día de mañana nuestra propia historia”, cuestionó.

Entre los documentos comprometidos, mencionó carpetas de obra, planos de construcción, imágenes de puertos y registros que narraban los procesos y la repercusión social de las obras portuarias. “Todo eso que es digno de investigar y transmitir a otras generaciones ya fue. Perdimos la gran oportunidad de accionar”, lamentó.

Importancia cultural

Para Romero, la situación debe llamar a la reflexión sobre la valoración de la memoria provincial. “En la Feria del Libro, el primer día se agotó el libro que escribió el profesor Walter Musich, de la mano de Ignacio Pereira, con las imágenes hablando de la historia de Paraná. Eso tiene que llamarnos a la reflexión: a los paranaenses nos interesa nuestra historia y nuestra cultura. Los funcionarios no están dando respuesta”, concluyó.










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Más de 230 mil documentos oficiales de 1973 y 1990 declarados Monumento Histórico por el Ministerio de Defensa Nacional

Archivos secretos de la dictadura son declarados Monumento Histórico: más de 230 mil documentos son custodiados por el Ministerio de Defensa
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En un hecho inédito y a solicitud del Ministerio de Defensa Nacional, más de 230 mil documentos oficiales emitidos entre 1973 y 1990 obtendrán una protección especial luego que Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) aprobara declararlos como Monumento Histórico en su sesión del miércoles 3 de septiembre.

Los documentos revisados hasta ahora, en su mayoría catalogados como secretos o reservados, contienen información valiosa que da cuenta del control que ejercían las Fuerzas Armadas sobre todos los órganos de la Administración del Estado.

La ministra de Defensa Nacional, Adriana Delpiano, destacó el aporte de este material al Plan Nacional de Búsqueda, que busca reunir información que permita establecer el paradero de las víctimas de desaparición forzada durante la dictadura.

“Aquí hay mucha información que ayuda, que da hilo para poder encontrar. Todos necesitamos saber qué pasó, qué pasó con mi hijo, qué pasó con mi madre, qué pasó con mi hermano. Ese es un tema de humanidad. Cada búsqueda, cada encuentro de una persona nos hace mejores como país, nos podemos mirar con más tranquilidad y el que pueda aportar y el que tenga algo que aportar para esto es evitar un sufrimiento que se ha alargado por demasiados años” dijo.

La secretaria de Estado entregó detalles de los documentos, junto a la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Carolina Arredondo; el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Jaime Gajardo; el subsecretario de Defensa, Ricardo Montero; y la subsecretaria del Patrimonio Cultural, Carolina Pérez.

Entre los archivos figura, por ejemplo, una orden del ex general Augusto Pinochet para que las detenciones realizadas por los organismos de inteligencia de las Fuerzas Armadas sean comunicadas en detalle al Ministerio del Interior, especificando cuando fuera necesaria la reserva de la información.

Otros documentos contienen instrucciones que prohíben a personal de las FFAA declarar en procesos judiciales por violaciones a los derechos humanos sin el conocimiento del ministro de Defensa y ordenan desvirtuar toda “campaña de ataques” a las instituciones armadas.

La ministra Carolina Arredondo afirmó que “este es un avance que nos permite por una parte declarar la importancia histórica que tiene este archivo, que además ha estado durante los últimos años el equipo del Ministerio de Defensa sistematizando, digitalizando, para poder poner a disposición de la ciudadanía este archivo que es tan valioso, de un periodo de quiebre democrático en nuestro país”.

De los más de 230 mil documentos del Archivo Institucional del Ministerio de Defensa, contenidos en 772 tomos, hasta ahora se han revisado 494 volúmenes como parte del Proyecto Mnemósine, iniciativa desarrollada en 2023 con ocasión de los 50 años del Golpe Militar.

El proyecto culminó en un informe con una selección de 66 documentos, entregado al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos en septiembre de 2024, como una forma de contribuir al Plan Nacional de Búsqueda.

