Robert M. Edsel RESCATA LABOR DE LOS Monuments Men RASTREADORES DE OBJETOS ROBADOS EN LA GUERRA

>>  lunes, 23 de abril de 2012

Salven a la 'Madonna' de Hitler
http://cultura.elpais.com/ 21/04/2012
Un filántropo americano rescata del olvido la labor de los Monuments Men
El grupo devolvió cinco millones de obras robadas durante la Segunda Guerra Mundial
La guerra del arte robado no tiene fin

Soldados aliados con una obra de Rembrandt, escondida en una mina. / ARCHIVOS Y REGISTROS DE EE UU

Gertrude Stein conducía su Ford por París con una condición: solo iba hacia delante. La singular escritora creía que el siglo XX y el volante tenían sentido mientras avanzasen hacia el futuro. Ya saben, esa vieja idea del progreso. La historia, más flexible que Stein, desanda a menudo (no hay más que asomarse al precipicio de los Consejos de Ministros). Uno de esos retrocesos ocurrió en 2003, cuando el Museo Nacional de Irak fue saqueado en Bagdad tras la invasión de Estados Unidos.

Un estadounidense llamado Robert M. Edsel se indignó con aquel expolio que demostraba que nada se había aprendido del apreciable empeño de la Segunda Guerra Mundial para salvar el patrimonio cultural. Tanto el Ford de Gertrude Stein como el progreso tenían marcha atrás.

Edsel no era uno más entre los millones de indignados por la desaparición de piezas milenarias. Era rico, era sensible y conocía una singular historia: la de los Monuments Men, los soldados aliados que recorrieron Europa para tratar de salvar el arte del saqueo y la destrucción. “Me decepcionó cómo mi país afrontó el periodo de pillaje en el museo de Bagdad. Como nación, fallamos al no crear un plan apropiado para proteger la rica cultura de Irak, dejó en mucha gente la sensación de que a EE UU no le importa el patrimonio. Y me enfadé aún más porque conocía el legado de los Monuments Men”, cuenta en una entrevista por correo electrónico. Exitoso empresario del petróleo, Edsel había cambiado de vida en 1996, cuando se instaló con su familia en Florencia. “Allí me pregunté cómo habrían sobrevivido las obras de arte a la devastación de la guerra y quiénes las habrían salvado”.

Tardó años en descubrirlo. Excavó archivos a ambos lados del Atlántico y acabó conociendo a 17 oficiales que habían pertenecido a esta singular unidad, que integró a 350 personas que “ni empuñaba ametralladoras ni pilotaba tanques”. Ellos eran el contrapeso de las brigadas alemanas especializadas en el saqueo, como el grupo con el que Alfred Rosenberg vació París. Él mismo rindió cuentas por escrito a Hitler: “Mi equipo de Tareas Especiales inició su labor confiscadora en octubre de 1940 en cumplimiento de sus órdenes, mi Führer. Con la ayuda del Servicio de Seguridad y la Policía Secreta del Ejército han podido identificarse de forma sistemática todos los escondites y lugares de almacenamiento con posesiones artísticas pertenecientes a emigrantes judíos fugitivos”. Un tren especial, con 25 coches, transportó hacia Alemania más de 4.000 objetos de las colecciones Rothschild, Selgimann y Wildenstein, entre otras.

Aunque la misión inicial de los Monuments Men en 1943 era la de mitigar daños provocados durante los combates, conforme avanzó la guerra empezaron a rastrear las obras expoliadas, escondidas a menudo en minas. Su trabajo se prolongó hasta 1951. Edsel asegura que devolvieron más de cinco millones de objetos robados, que incluían libros, dibujos, tallas, piezas religiosas, esculturas y pinturas como El astrónomo, de Vermeer, por el que suspiraba Hitler; La ronda nocturna, de Rembrandt, localizado en una caverna excavada en el siglo XVII por los tercios holandeses durante otra guerra; la sutil Dama del armiño, de Da Vinci, robada por el alemán que ejerció de gobernador general de Polonia, Hans Frank; o la Madonna de Miguel Ángel, robada de la catedral de Brujas por los alemanes, que la sacaron envuelta en colchones en un camión de la Cruz Roja de madrugada pocos días antes de la entrada de los aliados.

