Los efectos en el archivo del cambio climátíco
>> martes, 8 de septiembre de 2026
Córdoba. Cuidar la memoria: cómo se preservan los archivos históricos frente a los efectos del cambio climático
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Mercedes Luna
Mercedes Luna
El cambio climático también puede afectar al archivo histórico. Pedro Castillo / La Voz
Un documento histórico puede durar cientos de años guardado, pero no necesariamente puede soportar una inundación. Si se moja, el tiempo corre.
Según explica Julio Melián, presidente del Centro Regional de Preservación y Conservación del Patrimonio Cultural en Obras sobre Papel de Córdoba, hay alrededor de 48 horas para actuar antes de que proliferen los hongos y dañen el material.
El aumento de las temperaturas, los cambios bruscos de humedad, las inundaciones y otros fenómenos meteorológicos están obligando a archivos, bibliotecas y museos a revisar cómo protegen sus colecciones. De eso se trató la Novena Jornada del Patrimonio en Peligro, el evento que se realizó el pasado viernes en la Legislatura Histórica de Córdoba.
Los efectos en el archivo
Aunque la inundación es un ejemplo extremo, los efectos del cambio climático ya se están viendo reflejados en Córdoba en fenómenos como los cambios repentinos de temperaturas, lluvias muy intensas en cortos periodos, temporales e incendios forestales. Esto puede afectar progresivamente los materiales que se conservan.
En el caso de los documentos, el papel, el pergamino y otros soportes orgánicos son especialmente sensibles a las condiciones ambientales.
Para su conservación, la humedad relativa debería mantenerse, según explica Melián, entre el 45% y el 55%. Cuando los niveles suben y se mantienen entre el 60% y el 80%, aumenta la proliferación de hongos, que pueden deteriorar el material e incluso afectar las tintas.
A esto se suman las temperaturas extremas y, especialmente, los cambios bruscos entre calor, frío y humedad. En ese sentido, Melián habla del “estrés” de los documentos.
En Córdoba, explica, estos cambios ya pueden observarse en jornadas en las que las temperaturas son muy elevadas y, poco después, llegan lluvias y descensos marcados de temperatura. Para materiales que necesitan condiciones estables durante largos períodos, esas oscilaciones representan un riesgo.
El bibliotecólogo Melián entiende que la conservación del patrimonio arranca mucho antes de que ocurra una emergencia. La infraestructura del edificio, el control de temperatura y humedad, la capacitación del personal y la existencia de protocolos forman parte de una misma estrategia: reducir las posibilidades de que un fenómeno climático termine dañando documentos que, en muchos casos, llevan siglos sobreviviendo.
Un archivo preparado
Hace 12 años que los archivos de Córdoba se mudaron a la sede en la Avenida Leopoldo Lugones. Hoy cuentan con más de 45 mil documentos y se dedican a conservar manuscritos, gráficos, cartográficos, fotográficos y audiovisuales, entre otros.
Según explica Gabriela Parra, la directora del Archivo, el edificio se construyó exclusivamente para conservar este tipo de material.
Por un lado, la prevención viene desde el diseño del edificio. Los documentos no se encuentran en la planta baja y las áreas de guardado están aisladas de instalaciones que podrían representar un riesgo. Por ejemplo, los sistemas contra incendios utilizan matafuegos de polvo y no de agua, mientras que las instalaciones eléctricas y los espacios con agua fueron dispuestos de manera que una eventual falla tenga menos posibilidades de afectar directamente a las colecciones.
“Estamos siempre tratando de que los efectos climáticos tengan el menor impacto posible en los documentos. No siempre podemos adelantarnos, pero estamos atentos para corregir”, explica Parra.
También, en cada área, hay dispositivos que registran diariamente la temperatura y la humedad. Estos datos son revisados periódicamente y permiten detectar variaciones y elaborar estrategias de conservación. En ese sentido, el personal del área también recibe capacitación de manera continua para actualizar los protocolos.
Como explica Melián, la situación del Archivo de la Provincia no es la de todos los archivos de Córdoba: “En muchos establecimientos faltan recursos económicos, para obtener esas máquinas, y humanos, para entender cómo operarlas”.
Todas estas medidas (y otras más) apuntan a preservar un patrimonio que es difícil de dimensionar. Son aproximadamente cinco kilómetros lineales de archivo que documentan desde el período de fundación de Córdoba hasta etapas posteriores de su historia. El archivo más antiguo data de 1574.
¿Qué pasa cuando ocurre una catástrofe?
En marzo de 2025, un temporal provocó una inundación en Bahía Blanca, al sur de la provincia de Buenos Aires. Además de los daños materiales y humanos, hubo una pérdida invaluable: más de 50 mil libros de archivo debieron ser desechados; un 60% del material que se encontraba en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional del Sur (UNS).
A la par, hubo cortes de luz que dificultaron las tareas de achique de agua, porque las bombas no funcionaban. El agua había ingresado al edificio desde las cloacas y había penetrado en el material histórico.
Desde la universidad, las tareas para recuperar el material comenzaron inmediatamente: secado de las hojas y colocación de los libros a los freezers para que no se reproduzcan los hongos ni las bacterias que pueden dañarlo.
Desde el equipo se comunicaron inmediatamente con Melián, en Córdoba, para recibir soporte tanto profesional como emocional: “Es muy valioso poder tener una red de colaboración. No sólo es un sustento para saber que estás haciendo las cosas correctamente, sino que también es un acompañamiento”, dice Víctor Ferracutti, director de la Biblioteca Central de la Universidad del Sur .
Lo digital no reemplaza el original
Aunque, con el fin de democratizar el acceso a los archivos, muchos de ellos ya se encuentran digitalizados, los especialistas advierten que hay una diferencia simbólica en la materialidad de los documentos en su soporte original.
“La autenticidad y el valor patrimonial se conservan en su soporte original. No es lo mismo hacer una copia digital, además de que ese proceso tampoco garantiza la preservación completamente segura”, sostiene Parra.
“Si se pierde un archivo histórico, se pierde la memoria”, agrega Melián.
Los especialistas lo confirman: el cambio climático ya se percibe en Córdoba. Una inundación o un cambio brusco de humedad pueden poner en riesgo documentos que sobrevivieron durante siglos.
La importancia radica, entonces, no sólo en entender cómo se puede recuperar un material de archivo, sino estar correctamente preparados para enfrentar la crisis climática.
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