“Este es un trabajo que no solo aporta a la memoria histórica de nuestro país sino que es un trabajo fundamental en el Plan Nacional de Búsqueda, que tiene que ser una política de Estado y volvemos a reiterar el llamado a que todas las fuerzas políticas, si efectivamente tienen un compromiso genuino con la democracia y el respeto a los derechos humanos, aseguren la continuidad del plan, más allá de quien salga electo en el próximo gobierno”, señaló el ministro Gajardo.

Tras la declaración como Monumento Histórico, los documentos del Ministerio de Defensa emitidos entre 1973 y 1990 estarán protegidos por el Consejo de Monumentos Nacionales y todo trabajo de conservación, reparación o restauración, será supervisada por dicha institución.

Actualmente se trabaja en la digitalización de los documentos para facilitar su consulta por parte del público. Por el momento, los interesados en revisarlos pueden agendar visitas al correo archivoinstitucional@defensa.cl.

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El archivo secreto de Virgil Abloh

El archivo secreto de Virgil Abloh
https://www.revistagq.com/
Samuel Hine


En los años transcurridos desde la muerte del que fuera director creativo de Off-White y Louis Vuitton, un equipo de archivistas ha catalogado incansablemente una de las colecciones privadas de moda más notables conocidas. 
Aquí te la enseñamos en primicia.

A principios de este año, este año, me abrieron la puerta de un almacén anodino situado en algún lugar de Chicago. En el interior, tras atravesar varias puertas de seguridad y una verja cerrada, accedí a un almacén privado, un laberinto de estanterías que se extendían del suelo al techo, cargadas de millares de idénticas cajas grises.

Me venía a la mente la escena final de En busca del arca perdida. Pocas personas —aparte del reducido personal con guantes blancos que había organizado con esmero el contenido—, saben que se trata de uno de los depósitos más significativos y valiosos de la historia de la moda moderna: la colección de zapatillas de Virgil Abloh.

Así es como conocí el Virgil Abloh Archive (VAA) o, al menos, la mitad de lo que atesora. El archivo —fruto de tres años de búsqueda y clasificación del ingente material del difunto diseñador—, se custodia en estas instalaciones de Chicago y en otro almacén secreto en Milwaukee. En conjunto, albergan unas 20.000 prendas, zapatos, bolsos, documentos, obras de arte y recuerdos personales que pertenecieron a la fuerza creativa más prolífica de su época.

Abloh quería dejar un legado. Mucho antes de convertirse en famoso protagonista de retrospectivas museísticas, ya había desarrollado un instinto agudo para saber qué conservar. Cuando estudiaba arquitectura, ya guardaba sus cuadernos y carpetas en una caja de cartón, el primero de los muchos depósitos que vendrían después. “Paralelamente a su práctica como creador, Virgil tendía a trabajar y pensar de forma archivística”, afirma su colaborador Mahfuz Sultan, codirector del archivo.


En 2022, un año después de la muerte de Abloh a causa de un extraño tipo de cáncer, su mujer, Shannon, contrató a un equipo de archivistas profesionales para que rastrearan las pertenencias de Abloh por todo el mundo. “El Archivo Virgil Abloh es mi forma de compartir a Virgil con el mundo, no solo su obra, sino también su espíritu, su proceso [de trabajo] y su humanidad”, explica Shannon Abloh. “Quiero que sean partícipes de la infinita curiosidad de Virgil, que entiendan cómo pensaba y cómo creaba”. Recopilar todo el archivo supuso un trabajo inmenso. Solo el material que VAS recuperó de las oficinas del diseñador en París llenó siete contenedores.

Tras tres días inspeccionando el archivo, ya pude intuir cómo brotaban las ideas del cerebro de Abloh. Lo vi especialmente en una maqueta conceptual de zapatillas Nike x Prada y en una colección para Louis Vuitton que garabateó en hojas sueltas mucho antes de conseguir el puesto (resulta que el rey del WhatsApp era un dibujante compulsivo).