Al ver lo ocurrido en Bagdad, Edsel pensó que difundir la historia de los Monuments Men —mujeres y hombres de 13 nacionalidades distintas— reforzaría el respeto hacia el patrimonio cultural. Hizo dos cosas: creó en 2007 la Fundación Monuments Man para preservar el arte y publicó el libro fotográfico Rescuing Da Vinci. Ahora ha puesto texto a la odisea en el libro The Monuments Men (Destino), cuya historia ha fascinado a George Clooney, que dirigirá una película sobre la labor de los salvadores de monumentos.

Uno de ellos fue Harry Ettlinger, alistado a los 18 años en el ejército estadounidense. Su familia pertenecía a una adinerada saga judía establecida en la ciudad alemana de Karlsruhe desde 1725. Harry nació en 1926 y se topó de bruces con el antisemitismo con siete años, cuando le prohibieron entrar en una asociación deportiva local. El 24 de septiembre de 1938 celebró su ceremonia del Bar Mitzvá en la sinagoga de Kronenstrasse. Al día siguiente la familia huyó en tren a Suiza, antes de recomenzar su vida en Nueva York.

Un mes después, en la noche de los cristales rotos, fue quemada la sinagoga y todos los judíos, incluido el abuelo de Harry, fueron internados en el campo de Dachau. Harry es uno de los oficiales que sujeta el Autorretrato de Rembrandt, escondido en una mina de Heilbronn junto a miles de piezas. Era la primera vez que admiraba la obra, pero estaba harto de oír hablar de ella: pertenecía al museo de Karlsruhe, ubicado a pocas calles de su casa, al que nunca había podido entrar.


La lección española
Hitler, en un almacén de obras en Berlín. / ARCHIVOS Y REGISTROS DE EE UU
La Guerra Civil española anticipó muchas cosas. Una de ellas fueron los bombardeos aéreos masivos sobre las ciudades y los civiles. La Legión Cóndor hizo un intensivo ejercicio práctico desde el cielo español antes de cebarse sobre Londres y otras ciudades en la Segunda Guerra Mundial. Edsel cree que el conflicto español “abrió los ojos” al mundo del arte, temeroso de que el legado artístico de Europa, edificado durante siglos, se extinguiese en el tiempo que una bomba tarda en caer. Los ataques en El Escorial y el Museo del Prado, en 1936, llevaron al Gobierno republicano a organizar una modélica, laboriosa y complicada evacuación de 20.000 obras, que pasaron por diferentes sedes antes de ser depositadas en la Sociedad de Naciones en Ginebra.

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BUSCAN EN ARCHIVOS HISTORICOS VICTIMAS DE LA REPRESION FRANQUISTA

Rastreando en la memoria
http://www.diariodeavisos.com/ 21/04/2012


Buscar en el presente huellas del pasado. Bajo esa premisa trabajan desde hace un mes en archivos de la Península un grupo de historiadores y antropólogos canarios, que pretenden elaborar un censo de víctimas de la represión franquista. El proyecto, auspiciado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tenerife, es una continuación del que se realizó el año pasado sobre las Cañadas del Teide, que no arrojó resultados positivos. En esta ocasión, como explica Victorio Heredero, uno de los responsables del estudio, primero se está llevando a cabo un trabajo de “investigación documental”, que consiste en buscar datos sobre víctimas mortales y desaparecidos en los primeros meses del golpe militar. Paralelamente, otro equipo, formado por Guacimara Ramos y Luana Studer, están realizando una serie entrevistas personales por toda la Isla, que, igualmente, puedan arrojar datos sobre la represión.

El principal objetivo de ambas líneas de trabajo es la elaboración de un censo de víctimas, punto de partida de una futura búsqueda de fosas y enterramientos. “En Canarias, lo más común era arrojar los cuerpos al mar, de ahí la dificultad de encontrar restos en tierra”, subraya el historiador tinerfeño, que junto a Aarón León ha visitando varios archivos militares en la Península.