6.000 pares de zapatillas de ABLOTH guardadas ordenadas en cajas grises de archivo

Otros objetos personales más mundanos —billetes de avión en clase turista, pases de acceso total o iPhones estropeados que iba acumulando a medida que ascendía a la cima de la moda— me resultaron aún más conmovedores, pero también muy reveladores. Había también objetos que dolía ver por su potencial perdido, como un par de robustas tijeras de plata que tenía previsto fabricar en colaboración con el artista Sterling Ruby.

Sultan especula con la posibilidad de que Abloh estuviera preparándose para exponer su archivo de alguna forma antes de morir. “Estaba diseñando todo tipo de armarios y vitrinas con la vista puesta en la exposición museológica”, afirma. Abloh solía bromear diciendo: “Todo lo que hago es para la versión de 17 años de mí mismo”. Y ése es el espíritu con el que VAS pretende abrir el archivo al público. Shannon afirma: “Mi esperanza es que, a través de sus ideas y su vasta colección, las futuras generaciones puedan construir sobre la obra de Virgil y dejar su propia huella”. Este mes de septiembre se inaugura en el Grand Palais de París la primera exposición pública de la VAA, Virgil Abloh: The Codes, comisariada por Mahfuz y Chloe Sultan.

¿Qué pretendía realmente Abloh? Como señaló el diseñador en una ocasión, Marcel Duchamp (a quien llamaba descaradamente su “abogado”) solo necesitó 13 objetos encontrados para cambiar la historia del arte. Y en efecto, con un puñado de franelas serigrafiadas y otras tantas zapatillas, Abloh canalizó una nueva energía moderna y remodeló la moda. Pero desde mi punto de vista, el propio archivo parecía su obra más importante, como si siempre hubiera sabido que su contribución más significativa sería abrir las puertas de su singular universo creativo para que lo descubriera una nueva generación. Y no creo que estuviera ni siquiera cerca de terminar. Al final del tercer día, mientras rebuscaba entre los recuerdos de su oficina de París, mis ojos se posaron en una pila de cuadernos blancos y azules. Hojeé las páginas vacías, preguntándome con qué las habría llenado, cuántos almacenes más habría necesitado si su vida no hubiera sido tan corta.


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Archivo General de la Municipalidad de La Plata (AGMLP): Desde un sótano de la Municipalidad a un edificio adaptado

El fascinante archivo que nació en La Plata y tiene los secretos más preciados de la historia de la ciudad

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Matías Moscoso



Cuando Juan Luis Besoky me contó que estaba estudiando un registro de vendedores ambulantes de La Plata de mediados del siglo XX, abrí los ojos con fascinación.

Juan es archivista y profesor de Historia de la UNLP y trabaja desde no hace tanto en el flamante Archivo General de la Municipalidad de La Plata (AGMLP). Esa tarde de invierno, ese espacio se estaba presentando en el Salón Dorado del Palacio de calle 12, en un acto encabezado por el secretario de Gobierno, Guillermo Nano Cara; el asesor en innovación tecnológica e ideólogo de este proyecto, Pablo Fontdevila; y la ex presidenta de la Asociación Latinoamericana de Archivos, la chilena Emma de Ramón.

Con un video que mostraba cómo la actual gestión del intendente Julio Alak había encontrado miles de documentos en un sótano de la Municipalidad entre los ácaros, la humedad, las ratas y los murciélagos, se daba a conocer este nuevo organismo con rango de dirección general que ya empieza a despertar la curiosidad de investigadores, historiadores, archivistas y otros profesionales de la ciudad y la región. El objetivo a largo plazo es convocarlos a todos, según cuentan sus autoridades.

Desde la tarde de ese jueves 14 de agosto quise organizar una visita para recorrerlo. Así se lo planteé en ese mismo momento a Viviana Melamud, cuando me la presentaron.

—Encantados, cuando quieras los recibimos— respondió la directora general del Archivo.

Viviana Melamud es la directora del Archivo General de la Municipalidad de La Plata


Desde un sótano de la Municipalidad a un edificio adaptado

El Archivo se instaló en un edificio de 532 entre 19 y 20, a pocas cuadras del Estadio Único. Ahí funcionó hasta hace un par de años una dependencia del Ministerio de Justicia de la Nación que ofrecía distintos trámites a la ciudadanía. Ahora es un espacio readaptado para el trabajo diario de un equipo interdisciplinario que se encarga de procesar, conservar, ordenar y digitalizar la documentación de la gestión política, administrativa e histórica de La Plata.

En las paredes de la planta baja hay imágenes de Dardo Rocha, fotos del Palacio Municipal y varios cuadros con decretos, ordenanzas, resoluciones y hasta cartas escritas a mano de las primeras décadas del siglo XX en la Municipalidad. Por ejemplo, una nota del 23 de julio de 1917 firmada por Gregorio García —presidente de la Comisión Popular del Monumento a Italia— que describe los arreglos del monumento del centro de la plaza de 7 y 44; y el llamado a licitación para la instalación del servicio de luz eléctrica en el Palacio Municipal, con fecha del 26 de mayo de 1908.

Al fondo funciona el área de digitalización, lugar en el que 0221.com.ar comenzó una recorrida apasionante por todos los rincones y pasillos, hasta el primer piso: los depósitos, el área de catastro, los legajos de baja históricos de personal, el área de cuarentena, los ficheros, el área de conservación y de evaluación documental, entre otros.

En las paredes de la planta baja del Archivo se aprecian algunos documentos de la época fundacional de La Plata


—Ellos abrieron la caja de Pandora, ellos son los iniciáticos, los creadores del archivo histórico municipal, con ellos organizamos conceptualmente este archivo —dice Viviana al momento de saludar en sus puestos a Besoky y al Profesor de Historia, Diego Raimundi. A pocos metros y prolijamente ordenados están los biblioratos que guardan los registros de vendedores ambulantes que dependían de la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de Eva Perón —cuando La Plata se llamó así entre 1952 y 1955—.

Esa es tan solo una de las tantas perlas que dentro de poco se podrán consultar online. Juan Carlos vendía baratijas; José, soda; Carlos, golosinas; Emilio comercializaba frutas y verduras; y Armando, Jacinto y Miguel ofrecían billetes de lotería. Viviana cuenta que en páginas anteriores, todas escritas a mano, incluso hay registros de vendedores de leche al pie de la vaca.

El expediente más antiguo data de 1884, pero con una salvedad: varios en la carátula tienen esa fecha, aunque en su interior aparecen rastreos previos que son anteriores a la fundación de la ciudad. Hay, por ejemplo, boletos de compraventa de tierras en esta región de los años 1830 y 1835.

Cuando comenzó la mudanza a este edificio, que demoró alrededor de siete meses, los cooperativistas que ayudaron a mover todos estos documentos desde plaza Moreno preguntaron qué había en las cajas. Los archivistas les explicaron con detalle y el entusiasmo fue inmediato: querían buscar nombres de antepasados y momentos puntuales de la historia de la ciudad.

—Eso fue tremendo. Ahí te das cuenta el impacto que genera todo esto— dice Viviana.
Bienvenidos los investigadores

En una oficina del primer piso espera Pablo Fontdevila. Licenciado en Física por la Universidad Nacional de Tucumán, en la actualidad se desempeña como asesor en innovación tecnológica de la Municipalidad de La Plata, luego de una extensa trayectoria en la gestión pública y desarrollos en tecnología. Entre otros cargos, fue director del Archivo General de la Nación entre 2021 y 2023 y tiene una vasta experiencia en procesos de modernización en distintas áreas del Estado. Es una de las piezas clave en la construcción del Archivo General de la Municipalidad.

"Lo que más nos ha sorprendido es ver documentos de la fundación de La Plata asociados a la idea de una ciudad industrial y portuaria", responde a la pregunta de qué fue lo que más lo impactó al revisar este material. "Hay muchos rastros de eso en los primeros tiempos, tanto en la construcción monumental de la ciudad como en los procesos de habilitación de actividades industriales y comerciales. Me sorprendió la obsesión de los fundadores de construir líneas férreas, de trabajar una infraestructura de transporte que fuera sustento de ese objetivo industrial y portuario que se le quería dar a la ciudad... y la historia al final siguió por otros caminos", reflexiona.