En concreto, tras revisar el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca y el Archivo Militar General de Ávila, esta semana visitaron el Registro Militar de Guadalajara y el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, donde finalizaron esta fase de documentación. “Buscamos información sobre represaliados republicanos, socialistas y anarquistas canarios, que no están en los archivos de Tenerife”, denota Victorio Heredero, quien asegura que “hemos encontrando datos sobre los juicios, las cárceles y otros indicios sobre las desapariciones”. La empresa, no obstante, es compleja, ya que en la mayor parte de los casos los historiadores deben rastrear en medio de un vacío legal y documental que apenas arroja luz sobre las presuntas atrocidades que el régimen franquista llevó a cabo el Archipiélago. El proyecto, que finaliza el 31 de julio, cuenta con un presupuesto de unos 30.000 euros, procedentes de una subvención del Ministerio de la Presidencia del Gobierno socialista. Su continuidad, sin embargo, está en el aire, ya que el Ejecutivo popular de Mariano Rajoy ha cerrado la oficina de las víctimas de la Guerra Civil y eliminado todas las subvenciones, que sólo se retomarán para exhumar cuerpos.

“Trabajamos sobre un censo provisional de 134 víctimas, que se puede ampliar a más 400 personas, que según algunos documentos fueron asesinadas por el franquismo en la isla de Tenerife”, recalca Victorio Heredero, quien deja claro que “muchas historias se conservan en la memoria de las familias, aunque públicamente no se habla de ello”. “El problema estriba en que en islas como La Palma o Gran Canaria llevan 20 años investigando este asunto, incluso antes de la Ley de Memoria Histórica. Hay una labor que viene de atrás, de las asociaciones y la Universidad, y se han puesto en marcha una decena de proyectos. A pesar de eso, se han localizado pocos cuerpos”, arguye.

En Tenerife, en cambio, este segundo proyecto aún está en ciernes, aunque pretende construir unas bases sólidas para el futuro. “Estamos convencidos de que aparecerá una fosa en tierra, porque no todos los represaliados fueron arrojados al mar, pero no es fácil pasar de la documentación a la arqueología”, promete.

Después de tres semanas de intenso trabajo, los dos historiadores tinerfeños han encontrado llamativos documentos sobre el Tribunal de Responsabilidades Políticas y sobre la masonería en el Archipiélago canario, “que demuestran el gran arraigo que tenían las organizaciones de izquierdas en Tenerife”.




Represión en la retaguardia

Aun siendo retaguardia, Canarias padeció las consecuencias de la guerra de manera muy directa. No hubo grandes combates, pero sí una represión similar a la del resto del país. Además, se reclutaron 60.000 personas en las Islas, que incluso entraron dentro de los planes republicanos y antifascitas para reconquistar España. “Pasaron cosas importantes para nuestra historia reciente, la mayor parte de las cuales están aún por contar”, denota el historiador Victorio Heredero, quien deja claro que “las fosas y los restos son la punta del iceberg de algo mucho más importante, como son los asesinatos de personas por motivos ideológicos”. Así lo recogen los textos hallados, que también mencionan los nombres de los evadidos, personas que escaparon de la barbarie y actuaron como testigos y relatores de la represión existente en aquellos días.

Para seguir los progresos de la investigación han abierto el blog ‘Historia y memoria: Los desaparecidos en Tenerife durante la Guerra Civil’. De igual forma, para enviar información sobre represaliados, ubicaciones de fosas, etc., se puede enviar un correo electrónico a desaparecidostenerife@gmail.com o llamar al teléfono 634572103.

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COLOMBIA NUEVA LEY: NO HABRA LIBERTAD DE ACCESO A LOS ARCHIVOS PUBLICOS

Peligro a la vista: la Gran Hermana
http://www.eltiempo.com/ 21/04/2012

Dos proyectos de ley pretenden crear una superoficina para controlar la información de los archivos públicos que ha permitido destapar numerosos casos de corrupción.

Antes de convertirse en programa de televisión, el Gran Hermano era una maldición burocrática inventada por George Orwell en su novela 1984. El Gran Hermano todo lo mira y lo controla; acumula información y la maneja según su conveniencia.

Ahora, el Congreso de Colombia pretende convertir a Orwell en realidad. Circulan allí dos proyectos de ley que regulan la información pública y el acceso de los ciudadanos a ella. Los proyectos contienen algunas ventajas, como la obligación de las entidades oficiales de ofrecer "proactiva" y ordenadamente sus archivos. Pero crean una monstruosa Gran Hermana, una central de control informativo dependiente de la Procuraduría, que dirá cuándo los ciudadanos pueden acceder y cuándo no a los archivos oficiales.

La amenaza de esta Gran Hermana es tanto más lamentable cuanto la legislación colombiana en materia de acceso a documentos públicos constituye ejemplo democrático de tradición centenaria. La Ley 4a. de 1912 consagró que "todo individuo tiene derecho a que se le den copias de los documentos" del Estado. Como solo la ley tiene la potestad de fijar excepciones, se abrió un luminoso camino de transparencia. La Constitución de 1991 confirmó este principio en pocas y sabias palabras: "Todas las personas tienen el derecho a acceder a los documentos públicos, salvo los casos que establezca la ley" (art. 74).

Esta filosofía reconoce que el pueblo es el soberano de la democracia, el que elige y sostiene a sus gobernantes y legisladores. Por eso tiene derecho a averiguar qué se hace con su dinero y cómo se comportan los funcionarios. Salvo casos excluidos por la Constitución o la ley (secretos de guerra o de relaciones internacionales, sumarios, intimidad tributaria, etc.), todo lo demás debe estar bajo su vigilancia.

Es, pues, una ley al servicio del ciudadano, de la que hacemos uso frecuente los periodistas. Yo no sé cuántos millones le ha ahorrado al país la oportuna revelación de chanchullos detectados en documentos públicos. Pero sin esta norma habría sido imposible que la prensa denunciara muchos escándalos de los últimos tiempos, tanto en el sector oficial (los abusos del Congreso o los planes para entregar parques nacionales a contratistas privados) como en el privado (la crisis bancaria en tiempos de Belisario Betancur).

Pues bien: tan sana institución, envidia de muchos países, corre serio riesgo por los proyectos de ley 146/2011 del Senado y 156/2011 de la Cámara. Las manos quizás bien intencionadas pero torpes de sus proponentes borran con un golpe de tecla el amplio sistema de consulta de archivos públicos al crear esa Gran Hermana, cuyo criterio omnipotente reemplazará el de los ciudadanos y ejercerá un poder de censura casi soviético. Una de las armas que tendrá la Gran Hermana es la de decidir cuándo puede ser más peligroso publicar una información que prohibirla. Semejante opción dinamita el principio de publicidad documental y convierte a la nueva Procuraduría Delegada en profetisa insólita y caprichosa, capaz de calibrar futuros males y beneficios, sin entender que el supremo bien es la transparencia.

Entre otros esperpentos, inventa unos "sujetos obligados" a suministrar información a quien la pida, entre los que se hallan quienes "conserven o controlen información pública", aunque no sean funcionarios públicos. De este modo, los archivos de una ONG o la libreta de apuntes de un periodista se volverían documentos a los que podrán acceder la Policía, la Procuraduría o el señor alcalde. Es decir, un derecho de acceso patas arriba, que permite a las autoridades meterse en los papeles de la prensa.

Falta espacio para analizar aquí estos peligrosos proyectos, dignos de un urgente y severo debate público. Alberto Donadío, el mayor experto colombiano en leyes de acceso a archivos públicos, los considera "funestos", "esquizofrénicos" y "manifiestamente inconstitucionales".

Este país necesita más luz, no más oscuridad. La Gran Hermana se encargará de apagar bombillos.

cambalache@mail.ddnet.es

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