Fontdevila explica con claridad y calma en qué consiste esta tarea titánica y caótica que se está ordenando de a poco gracias al trabajo de hormiga realizado, por un lado, por empleados de la Municipalidad vinculados a la documentación que se guardaba en el Palacio, y por otro, por un equipo reforzado por pasantes de las carreras de Historia y Bibliotecología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), y estudiantes avanzados y egresados del Instituto Superior de Formación Técnica N°8. Paralelamente se gestionan otros acuerdos de asistencia técnica con el AGN, el Archivo Histórico bonaerense "Ricardo Levene" y la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), entre otras instituciones.

"Estamos pensando en cómo podemos ayudar a los investigadores y además cómo nos ayudan ellos a nosotros. Porque del producto de lo que ellos hagan, nosotros también vamos a enriquecer nuestro conocimiento; casi te diría que la idea es una sociedad entre los que hacen investigación y los que hacemos preservación y conservación de documentos, para darles acceso a ellos de la manera más cómoda posible", explica.

"Estamos trabajando en una articulación con distintas áreas de la Municipalidad, el museo Dardo Rocha, el archivo del Coliseo Podestá, áreas de Salud y más, para trabajar con todos esos fondos documentales en una especie de rectoría por parte del Archivo en materia de orientación de los procesos de clasificación, de descripción y de asistencia técnica, siguiendo lineamientos internacionales", cuenta.

"Un proyecto que por su envergadura representa un desafío enorme es el de digitalizar y exhibir el archivo de obras particulares, con alrededor de 300.000 expedientes y un poco más de 900.000 planos de todas las viviendas que se han construido a lo largo de la historia en La Plata", adelanta.
El digesto y la consulta abierta

A comienzos de 2024, cuando iniciaba su quinta gestión al frente de la ciudad, Julio Alak planteó en una reunión su idea de crear un digesto normativo jurídico de la capital bonaerense. Algo similar había hecho en Nación cuando fue ministro de Justicia durante el Gobierno de Cristina Kirchner.

"Un digesto es una clasificación del conjunto de leyes que dispone un país. Poniendo especial énfasis en el hecho de que las leyes no son eternas, son modificadas parcialmente o derogadas por otras leyes, la idea es normalizar no solamente hacia atrás la historia de la ley, sino también hacia delante, de modo que la clasificación sea un proceso continuo y sistemático", define Fontdevila. Esa fue la semilla que inició este proyecto.

"Ahí emprendimos el camino para hacer la clasificación y descripción archivística de esos documentos, dándole prioridad a aquellos que tenían que ver con ordenanzas del Concejo Deliberante", recuerda. "De esa necesidad de armar un digesto, surgió la necesidad de salir de ese sótano, de ir a un espacio que permitiera no solamente una guarda y una conservación apropiada, sino también un espacio cómodo para trabajar en la elaboración de ese digesto".

"En paralelo, también avanzamos con las tareas de clasificación de otros fondos documentales. Se hizo hincapié en la colección que nosotros llamamos 'archivo histórico', que es toda la documentación que tiene que ver no solo con la fundación de la ciudad, sino con los procesos de consolidación administrativa y funcional de la Municipalidad", agrega. De esta manera buscan atraer a los investigadores. Es un trabajo que llevará años, repiten.

Mientras tanto, a través del sistema AtoM (Access to Memory) ya se pueden consultar online de manera libre alrededor de 30.000 unidades documentales, principalmente compuestas por ordenanzas y decretos. De esta manera, en tiempos de Inteligencia Artificial y bombardeo informativo sin filtros, se abre una nueva puerta no solo para navegar por el pasado de la ciudad con documentación oficial, sino también para redescubrirla y repensarla, todo el tiempo.




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